Entender cómo funciona el cerebro e intervenir en nuestras decisiones es una realidad cercana. Por eso, un grupo de científicos inició una cruzada para establecer nuevas normas en la Declaración Universal de Derechos Humanos. “Es urgente proteger el cerebro”, indica el experto. En el gobierno ya ponen atención al fenómeno, por lo que el presidente Piñera se reunió la semana pasada con Yuste en La Moneda.
Foto: Verónica Ortíz

  • 14 octubre, 2019

Es un optimista, pero también un realista. Sabe que la humanidad se enfrenta a una disyuntiva ética como nunca en su historia. La posibilidad de que puedan leer y conocer los recovecos de nuestra mente exige repensar las reglas con que nos hemos relacionado por siglos. “Nuestro cerebro tiene que estar protegido”, advierte el español Rafael Yuste, director del Centro de Neurotecnología de la Universidad de Columbia en Nueva York.

Explica que los cambios tecnológicos van más rápido de lo que alcanzamos a procesar y abren puertas que tampoco imaginamos. Por ejemplo, ¿usted ha pensando que alguien podría acceder a sus pensamientos, detectar cuáles son sus emociones, intervenir sus decisiones?

Parece terrorífico, pero también podría ser la solución para muchas personas con enfermedades mentales como la esquizofrenia y que hoy no tienen salida.

¿Estamos ante la apertura de un nuevo ciclo de la humanidad? Un buen contingente de científicos sostiene que sí. Y es que la posibilidad de entender cómo funciona el cerebro es un enorme avance, pero también tiene un contraluz: que se pueda acceder a información personal de tu mente.

Ese es uno de los temas que empuja a través del Proyecto BRAIN (Brain Research Through Advancing Innovative Neurotechnologies), iniciativa que él creó y que Barack Obama, con quien ha estado en repetidas ocasiones, apoyó. Y no está solo. Es el portavoz de un grupo de otros 25 científicos que advierten sobre la urgencia de incorporar cinco nuevos derechos humanos en la Declaración Universal. Ellos los llaman los “neuroderechos” y son la privacidad mental, la identidad personal, el libre albedrío, el acceso equitativo y la no discriminación.

Por esa razón, vino a Chile en septiembre. Se reunió con el presidente Sebastián Piñera y con la comisión de futuro del Senado. Su cruzada es desarrollar una normativa marco para la protección de nuestra mente.

-Has dicho que estamos expuestos a que nos puedan “hackear el cerebro”. ¿De verdad es eso posible?

-Es un argumento muy real. Estamos viviendo una revolución tecnológica en que, cada vez más, vamos a poder registrar la actividad de las neuronas. La mente de las personas surge de la actividad de las neuronas del cerebro. Ya estamos empezando a descifrar las bases neurológicas del comportamiento y de la mente humana.

-¿Cómo? ¿De qué manera acceden al registro de las neuronas?

-Acabamos de empezar en este proceso con animales. Registrando la actividad de la parte visual del cerebro, ya podemos saber lo que están viendo. Y con humanos –a través de dispositivos que se ponen en la mente con neurocirugía–, podemos empezar a adivinar las imágenes que están imaginando a partir de decodificar la actividad neuronal.

-O sea, ¿el movimiento de nuestras neuronas puede decir lo que estamos pensando o sintiendo?

-Exacto. No hay nada más. Nuestra mente es todo lo que somos: los pensamientos, las memorias, el comportamiento, las emociones, la imaginación, la percepción, todo surge de la actividad de nuestras neuronas en el cerebro. Hasta ahora, en la ciencia no hemos podido entender ni descifrar lo que llamamos el “código cerebral”. Pero ya podemos empezar a registrar la actividad de las neuronas y descifrar.

-¿Esa es una buena noticia para la humanidad o puede ser una pesadilla?

-Es una buenísima noticia. Por fin vamos a poder conocernos a nosotros mismos por dentro. Podremos tener un conocimiento científico de la mente humana. Eso nunca ha ocurrido y es muy importante.

-¿Por qué?

-Porque para la humanidad es muy relevante saber cómo surge la mente humana del cerebro, qué es la memoria, qué es un pensamiento, qué es una emoción. Nos podemos entender a nosotros mismos. La segunda razón tiene que ver con la clínica. Hoy, las enfermedades mentales y neurológicas no tienen cura. Los médicos no podemos atacar el problema de raíz porque no sabemos cómo funciona el sistema.

-Por ejemplo, al conocer el mapa cerebral de una persona con Alzheimer, ¿podría curarse?

-No puedo predecirlo, pero si logramos saber cómo funciona el sistema, podríamos arreglarlo. Es como un auto. Para arreglarlo, tienes que saber cómo opera.  Hoy no sabemos cómo trabaja el auto de la cabeza. Pero con estas nuevas técnicas, descifrar esos patrones, nos va a permitir entender cómo funciona la mente y ahí podremos ver qué ocurre, por ejemplo, con un paciente esquizofrénico, qué circuitos cerebrales están alterados.

-¿El lado bueno es que nos acercamos a conocer lo que somos y no vemos?

-Nuestro cerebro es lo que somos. El ser humano es un animal mental por excelencia. Toda nuestra vida se rige por el cerebro y por la actividad mental.

-Pero puede ser una aterradora película futurista, ¿o no? Por algo tú estás en esta campaña por resguardar legalmente el acceso a nuestra mente.

-Exacto porque, en el fondo, lo que estamos decidiendo es qué tipo de ser humano queremos ser. Con estas tecnologías vamos a  poder descifrar el contenido de la mente de las personas.

-¿Qué significa, en verdad, poder descifrar nuestra mente?

-Significa que vamos a poder alterar el contenido de la mente de las personas. De hecho, ya lo estamos haciendo. En mi laboratorio cambiamos el comportamiento de ratones sobre la base de estimular cierto tipo de neuronas en su cerebro. Y tenemos al ratón imaginando que ha visto cosas que nunca ha visto gracias a un chip que le metimos. Eso mismo se podrá hacer con humanos. Será una solución efectiva para aquellos con problemas mentales.

-¿También puede ser una amenaza?

-Es que en principio las tecnologías son neutras. Se pueden aplicar para bien o para mal. Estas neurotecnologías se podrían utilizar para descifrar el contenido mental y alterarlo, con motivos económicos, militares o eleccionarios. Los mismos científicos que estamos desarrollando estas herramientas nos damos cuenta de la potencia que tienen. Puede ser un momento crucial en la humanidad para llegar a nuevo conocimiento de nosotros mismos. Por eso estamos alertando a la sociedad de que estas tecnologías, sobre todo cuando se combinen con la inteligencia artificial, tienen que ser manejadas respetando nuevas reglas del juego.

-¿Esos son los neuroderechos que usted está planteando?

-Exacto. Hablamos de una neuroética. Este grupo de 25 científicos e ingenieros que yo represento, pensamos que necesitamos añadir nuevos derechos a la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Nos referimos a neuroderechos que protejan a la ciudadanía de abusos frente a estas nuevas tecnologías e inteligencia artificial.

-¿Protegernos de qué?

-Si estamos diciendo que vamos a poder acceder al contenido del cerebro, eso quiere decir que vamos a poder acceder a la mente de las personas. Tanto para descifrar lo que ocurre como para alterarla. Esto tiene que estar bien definido desde el comienzo como un nuevo derecho humano.

-¿Qué debieran resguardar estos nuevos derechos?

-Hace dos años, este grupo de científicos planteó cinco nuevos derechos humanos: primero, el derecho a la privacidad mental. Es decir, que el contenido de tu cerebro no pueda ser descifrado sin tu consentimiento. Esto no es lo mismo que los datos del teléfono móvil. Es muchísimo más serio.

-Claro. No es lo que almacenamos en la nube.

-No. Eres tú. En esencia, una persona es lo que genera su cerebro. Por eso su mente tiene que estar protegida. Otro derecho es el resguardo a tu propia identidad. Es decir, que nuestra identidad individual no se disuelva sin nuestro consentimiento. Imagina el caso de un soldado que pudiera ser manejado desde fuera, conectando su mente a una red a través de una prótesis. ¿Dónde queda su identidad, su capacidad de decisión? También está el derecho al libre albedrío. Y los últimos dos derechos apuntan a lo social.

-¿Cuáles son?

-Hay un cuarto derecho que tiene que ver con el acceso equitativo a estas neurotecnologías porque uno de los beneficios que esto va a traer es el aumento de la capacidad cognitiva de las personas. Por ejemplo, con el GPS de tu teléfono móvil, puedes orientarte en una ciudad que desconozcas. Imagínate que esto esté directamente en tu cerebro. Y que no solamente tengas acceso a bases de datos GPS, sino que también financieras.

-¿Eso generaría ciudadanos de primera y segunda clase? En este caso, gente súper dotada de información y los normales…

-Exacto. Y nosotros pensamos que es un derecho humano básico el acceso equitativo a estas tecnologías de aumentación cognitiva y sensorial, que no haya ciudadanías de dos velocidades. Y el último derecho que proponemos es proteger a las personas de los sesgos y rasgos discriminatorios de la inteligencia artificial.

-Hemos visto que los algoritmos, las redes, han podido influir en elecciones como la de Estados Unidos y el Brexit. ¿Esto aumenta la amenaza de manipulación?

-En la humanidad siempre ha habido grupos de personas que intentan manipular la opinión de otro. No es algo nuevo. Pero con la neurotecnología, el problema es que esa manipulación será interna.

-¿Cómo interna?

-Será directamente a tu cerebro. Tú no podrás distinguir lo que viene de afuera de lo que viene de adentro. Al momento que tu cerebro esté conectado a la red o a la computadora, los algoritmos que metan información a tu cerebro serán interpretados como si fuera tu propia información. Entonces, es una situación muy distinta. Por eso es urgente proteger el cerebro.

Imagina el problema cuando estos aparatos los tengas directamente conectados al cerebro. La pérdida de libertad y de identidad puede ser enorme.

-¿Qué pasa con las emociones, los sentimientos? ¿También pueden ser intervenidos?

-Los sentimientos están en nuestro cerebro. Por lo tanto, se podrán descifrar y manipular internamente porque se tendrá acceso directo a tu mente. Esto ya se puede hacer en animales.

-¿Y qué información han sacado de esos experimentos con ratones?

-A los ratones les puedes manipular las emociones y cambiarlas. Y lo positivo es que en pacientes con depresión crónica o bipolares ya se está ensayando estimulación cerebral profunda.

-Dices que eres optimista, pero las amenazas y riesgos son enormes, ¿no?

-Tengo confianza en el futuro. Creo que así como se ha regulado la energía nuclear, podemos normar estas nuevas herramientas. Solo debemos asegurarnos de que se utilice de una manera ética. Veo a la inteligencia artificial como otra nueva herramienta de la humanidad, como una nueva invención, como un aliado como pudo ser el fuego, la rueda, la escritura. En principio, la inteligencia artificial es neutra. Está en nuestras manos utilizarla de una manera que ayude. Este tema nos tendría que preocupar tanto o más que el cambio de climático.

-¿Por qué?

-Porque tenemos la posibilidad de cambiar lo que significa ser un humano. Por eso es tan importante que definamos bien qué es lo que queremos ser, cuál es nuestra identidad, qué capacidad tendremos de elegir y cómo resguardamos nuestra privacidad mental. Yo solo digo que tenemos que hacerlo bien, para que el árbol crezca hacia la luz y no hacia la oscuridad…