En la entrevista de portada de la presente edición de Capital, el presidente de la República se declara admirador del emprendimiento y la innovación y apunta que la meta trazada al asumir el gobierno, de crear 100 mil nuevos empresarios, ya fue superada. Se trata de una referencia de alcance secundario en el contexto […]

  • 18 marzo, 2013

 

En la entrevista de portada de la presente edición de Capital, el presidente de la República se declara admirador del emprendimiento y la innovación y apunta que la meta trazada al asumir el gobierno, de crear 100 mil nuevos empresarios, ya fue superada. Se trata de una referencia de alcance secundario en el contexto de una entrevista amplia en términos políticos, pero que conecta con parte de lo que comienza a oírse en algunos círculos respecto de la herencia o legado de la actual administración.

Hay quienes creen en el entorno de este gobierno, el primero de centro derecha en décadas, que más que las cifras, más que las obras (o la ausencia de ellas, dicen algunos críticos), es en el software de los ciudadanos donde debe medirse si tuvo realmente resultados de fondo, si logró verdaderas transformaciones.

En un país que frecuentemente es definido como uno donde el alma ciudadana tendría un sesgo hacia la centroizquierda, el que las personas se atrevan a “hacer empresas”, es decir, arriesgar capital y perseguir beneficios (lucro, por cierto), es para algunos el mejor indicador de que algún cambio cultural podría estar comenzando a asentarse. Y, claro, 100 mil nuevos empresarios sería un dato a tener en cuenta.

Hasta ahí, pareciera que hay un punto. Un tema que probablemente a nivel del Ministerio de Economía, de la Corfo deben estar mirando, si es que aspiran a que su agenda pro emprendimiento y pro innovación (en la forma en que la diseñaron), siga teniendo resultados.

Sin embargo, en esta misma edición, el empresario y asesor de Conapyme, Alfonso Swett, aporta un insumo relevante a esa discusión. Dice que más que batir el récord de creación de empresas en un día, lo que falta en el país es asegurar las condiciones para que esos emprendimientos sobrevivan. Sin evasivas, Swett dice que ha habido un enfoque equivocado y que las políticas públicas están al debe con las pymes, lo que entre otras cosas se expresa en la pérdida de peso relativo que han tenido dentro del PIB en los últimos años, no obstante seguir siendo actor fundamental en términos de empleo.

Con todo, más que una crítica, se intuye que la de Swett es una invitación a no sólo acelerar la tasa de natalidad de las empresas, sino que también a elevar sus expectativas de vida. Un punto relevante a tener en cuenta si es que se compra el argumento de que algunos pequeños signos de cambio de mentalidad respecto de emprender están asomando tímidamente entre los chilenos. •••