El aniversario del triunfo de la Coalición por el Cambio estuvo marcado por un relevo de Gabinete que incluyó a dos senadores de peso político. Pero detrás de este reemplazo y de este aniversario, hay una historia de esfuerzo, una visión conjunta y, sobre todo, valores que representan a un conglomerado cuya misión autoimpuesta es transformar a Chile en un país desarrollado hacia 2018. Por María Eugenia de la Fuente.

  • 25 enero, 2011

El aniversario del triunfo de la Coalición por el Cambio estuvo marcado por un relevo de Gabinete que incluyó a dos senadores de peso político. Pero detrás de este reemplazo y de este aniversario, hay una historia de esfuerzo, una visión conjunta y, sobre todo, valores que representan a un conglomerado cuya misión autoimpuesta es transformar a Chile en un país desarrollado hacia 2018. Por María Eugenia de la Fuente.

 

El aniversario del triunfo de la Coalición por el Cambio estuvo marcado por un relevo de Gabinete que incluyó a dos senadores de peso político. Pero detrás de este reemplazo y de este aniversario, hay una historia de esfuerzo, una visión conjunta y, sobre todo, valores que representan a un conglomerado cuya misión autoimpuesta es transformar a Chile en un país desarrollado hacia 2018. Por María Eugenia de la Fuente.

 

El 17 de enero nuestro gobierno celebró un hito importante. Recordar esa fecha significa, en primer lugar, conmemorar el triunfo del presidente Piñera y, también, valorar el trabajo constante de quienes luchamos por dejar de ser oposición y tener la oportunidad de dirigir el país. El primer paso se dio hace más de dos décadas, cuando una generación cimentó las bases e indicó el camino a seguir para ser una real alternativa de gobierno. Durante esos años comenzó a gestarse en las universidades un discurso novedoso, que reunía ideas liberales diferentes a las que promovía la derecha tradicional. Un grupo de jóvenes empezaba a conceptualizar ideales de renovación y cambio que serían semillas de la “nueva derecha”.

De la misma forma, otro grupo lograba penetrar en los sectores populares, invitándolos a participar en las decisiones que definirían el futuro del país. Su postura era inclusiva y vinculante. La derecha popular realizaba un profundo trabajo en terreno, cuyo objetivo era escuchar y acoger las inquietudes de un sector hasta entonces poco considerado.

Una década después, y en democracia, la línea de acción estaba definida. La derecha se perfilaba renovada, más democrática, con más sentido social y adoptando el liberalismo económico. Preocupada del resguardo de los derechos humanos y mostrando una absoluta tolerancia respecto a la libertad política. Una derecha más representativa, que paulatinamente iba ampliando su respaldo en la sociedad chilena.

Los resultados adversos en las elecciones presidenciales de 1999 y de 2005 nos impusieron un nuevo desafío: ser capaces de sumar más del 50% de los votos. Pero el mensaje de la ciudadanía era claro: exigían un cambio en la conducción del país. De manera obtusa, el bloque concertacionista repetía una y otra vez la muletilla “la derecha no ha ganado ninguna votación en medio siglo”, síntoma de una miopía que le impidió percatarse del cambio y la renovación que experimentaba nuestra sociedad.

El triunfo en las elecciones municipales de noviembre de 2008 fue el punto de inflexión, una muestra de respaldo concreto a los conceptos encarnados por nuestro sector. La ciudadanía optó por el cambio.

Uno de los grandes aportes que ha entregado la instalación de la Coalición por el Cambio en la administración del Estado ha sido combinar la presencia de destacados profesionales en los puestos de primera línea con figuras de valiosa trayectoria política, quienes han atraído e inspirado a miles de jóvenes a trabajar en el servicio público.

Los primeros 10 meses de gobierno fueron particularmente difíciles… y pudimos sortearlos de manera exitosa. Pero somos conscientes de que se nos exigirá más, porque somos capaces de dar más. Nuestra meta es alcanzar el desarrollo hacia fines de esta década, una propuesta ambiciosa que requiere de una proyección que trasciende a un período presidencial.

La suma de todos estos componentes es la base del gobierno del presidente Piñera, capaz de enfrentar desafíos audaces, con convicción y energía. Nuestro gobierno contiene hoy un sano equilibrio entre la experiencia y la renovación, los años de trabajo en equipo, revitalizados con la fuerza y la frescura de las ideas propias de las nuevas generaciones.

Este complemento es el que nos permitirá lograr la meta propuesta: conseguir el desarrollo hacia 2018, cuando la generación del bicentenario será la encargada de liderar y defender valores que nosotros hemos delineado, entre los que destacan el mérito, la solidaridad, el pluralismo, la preocupación por el medio ambiente y los derechos humanos. En definitiva, todo lo que hemos construido y realizado ha sido parte de un proyecto más amplio, con un presente enriquecido por lecciones del pasado y un futuro auspicioso que, de seguir en la misma línea, consolidará el cambio del que hoy ya somos testigos.