En el mundo del vino, algunos apuestan por la modernidad a ultranza; otros, por mantener las tradiciones. La respuesta está a medio camino, como evidencia Intriga, de MontGras.

  • 10 julio, 2008

 

En el mundo del vino, algunos apuestan por la modernidad a ultranza; otros, por mantener las tradiciones. La respuesta está a medio camino, como evidencia Intriga, de MontGras. Por Marcelo Soto.

Lo viejo no siempre es sinónimo de bueno y esa sentencia en el mundo del vino a veces se olvida. Hoy, por ejemplo, está de moda buscar parras viejas, de cincuenta o más años de edad, como si fuesen la panacea, porque la tradición indica que mientras más antigua la planta, mejores vinos producirá, pues la fruta tendrá mayor equilibrio y concentración. Pero eso no siempre es así.

“El dilema entre viñedos viejos o nuevos es relativo”, explica el italiano Alberto Antonini, uno de los enólogos más solicitados del momento, quien viaja por el mundo asesorando viñas en los rincones más diversos del planeta. En Chile ha trabajado con Luis Felipe Edwards, en un proyecto bastante ambicioso de plantar viñedos en un escarpado cerro de Colchagua y ahora está detrás del vino ícono de MontGras, Intriga, nacido en tierras del Alto Maipo.

“Está claro que son mejores los viñedos viejos, pero sólo cuando están bien plantados. Si fueron cultivadas cuidadosamente, en lugares adecuados, las parras antiguas hacen una diferencia enorme, como sucede en Argentina, donde los malbec viejos son muy buenos. Pero en Chile las parras de mayor edad no siempre funcionan. Muchos viñedos de 50 años hay que arreglarlos porque no fueron plantados para hacer vinos de alta gama, y el esfuerzo por modificar eso es muy grande. A veces no vale la pena”, dice con franqueza Antonini.

El italiano sabe de qué habla, pues se formó en la Toscana. “Allí los grandes vinos se elaboran a partir de viñedos nuevos, porque los antiguos, que fueron plantados en la década del 50, son de baja intensidad, con clones para producir mucho volumen pero de escaso nivel. Actualmente se pueden encontrar viñedos antiguos en buen estado en California, en algunos lugares de Australia y en Priorato, en España, pero es Mendoza la región con la mayor cantidad de viñedos viejos de alta calidad en el mundo”, cuenta el enólogo, que tiene larga experiencia al otro lado de los Andes.

Durante la conversación es inevitable que aparezca el tema de las modas en el vino, de la estandarización que amenaza la industria, cuando todos, ya sea en Chile o en Italia, en Argentina o en Australia, quieren replicar un estilo promedio que pide el mercado, vinos maduros y con mucha madera, con la asesoría de expertos como Michel Rolland. O el mismo Antonini.

“La idea es no volver a los vinos verdes de los 80, ni a la sobre madurez y la fruta negra de los 90, sino buscar un equilibrio. Pero no se hace de la noche a la mañana”, comenta el enólogo, quien admite estar cansado “de hacer 500 cosas en una bodega, como me piden muchas viñas. Por eso me gusta trabajar en Intriga, haciendo un solo vino”.

Intriga, de hecho, es un vino que hace honor a su nombre. Surgido de una viña fundada en 1865, conocida como Linderos, en una de las zonas más tradicionales del Maipo, el equipo de MontGras, que compró las tierras en 2005, ha hecho allí un trabajo de relojería. Con la asesoría del doctor en terroir Pedro Parra y dirigido por el enólogo Cristián Correa, el 2006 se cosechó separando los sectores por vigor, de parras que tienen entre 10 y 50 años. “Luego de muchos análisis químicos y computacionales de los suelos, pusimos cintas que delimitaban las zonas que más nos gustaban, las menos fértiles, y de esos cuarteles nació Intriga”, explica Correa.

Intriga 2006 –que costará cerca de 20 mil pesos– es un cabernet Sauvignon de mucho carácter, con un ligero mentol y una rica acidez, que ayuda a elevar la fruta en el paladar, donde se mueve de manera ágil y agradable. Nada pesado, nada pretencioso. Pura expresión de terruño, donde lo viejo y lo nuevo se amalgaman de buena forma, sin entorpecerse.

La tradición en ciertos aspectos puede ser un obstáculo y lo mismo pasa con la modernidad a ultranza, que tampoco es el remedio a todos los males. Dicho de otra forma, la obsesión por mantener las costumbres del pasado resulta tan extrema como el ímpetu por cambiarlas a como dé lugar. Intriga, en ese sentido, rescata lo mejor de ambos mundos.