Instituto de Humanidades, UDP

Desde hace años que varios hemos venido hablando de una crisis ideológica de la centroderecha. Ella tuvo especial expresión en lo que le ocurrió a su gobierno anterior: ducho en la gestión, careció del sustento político doctrinario con el cual entrar pertinentemente en la discusión pública con la izquierda.

Tras las derrotas electorales de 2012 y 2013, así como del diagnóstico sobre su crisis ideológica, la centroderecha pasó a llevar adelante, lentamente al principio y con algo más de énfasis más tarde, un trabajo que, si bien aún hoy es incipiente, le ha permitido al sector quedar en mejor pie en estas materias.

Apenas fundado Chile Vamos, se conformó en su interior no solo una dirección común, sino un Consejo Político, una de cuyas tareas fue rearticular el pensamiento del sector. De allí surgió un documento –la “Convocatoria política”–, que sentó bases ideológicas que permitían dar fundamento a una acción política que se distanciara tanto del economicismo de cierta derecha más extrema, cuanto de los visos asambleístas y revolucionarios de la nueva izquierda.

Dentro de ese contexto, un papel relevante ha sido jugado por Renovación Nacional. Desde 2014, ese partido se encontraba en un proceso de cambios, el cual incluyó la modificación de su declaración de principios y la adopción consciente, por parte de sus dirigentes, de una dinámica interna orientada a facilitar la armonía entre las diversas corrientes. En los últimos días nos hemos enterado de que el partido centroderechista fue aceptado por la Internacional Demócrata de Centro, gracias al apoyo decidido, entre otros, de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania y la canciller de ese país, Angela Merkel.

Renovación Nacional es hoy no solo el partido más grande de la centroderecha, el que cuenta con más potenciales liderazgos presidenciales (Allamand, Chahuán, Ossandón, por de pronto). Además, se trata de una agrupación territorialmente extendida, de composición social plural. En él son efectivamente acogidas todas las vertientes ideológicas de la centroderecha. Allí conviven socialcristianos y liberales laicos, liberales cristianos y nacionales. Esta diversidad interna le permite ser el lugar de encuentro y discusión más abierto del sector y hallarse a la vanguardia ideológica de la centroderecha en su conjunto.

El presidente saliente, Cristián Monckeberg, y su secretario general, Mario Desbordes, cuentan a su haber con gran parte de la responsabilidad de esos éxitos. A Desbordes, el nuevo presidente, le toca la tarea de consolidarlos. Todo eso, en medio del desafío que representa el inicio de un nuevo gobierno de la centroderecha, el cual ya no podrá, como la vez pasada, descansar en la gestión, sino que habrá de entrar de lleno en la arena política y las intensas discusiones ideológicas del presente.

La dirección de Desbordes se enfrenta a grandes exigencias. La principal es consolidar el perfil complejo y significativo que ha venido alcanzando Renovación Nacional. Para tal objetivo es fundamental que su directiva opere como árbitro que ofrezca cancha pareja a los liderazgos presidenciales y les procure proyección. Deberá además incentivar la convivencia en diálogo cordial de las diversas vertientes ideológicas del partido. Sobre todo: más que centrarse en discusiones bizantinas que puedan terminar sumiendo a RN y al sector en divisiones profundas, habrá de definir una agenda de acción y discurso conjunto en los temas políticos fundamentales, a saber, el de la integración nacional –de ricos y pobres, provincias y capital– y el del fortalecimiento de un régimen republicano de división del poder, incluida la división entre el poder político y el poder social.

Dicho de otro modo: se necesita, antes que el talento especulativo para plantear problemas, desplegar la capacidad de resolver las exigencias que emergen en el instante presente, las necesidades y urgencias por integración e institucionalización que surgen con la época actual. Entonces, si existe claridad sobre los desafíos con que aparece la vida política concreta, será posible encontrar la unidad de propósito apta para sobreponerse a las divisiones y marcar la historia.

En tal evento, RN podrá conservar riqueza interna, a la vez que una voluntad unitaria. De tal virtuosa coincidencia cabría esperar que el partido entre con pertinencia en la discusión pública y sea sustento del gobierno y su proyección, sobre la base de una política con clara vocación centrista, republicana e integradora.