Cuando se cumplen casi 40 años de la revuelta universitaria parisina que puso contra las cuerdas al gobierno del general De Gaulle, es interesante revisar el discurso con el cual el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, encantó “a lo Kennedy” al electorado juvenil en las recientes elecciones presidenciales francesas. Tras recordar varias de las gestas […]

  • 13 julio, 2007

Cuando se cumplen casi 40 años de la revuelta universitaria parisina que puso contra las cuerdas al gobierno del general De Gaulle, es interesante revisar el discurso con el cual el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, encantó “a lo Kennedy” al electorado juvenil en las recientes elecciones presidenciales francesas.

Tras recordar varias de las gestas de la historia de Francia protagonizadas por jóvenes –desde los generales de Napoleón hasta los héroes de la Resistencia– y luego de citar a todos los presidentes de la V República –con la sola excepción de Chirac– Sarkozy entró de lleno en uno de sus temas favoritos: la cultura del trabajo y la necesidad de “reinventar” la República bajo el signo del mérito: “No hay derechos sin obligaciones. Los culpables del desaguisado en que nos encontramos hoy y que surgió en mayo del mayo del 68 no son otros que los socialistas, herederos de aquella revolución que dilapidó la herencia de sus antecesores e impuso una inversión de valores y un pensamiento único del que los jóvenes actuales son las principales víctimas. La sociedad subvencionada, en la que el éxito es castigado y el igualitarismo castra cualquier iniciativa, no es sino el resultado fi nal del giro copernicano que aquella utopía imprimió en la sociedad francesa”. Sarkozy citó a viejos líderes socialistas, como Jean Jaurès o Léon Blum, defensores de la cultura del esfuerzo y de los méritos del trabajo y señaló que tanto Lionel Jospin como Ségolène Royal eran traidores a su causa. “Quiero una Francia en la que los alumnos se pongan en pie cuando el profesor entra en clase”. Entre las medidas concretas propuestas por Sarkozy fi gura la creación de un “servicio ciudadano” obligatorio de seis meses para los jóvenes de entre 18 y 30 años, para realizar trabajos de interés general en Francia o el extranjero. “Lo importante no es lo que el Estado puede hacer por el ciudadano, sino lo que cada francés puede hacer por su país”, dijo Sarkozy. ¡Fuerte el cambio!