Por Pablo Ramírez
Socio de Aldunate Ramírez Horwitz Abogados

  • 20 junio, 2019

Cada vez que aparece en una conversación la reforma tributaria, recuerdo la frase: “Lo importante no es lo que decimos, sino lo que los demás perciben de nuestro discurso”. Y aunque sabemos que la reforma nació para darnos certezas, lo que percibimos hoy es la más completa y total INCERTIDUMBRE.

Todos escuchamos que la prometida reforma tributaria buscaba darle esperanzas a un mercado totalmente alicaído, respecto a una simplificación y corrección de una serie de temas que han convertido en una piedra de tope al desarrollo de nuevas inversiones y emprendimientos en el país. El problema es que quizás lo que buscaba ser una solución terminó siendo la mayor traba para la tan esperada reactivación económica y, más por temas políticos que técnicos, llevamos más de un año de discusión parlamentaria y la reforma aún no tiene forma definitiva sin reales esperanzas de que, al menos en el corto plazo, podamos contar con una nueva ley que ayude a mejorar el crecimiento económico del país. ¿Cuál fue el error? A mi parecer, la ambición de generar cambios en muchos niveles ha desviado el foco de atención de lo realmente importante. Todos aplaudimos los cambios en materia de IVA a los inmuebles, la modificación en materia de impuesto a la herencia, el mejoramiento técnico de la legislación de los gastos, la regulación a las reorganizaciones transfonterizas, entre otras, pero por mucho abarcar no hemos podido cerrar la discusión y el efecto ha sido tremendamente dañino.

Así, producido el tan esperado cambio de gabinete y confirmada la continuidad del ministro Larraín, esperemos que toda la energía ahora vaya encaminada en obtener la prometida “modernización tributaria” con que el presidente Piñera abrió los fuegos de su nuevo gobierno, hace ya casi un año y medio.

En este escenario bastante gris, necesitamos revitalizar el análisis técnico y ser capaces de definir los temas realmente importantes que permitan darle forma final a la ley, y pasar de la expectativa a la realidad, incluso dejando de lado otros que pueden parecer útiles, pero que hoy no son ciertamente la prioridad:

La prometida integración del sistema con recuperación total de créditos: dejando de lado cualquier sesgo político, la integración del sistema permitirá simplificar los registros tributarios, corregir injusticias en la tributación de entidades locales y extranjeras y, lo más importante, alinear las expectativas del mercado con las del ejecutivo, con el fin de reactivar la economía.

Una nueva y mejor Norma General Antielusión (NGA): no es un misterio para nadie el hecho de que la NGA necesita ser más explícita y clara, tanto en lo que dice relación con las conductas que pueden considerarse elusivas, como en el procedimiento sancionatorio. En este sentido, considero que las indicaciones incorporadas en 2019 aportan bastante a darle mayor certeza a la NGA, pero el procedimiento administrativo creado y la nueva Comisión propuesta creo que solo le agregan burocracia al sistema y veo difícil de implementar.

Claridad y relevancia de los Derechos de los Contribuyentes: acá es importantísimo aterrizar las propuestas de “silencio positivo” a favor de los contribuyentes, la cosa juzgada en materia de fiscalización, la retroactividad legal y administrativa a favor del contribuyente y la creación de la DEDECON tendrán un impacto realmente en la relación del día a día con el SII, y permitirán al común de los ciudadanos tener un grado de horizontalidad en la relación con la autoridad nunca antes visto en el país.

La Protección a las Pymes: finalmente, creo que hay que tener mucho ojo en la forma en que se modifique la norma pro-pymes. Este segmento de la sociedad es el más sensible a los cambios, ya que cada nuevo requisito puede afectar directamente en los resultados del emprendimiento. Creo que nos hemos quedado cortos en la tendencia a simplificar y en sumar más pymes al sistema. Resulta clave consolidar un ecosistema entre las legislaciones RENTA-IVA-Ley de Pago a 30 días, ya que en la práctica hoy las normas para estas compañías continúan siendo extremadamente rigurosas.