Después de muchas décadas triunfando en el extranjero, el chileno Eugenio Téllez vuelve al país y el Museo de la Solidaridad Salvador Allende le da la bienvenida con una retrospectiva que reúne sus mejores aciertos. Por María Jesús Carvallo.

  • 14 mayo, 2009


Después de muchas décadas triunfando en el extranjero, el chileno Eugenio Téllez vuelve al país y el Museo de la Solidaridad Salvador Allende le da la bienvenida con una retrospectiva que reúne sus mejores aciertos. Por María Jesús Carvallo.

 

Después de muchas décadas triunfando en el extranjero, el chileno Eugenio Téllez vuelve al país y el Museo de la Solidaridad Salvador Allende le da la bienvenida con una retrospectiva que reúne sus mejores aciertos. Por María Jesús Carvallo.

En Chile sigue siendo un imperativo para cualquier creador darse una vuelta por otros puntos del planeta para nutrirse de distintas miradas y perspectivas que suelen ser enriquecedoras. Hambrientos de conocimientos, se van sin pasaje de regreso con el fin de perfeccionarse y de paso descubrir el “lado b” de lo que implica hacer arte.

Un buen ejemplo de esta sed por descubrir es Eugenio Téllez. Coetáneo de Enrique Zañartu, colega de Roberto Matta y amigo de Marcel Duchamp y Max Ernst, partió muy joven en busca de su destino y así pasó buena parte de su existencia deambulando como marino mercante por distintas ciudades del mundo en pos de nuevas inspiraciones.

Cultor de la pintura y el grabado –trabajó con el inglés William Hayter por años–, de las esculturas y también de las performances, los videos y las instalaciones, Téllez es un artista multifacético y un gran experimentador que fabrica sus obras hasta con las materias primas más inesperadas, como su propio pelo o el de su perrita muerta.

Con casi siete décadas de vida, Eugenio decidió volver a Chile, reencontrarse con sus orígenes y usar los paisajes nacionales como iluminación para futuras innovaciones. Como una manera de rendirle un homenaje, el Museo de la Solidaridad Salvador Allende le organizó una muestra con lo mejor de sus trabajos. Piezas inéditas jamás vistas que resumen parte de su carrera y que demuestran su gran talento.

Se trata de dibujos, grabados, objetos, óleos de gran formato, documentos personales y una serie de fotograbados, a los que se le suma La tanqueta, una de sus obras más reconocidas que realizó para una exposición anterior en el Museo de Bellas Artes. Sin lugar a dudas, un acierto que merece una parada obligada para comprobar en vivo los logros y la gracia de este exponente contemporáneo.