Llevaba diez años en el retail, pero quería otra cosa. Así fue como luego de tener su segunda hija, María José Aguirre decidió renunciar y buscar algo que le diera mayor sentido a su vida. Se internó en el tejido, tomó un taller de telar y empezó a conectarse con ella misma a través de […]

  • 15 agosto, 2018

Llevaba diez años en el retail, pero quería otra cosa. Así fue como luego de tener su segunda hija, María José Aguirre decidió renunciar y buscar algo que le diera mayor sentido a su vida. Se internó en el tejido, tomó un taller de telar y empezó a conectarse con ella misma a través de las manualidades. “Siempre he tenido una conexión especial con el arte y la moda y empecé a investigar sobre texturas, formas y a dar los primeros pasos en joyería”. Así nació Maria La Biyux, un emprendimiento de joyería con tejido que acaba de cumplir su primer año de vida.

Pero el modelo no terminaba de cerrarle a María José. Fue así como tras su propia experiencia, decidió que podía ayudar y empoderar a otras mujeres. En mayo del año pasado se acercó a Gendarmería y a través de la ONG Espacio Mandela, que genera trabajo para personas privadas de libertad, y de la hermana Nelly León, la capellana del Centro Penitenciario Femenino (CPF), empezó a trabajar con mujeres en la cárcel. “A través del tejido o de cualquier manualidad se produce algo parecido a cuando haces yoga o meditación, entras en un trance, te trasladas a otro lugar, generas foco y te sales de ese espacio donde estás. A nivel terapéutico es súper bueno, las chicas entran en otro proceso donde ellas mismas, al terminar una pieza, no pueden creerlo y su autoestima se eleva mucho”, explica María José.

La semana pasada lanzó su marca en el Drugstore, evento al que asistieron dos de las ocho reclusas que hoy trabajan, lo que, cuenta, “fue muy potente”. Los collares de Maria La Biyux se pueden comprar en una tienda pop up en el mismo Drugstore o a través de su página web o Instagram (marialabiyux). Las reclusas reciben un pago mensual por su trabajo, con el cual tienen la posibilidad de ayudar a sus familias. “Así, ellas logran estar presentes sin estarlo, se vuelven a validar frente a sus familias y eso habla de su dignidad”, explica María José, quien agrega que su modelo busca escapar de la mirada más asistencialista. “Creo muy importante salir de la caridad y siento que acá he podido juntar la experiencia de estos diez años en el retail y lograr armar un modelo de negocio social que genera un impacto positivo y que es sostenible, con retorno”, agrega.

Hoy, Maria La Biyux fabrica 250 collares al mes y su meta es lograr los 2.000 este año. A futuro, sus planes son implementar el proyecto a nivel nacional y que las mujeres que hoy ya aprendieron el oficio puedan ser capacitadoras para que motiven al resto de sus compañeras a seguir el camino de la reinserción.