La última cumbre de presidentes en Santiago terminó de quebrar las relaciones entre Bachelet y Chávez. Todos los esfuerzos que hizo en el pasado la mandataria por considerar la posición de su par venezolano (por ejemplo, esa larga indecisión en el voto para el nuevo integrante en el Consejo de Seguridad de la ONU) resultaron […]

  • 30 noviembre, 2007

La última cumbre de presidentes en Santiago terminó de quebrar las relaciones entre Bachelet y Chávez. Todos los esfuerzos que hizo en el pasado la mandataria por considerar la posición de su par venezolano (por ejemplo, esa larga indecisión en el voto para el nuevo integrante en el Consejo de Seguridad de la ONU) resultaron infructuosos.

Chávez opera con una dinámica que, salvo en casos donde la relación de poder es más equitativa (como con Lula en Brasil), busca siempre el provecho personal o, en el mejor de los casos, de su revolución bolivariana. Pero esa misma lógica lo está dejando solo o rodeado de líderes con pocas posibilidades de supervivencia, como Ortega en Nicaragua o Morales en Bolivia.Quizá Alvaro Uribe pensó que Chávez podría tenderle una mano en la relación con la guerrilla colombiana. Pero el resultado reveló lo que era fácil prever: la agenda de Chávez no respeta leyes ni límites.