Muebles, accesorios y hasta bicicletas creadas con materiales reciclados son algunas de las propuestas que diseñadores nacionales darán a conocer en la galería Animal. Por María Jesús Carvallo O.

 

  • 26 agosto, 2011

 

Muebles, accesorios y hasta bicicletas creadas con materiales reciclados son algunas de las propuestas que diseñadores nacionales darán a conocer en la galería Animal. Por María Jesús Carvallo O.

 

Con 12 latas de aluminio usadas es posible diseñar una cafetera y con el papel de 15 diarios viejos se puede armar una silla de cartón. Ejemplos de este tipo hay muchos, porque hoy en día una gran cantidad de muebles y accesorios se fabrica con materiales de desecho, reciclados u orgánicos. Hace tiempo que se encendió una luz de alerta. Ya no sólo existen basureros para reciclar vidrio, papel y plástico, edificios inteligentes que minimizan el consumo de energía, autos híbridos y composteras para abono. Ahora esta tendencia también llegó al arte y al diseño, y surgen nuevos proyectos respetuosos del medio ambiente.

Un ejemplo es ReMade, que nació en Italia el año 2004 de la mano del arquitecto milanés Marco Capellini, buscando incentivar el reciclaje en la región de Lombardía, a través de la creación de productos generados a partir de materiales de desecho descartados por la industria. El éxito fue tal que rápidamente el modelo se aplicó en el resto del país y en Portugal y Argentina.

En 2007 llegó a Chile, con las diseñadoras Denise Montt y Josefina Heiremans. “Conocimos a Capellini en un seminario en Buenos Aires y nos invitó a repetir su proyecto en Chile. Gracias a una alianza con la DIRAC –del ministerio de Relaciones Exteriores– y la región de Lombardía, fundamos una organización sin fines de lucro aplicando el modelo italiano a nuestra realidad local”, explica Josefina. “Lombardía tiene mucha producción industrial y genera gran cantidad de desechos. Acá el desarrollo industrial es menor”, agrega Denise.

ReMade in Chile busca incentivar tanto a diseñadores como empresas, fundaciones y otras instituciones a generar productos con un mínimo impacto ambiental. En 2007 se realizó la primera convocatoria, y desde entonces se ha evidenciado un aumento en el número de participantes y una mejora en los proyectos presentados. Este año se realizó el cuarto concurso bajo el lema: “¿Cómo diseñar una vida más verde?”. El jurado eligió 38 productos de un total de 253.

Explica Denise Montt: “cada vez somos más estrictos. Pedimos a los diseñadores que revisen los procesos de producción de sus objetos –su ciclo de vida– teniendo en cuenta el impacto medioambiental y social en cada una de las etapas de creación, hasta llegar a los usuarios”.

Durante cinco días de agosto se pudieron conocer los productos ganadores en la galería Animal. Entre los seleccionados se incluían una bicicleta hecha con palos de bambú; un cubre botellas para mantener el frío, fabricado con algas marinas; una línea de zapatos creados con fibras orgánicas y raíces; mobiliarios urbanos hechos con neumáticos; herramientas para levantar cajas elaborados con cartón corrugado y una serie de joyas fabricadas con desechos.

Cubiertos desechables: entre los diseños seleccionados figura ClickEat, un set compuesto por un cuchillo, tenedor y una cuchara, hechos a partir de madera reciclada. “La idea surgió luego de la caída de las Torres Gemelas y los cambios de seguridad en los aviones. Es una opción a los cubiertos metálicos y estamos en el proceso de patentarlo. Contamos con proveedores extranjeros que han desarrollado los prototipos siguiendo estándares y certificaciones ambientales. La madera utilizada proviene de desechos de la industria forestal de Canadá, que en otros casos serían quemados o botados. Nuestro objetivo es que sea una opción atractiva para aerolíneas, hospitales, casinos institucionales, gran minería, comida rápida y empresas de turismo”, dice el diseñador José Manuel Allard.
Bolsos para notebooks: Irina Huaman se inspiró en los diseños precolombinos para crear una colección de fundas para los computadores. Para ello usó caucho reciclado, lo separó en capas y unió cada una de ellas con una máquina para coser cuero.
Maceteros orgánicos: Inplum es el nombre del proyecto de la diseñadora industrial Genoveva Cifuentes. “Busqué un residuo orgánico que en Chile abundara y descubrí que somos el segundo exportador de ciruelas deshidratadas del mundo y que sus carozos se queman o se usan para abono. A partir de los ellos, diseñé una serie de maceteros y almácigos que se pueden plantar directamente en la tierra”, explica.