Una centenaria casa patronal conservada respetando el estilo de vida de fines del siglo XIX esconde un hotel de lujo en pleno Alto Jahuel, en los terrenos de la viña Santa Rita. En solo diez años, el Hotel Casa Real se ha convertido en un referente internacional. ¡Que lo disfrute! Por Joel Poblete Tradición, historia […]

  • 23 marzo, 2007

Una centenaria casa patronal conservada respetando el estilo de vida de fines del siglo XIX esconde un hotel de lujo en pleno Alto Jahuel, en los terrenos de la viña Santa Rita. En solo diez años, el Hotel Casa Real se ha convertido en un referente internacional. ¡Que lo disfrute!
Por Joel Poblete

Tradición, historia y refinamiento. Esas son las tres palabras con las que la gerenta del Hotel Casa Real, Lylian Stange, define el elegante y hermoso establecimiento. Por algo está recomendado en el exigente sitio Kiwi Collection entre los “luxury hotels of the world”. No solo eso: tras un cuidado seguimiento a lo largo de nuestra región, hace dos años The Hotel Book, la exclusiva publicación de Taschen destinada a hoteles de todo el mundo, lo incluyó entre uno de los tres recintos chilenos que forman parte de su volumen dedicado a Sudamérica. Y considerando que los otros dos son el Explora y el Antumalal, el mérito del Casa Real no es menor, porque en vez de edificar una construcción completamente nueva, acá se aprovechó al máximo el inigualable marco patrimonial que ofrecía una centenaria casa patronal de ilustre pasado (ver recuadro), en la que se intentó reproducir al máximo el estilo de vida a fines del siglo XIX, en los terrenos de la Viña Santa Rita en pleno Alto Jahuel.

Y vaya que se logró, porque al recorrer sus iluminados y señoriales pasillos y contemplar desde la terraza un parque fabuloso, con su laguna y los cisnes de cuello negro que protegen a sus plomizos polluelos, uno realmente se siente en otra época, pero con todo el confort de un lugar acogedor y bien equipado. Una década le ha bastado al hotel para convertirse, sin necesidad de publicidad y confiando en su prestigio y el “boca a boca”, en todo un referente internacional, como lo demuestran las ilustres visitas que han pasado por sus 16 habitaciones, entre ellas artistas, políticos, diplomáticos o aristócratas como los príncipes de Luxemburgo. El año 2001, el presidente de China, Jiang Zemin, conoció el hotel en la única visita privada que realizó en su viaje oficial a Chile.

Leer el libro de huéspedes es un verdadero paseo por distintas nacionalidades que reflejan la actividad permanente a lo largo de las dos temporadas en las que se mueve el hotel: la turística, eminentemente veraniega y que va desde octubre hasta Semana Santa, y la de reuniones comerciales, mayormente aprovechada por quienes siguen la ruta del vino y llegan hasta la Viña Santa Rita. Pero además de eso a lo largo del año hay muchos seminarios y reuniones de empresas nacionales y extranjeras, y eventos gastronómicos como las clases de cocina típica de nuestro país –“algunas personas, entre ellos dueños de restaurantes extranjeros, han dicho que ni en el Mercado Central han probado algo tan chileno como los platos que se pueden degustar acá”, comenta orgullosa Lylian Stange- y la “Gourmet Cup”, en la que se escoge al mejor chef internacional, y éste es invitado por Santa Rita para lucirse con maridajes entre vino y comida. Y hasta hay encuentros de golf, que aprovechan el convenio con el cercano Club de Golf Las Araucarias. La mayoría de los visitantes vienen de Europa, especialmente de Inglaterra, Irlanda, Escocia, Suiza, Austria, Alemania y Holanda, pero también de Brasil y Norteamérica (Estados Unidos, Canadá y hasta Alaska).

HOTEL RURAL Y PERSONALIZADO

La mejor demostración de lo bien que ha funcionado en estos diez años el hotel es que el personal se ha mantenido estable desde el principio; partieron con nueve personas y hoy ya suman 18 miembros, todos con cursos de capacitación en higiene y manipulación de alimentos, primeros auxilios, cocina internacional y hotelería, además con dominio del inglés básico, lo que permite una atención más personalizada y cercana a los visitantes extranjeros. Las comodidades son amplias: las 30 hectáreas de parque, que incluyen la laguna y la delicada capilla construida en 1884 –que se mantiene en muy buen estado y junto con servir para ceremonias religiosas en ocasiones se convierte en una grata sala para conciertos de cámara–, consultan piscinas y un gimnasio. Además, en el Casa Real hay Wi-Fi en todos los sectores y dos salas de reuniones, una de ellas para 24 personas.

Desde que en 1991 el grupo encabezado por el empresario Ricardo Claro –presidente del directorio de esta revista– adquiriera el fundo y las construcciones y se restaurara la casona patronal, siempre ha existido un gran cuidado en conservar lo más fielmente posible las edificaciones. Así, se han mantenido las estructuras hasta en sus más mínimos detalles, por lo que cautiva observar las pinturas de los techos, los pisos, la amplitud de los corredores y la precisión con que están distribuidos los espacios; incluso se ha incorporado mobiliario antiguo y los elementos que se han agregado recientemente respetan el estilo del pasado, como el empapelado de las paredes o el ala reconstruida en la que se encuentran algunas de las habitaciones. Por cierto, la fuerte relación con el vino está siempre presente, desde las estatuas hasta el nombre de cada habitación, en homenaje a una cepa de vino, y las seis acogedoras suites tienen nombres de valles vinícolas como Casablanca y Maipo.

“Somos un hotel rural, y eso nos distingue también por el entorno, que permite a nuestros huéspedes estar en un mayor contacto con la naturaleza”, comenta Lylian Stange, no solo refiriéndose a los cerros de la zona, con su abundancia de aves típicas, sino además a la envidiable vista desde la terraza, a la fuente con sus tritones y la soleada glorieta, y a los hermosos jardines con sus hortensias rosadas, en estos días de color verde, todo un orgullo para la mismísima María Luisa Vial de Claro y también para Cecilia Montes de Claro, quienes siempre supervisan su cuidado y mantenimiento.

Y para acentuar aún más la calidez y característica hogareña del lugar, la siempre vital y activa Lylian Stange no deja de estar pendiente de todo acompañada por sus dos hijos, los siempre atentos y joviales Francisco y Andrea Eyzaguirre, que se encargan desde las relaciones públicas, el control de reservas, tours y degustaciones en inglés, hasta los floreros de los pasillos y sonreirles a los huéspedes. Por algo hay visitas que vienen por octavo o noveno año consecutivo: conocer el Hotel Casa Real es como descubrir un tesoro escondido, un lujo al que uno quiere volver una y otra vez.

PASADO PATRIMONIAL

La casa patronal que alberga al Casa Real tiene una antigua data, pero aún más historia acarrean los terrenos donde se emplaza, una inmensa hacienda que por más de 100 años perteneció a la familia Jaraquemada, de la que aún se conserva la casa de Paula Jaraquemada, construida en 1790 y hoy sede del restaurant “Doña Paula”. Cuando en 1880 el poderoso empresario Domingo Fernández Concha compró el fundo Santa Rita en el que plantó la hoy emblemática viña, dio inicio a una hermosa historia patrimonial: en 1882 se empezó a construir la casona, y dos años después llegó de Alsacia un paisajista francés para diseñar el refinado parque que hasta hoy es uno de los lujos del recinto. Una hija del dueño de la propiedad, María Luisa Fernández, se casó con Vicente García-Huidobro, descendiente de un administrador de la Casa de Moneda que fue uno de los pocos chilenos que obtuvo un título de nobleza del rey de España, Marqués de Casa Real. De este modo se unió a estos terrenos el nombre que inspira a uno de los vinos más reconocidos de la viña, y al propio hotel.