Ya lo saben todos: Radiohead permitió la descarga digital de su último disco In Rainbows al precio que a cada persona le pareciera justo, comenzando una notable discusión sobre el valor real de la música en un mundo post internet. La gran duda que quedó de esa experiencia era cuán bien les iría con […]

  • 4 abril, 2008

 

Ya lo saben todos: Radiohead permitió la descarga digital de su último disco In Rainbows al precio que a cada persona le pareciera justo, comenzando una notable discusión sobre el valor real de la música en un mundo post internet.

La gran duda que quedó de esa experiencia era cuán bien les iría con la venta del CD del mismo disco, que debutó en las góndolas de las disquerías del mundo hace un par de semanas. Y desafiando cualquier lógica comercial existente hasta este minuto, el mismo disco que todos bajamos y que todos piratearon hoy se empina en el número uno del ranking británico de ventas. Las implicancias del proceso completo (descarga digital a precio variable + distribución normal de CDs) dará para estudios, papers y más de alguna tesis doctoral, pero lo que sí está claro con este experimento es que lo que uno compra cuando paga por un CD no es necesariamente la música contenida en él. Lo interesante es que nadie sabe muy bien qué demonios compramos cuando compramos música y, a partir de la respuesta a esa pregunta, se develará el futuro de una industria que zozobra a pesar de que nunca en la historia hubo más interés en la música.