Llega en español la versión original del libro que Jack Kerouac publicó en 1957: sin cortes, tal como lo escribió en un rollo de papel mecanografiado, con los nombres reales de los personajes antes de ser corregida y censurada. ¿Sobrevive, medio siglo después, la obra que marcó a generaciones de lectores? La respuesta, pese a sus bemoles, es afirmativa.

  • 28 abril, 2009

 

Llega en español la versión original del libro que Jack Kerouac publicó en 1957: sin cortes, tal como lo escribió en un rollo de papel mecanografiado, con los nombres reales de los personajes antes de ser corregida y censurada. ¿Sobrevive, medio siglo después, la obra que marcó a generaciones de lectores? La respuesta, pese a sus bemoles, es afirmativa. Por Marcelo Soto.

Aislado del mundo, enfermo de cirrosis y resentido por la fama, Jack Kerouac murió hace 40 años, en octubre de 1969, convertido en una figura mítica, contradictoria. En una de sus últimas entrevistas, a The Paris Review, se le ve como un prematuro viejo cascarrabias, ligeramente ridículo, con raptos de lucidez y delirios alcohólicos. “No tengo nada que responder”, les dice a los entrevistadores (que se emborrachan y toman pastillas junto al escritor en su casa de Lowell, Massachusetts, mientras un gato ronronea y Kerouac toca el piano y la armónica), y luego dispara: “no voy a pasar el resto de mi vida sonriendo y estrechando manos y enviando y recibiendo perogrulladas como un candidato a funcionario público”.

Los reporteros insisten en sacarle confi dencias sobre su vida, pero el novelista aclara: “No quiero ser descortés… no veo por qué tendría que pasar cada año de los últimos diez repitiendo sin parar a todo el que me entrevista lo que ya he explicado en mis libros. Centenares de periodistas, miles de estudiantes. Eso empobrece el sentido. Y no es tan importante”.

La fama de Kerouac explotó como una estrella nova en 1957, cuando publicó En el camino, una novela sobre los viajes de un grupo de jóvenes a través de Estados Unidos a fines de los 40 haciendo auto-stop, que se convirtió en un fenómeno y transformó a su autor en una especie de maestro y santo para varias generaciones. Lo llamaron “el padre de la contracultura”, pese a que era conservador en términos políticos y siempre detestó a los hippies.

La primera versión de En el camino, Kerouac la escribió a máquina en abril de 1951 en un rollo de papel de 36 metros de largo, en apenas tres semanas, a punta de café y estimulantes, en una parrafada de más de 400 páginas, sin usar puntos aparte. Más de medio siglo después, esta obra clave ve la luz tal como la concibió el autor, sin cortes ni censura, sacada directamente del original mecanografiado.

Titulada En la carretera, esta versión por así decirlo “espontánea” de la famosa novela llega ahora en una traducción española que, entre otras cosas, contiene los nombres reales de los personajes. Así, Dean Moriarty pasa a ser Neal Cassady; Carlo Marx se llama Allen Ginsberg; Bull Lee recupera la firma de William Burroughs y por supuesto Sal Paradise, el narrador, no es otro que Jack Kerouac.

En la carretera. Jack Kerouac.
Anagrama, 435 paginas.
Barcelona, 2009.

A grandes rasgos, En la carretera narra la amistad de Cassady, un chico de la calle, ex convicto, que pasó la niñez siguiendo a su padre vagabundo y alcohólico, y Kerouac, veterano de guerra, estudiante universitario y escritor en ciernes, quien vive con su madre en Nueva York. Ambos se hacen inseparables y comparten la vida “en el camino”, viajando por Estados Unidos en todas las direcciones imaginables y llegando finalmente a México, para volver a Manhattan y partir de nuevo a la ruta.

La nueva versión contiene algunos pasajes que habían sido sacados o suavizados en la edición de 1957. Así, por ejemplo, la relación entre Cassady y Gingsberg es bastante más carnal, aspecto que se hace evidente desde el principio. Pero estos episodios no aportan demasiado. Aparte de que la prosa se aprecia descuidada, la estructura de la obra es casi la misma. Antes que en la descripción de borracheras y juergas –que en la parte de México se tiñen de cierto pintoresquismo–, lo que despunta como mayores hallazgos del relato son la recreación de la incombustible escena jazz de fines de los 40 (ver recuadro), la tierna historia de amor del protagonista con una chica hispana y, sobre todo, el retrato del artista en estado puro, afiebrado por conocer y experimentar de manera auténtica.

Algunos cambios son cosméticos, otros no tanto. Para empezar, En la carretera modifica el famoso inicio: “Conocí a Dean poco después de que mi mujer y yo nos separásemos” y en su lugar pone: “Conocí conocí a Neal no mucho después de la muerte de mi padre…” Si bien la palabra repetida al comienzo puede ser un detalle menor –un error presente en el rollo mecanografiado que el editor actual, Howard Cunnel, respetó porque evoca “el sonido de un coche que arranca varias veces en falso antes de partir para un largo viaje”–, la referencia paterna es todo menos anecdótica y dota a la obra de una renovada perspectiva. Más que un
viaje alucinado, En la carretera es la búsqueda del padre ausente, alguien en quien apoyarse, aunque sea un fantasma, cuando todo se desmorona.

Hay varias preguntas que surgen: ¿era necesario publicar esta versión que en cierta forma es un borrador de la obra definitiva? Pese a que será un festín para estudiosos y fanáticos del escritor norteamericano, la duda queda en el aire. Pero otras inquietudes, aún más importantes, aparecen tras la lectura: ¿cómo se mantiene la salud artística de una novela que al publicarse se transformó en una suerte de manifiesto juvenil? ¿cuán distinta es la recepción de esta obra, dependiendo de la edad de quien la lee?

Por supuesto, no es lo mismo leer esta obra a los 40 que a los 20, una edad parecida a la de Neal, cinco años menor que Jack. Muchos pasajes de En la carretera hoy nos parecen ingenuos y las aventuras de los protagonistas a veces se tornan irremediablemente banales, pero la obra, pese a todo, mantiene su pureza. Hay algo intocado en el corazón de esta novela que provoca un cosquilleo, y nos hace añorar, igual que ayer, la libertad y la promesa del viaje. El encanto y la urgencia de ese llamado permanecen.

Historia de un boom

El 5 de septiembre de 1957 apareció una larga y elogiosa reseña de En el camino en The New York Times, que la definió como “la obra más importante, más clara y mejor realizada de la generación que el propio Kerouac bautizó hace años con el nombre de beat y cuyo principal representante es él mismo”.

Como recuerda en sus memorias la escritora Joyce Johnson, que ese día estaba con Kerouac, el escritor salió a comprar la primera edición del diario en un puesto de Manhattan abierto las 24 horas. Al leer la entusiasta crítica, el autor se limitó a mover la cabeza “como si no pudiera entender por qué no se sentía más contento”. Esa noche, agrega Johnson, “Jack se acostó siendo un desconocido por última vez en su vida. El teléfono lo despertó a la mañana siguiente y ya era famoso”.

Cuando el escritor murió casi no tenía dinero en su cuenta bancaria, pese a que la novela se convirtió en best seller. Hasta hoy la obra vende 100 mil ejemplares al año en Estados Unidos y el legado del autor se calcula en unos 20 millones de dólares. Como señaló William Burroughs, el éxito del libro, con sus protagonistas que visten jeans, hizo que se vendieran “un billón de Levi’s, un millón de cafeteras y lanzó a innumerables chicos al camino”. El fenómeno no da señales de agotamiento. Hace unos años el propio narrador apareció en una propaganda de Gap luciendo pantalones “kakis” y por estos días Francis Ford Coppola está produciendo una película, dirigida por Walter Salles.

Tres Libros



EN EL CAMINO.
La incombustible novela de 1957 llegó en una edición argentina de Losada en 1959. Dos amigos recorren Estados Unidos buscando captar la fiebre y la locura del momento.


LOS VAGABUNDOS DEL DHARMA.
Publicada en español en 1960, relata la aventura de dos amigos, que conocen la bohemia de San Francisco pero aspiran también a un crecimiento espiritual en las montañas.

BIG SUR. En esta novela de 1962, el autor alcanza la plenitud de su estilo para contar una historia donde Jack Duluoz (Kerouac 10 años después de En el camino) sufre los estragos del alcohol y el colapso nervioso.

La banda sonora

La novela de Kerouac hace un vívido retrato de la escena jazz y son muchos los músicos citados, desde Louis Armstrong a Miles Davis. Estos son algunos de los artistas destacados en el libro.

Billie Holiday

Kerouac recuerda una hermosa canción de Holiday, cuando debe separarse de su novia mexicana. “Algún día nos encontraremos y secarás todas mislágrimas”, dice la letra. Escuche: el disco Lover man, en una versión remasterizada de la edición de 1952 por el sello Prime Cuts.

Dexter Gordon y Wardell Gray

Estos dos grandes del saxo tocan juntos The Hunt, un tema de 18 minutos que aparece varias veces a lo largo de la novela. Escuche: el disco Bopland: The Legendary Elks Club Concert L.A. 1947, una compilación que incluye a Gordon y Gray en un momento imborrable.

Perez Prado

Cuando Jack y Neal andan de parranda por México llegan a un pueblo donde arman una gran fiesta y escuchan a todo dar el Mambo número 8. Escuche: el disco Diez grandes éxitos, de Pérez Prado, editado por Sony.

George Shearing

Los dos amigos asisten a un recital de este pianista ciego británico, que gozó de gran fama en los 50. “Eran sus últimos grandes días, antes de que se volviese frío y comercial”, dice Jack. Escuche: The George Shearing Quintet 1949, del sello Hep Records.