Como buen liberal, el director del CEP, Leonidas Montes, es optimista de lo que está pasando con la economía y las políticas públicas en Chile. Considera que el presidente Sebastián Piñera ha logrado “estatura republicana” y que hizo bien en cambiar su gabinete. Dice que lo ocurrido con Ciudadanos es una vergüenza que puede arrastrar al resto de la política, y plantea sus dudas frente a algunos puntos de la reforma tributaria.

  • 5 septiembre, 2018

Aristóteles, Adam Smith, Hannah Arendt, Friedrich Hayek, Mary Wollstonecraft, John Stuart Mill, Isaiah Berlin, son algunos de los pensadores liberales que Leonidas Montes eligió. Todos están con sus fotos y sus frases más célebres en el nuevo hall que recibe a los asistentes a los seminarios y eventos que realiza el Centro de Estudios Públicos (CEP). Es el sello Montes, cuya mano a seis meses de asumir como director del think tank ya se nota en varios detalles. A la entrada de su oficina, en el segundo piso de la casona de Monseñor Sótero Sanz, también hay un filósofo que saluda. No podía ser otro que Adam Smith, una de las obsesiones del ex decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez. Ha dedicado parte importante de su vida académica a investigarlo y de hecho forma parte de un selecto grupo de 12 expertos, entre ellos algunos premios nobel, que trabaja en un proyecto para promover las ideas del economista y filósofo.

Es miércoles temprano y Leonidas Montes prepara café en su oficina. La noche anterior se dio a conocer la reforma tributaria del gobierno de Sebastián Piñera, que el economista considera que va en la dirección correcta, aunque hay algunos puntos con los que está en desacuerdo (ver recuadro).

El director del CEP está entusiasmado con su rol. Pasea por la casa mostrando los cambios estructurales y comenta que ahora viene lo más entretenido: el trabajo académico. La agenda de Leonidas es que el centro de estudios siga avanzando en ser cada vez más abierto, que acoja a estudiantes curiosos, profesores e intelectuales, pero también al mundo creativo, de la cultura y las artes. “Recién empezamos a trabajar en una nueva página web y estamos metiéndonos de a poco en las redes sociales. Porque hemos llegado al diagnóstico de que aquí los investigadores hacemos muchísimas cosas, pero no todas se conocen”, dice. 

Entre los proyectos que lo tienen más motivado está el trabajo conjunto que está haciendo el CEP con otros tres think tanks –Chile 21, Libertad y Desarrollo y Espacio Público–, para la modernización del Estado y la próxima encuesta que, además del módulo regular, incluirá preguntas sobre religión, comparando los años 1998, 2008 y 2018, lo que entregará un termómetro inédito sobre cómo ha calado en la sociedad chilena la crisis de la Iglesia. 

 

Estatura republicana

-¿Ve al gobierno bien enfocado o perdiendo un poco el norte?

-Creo que se ha generado demasiada impaciencia y ansiedad. No hay que olvidar que el gobierno lleva menos de seis meses. El iniciar todo un proceso legislativo, el instalarse, son cosas que toman tiempo. Y yo soy más optimista en términos de que las cosas se están manejando bien. Que volvamos a preocuparnos de anécdotas, que volvamos a ser una especie de país aburrido, como decía hace años The Economist, me parece bastante interesante.

-¿Aburrido en el sentido de que haya menos Piñericosas?

-Bueno, sí, que haya menos Piñericosas, pero que se vuelva a valorizar la importancia de las leyes y políticas públicas bien pensadas, sensatas y la importancia de los consensos. 

-¿Cómo lo está haciendo el presidente? 

-Bien, creo que el presidente ha adquirido cierta estatura republicana. Y esto de que salga solo de vez en cuando y se abstenga de opinar de todo me parece necesario y conveniente. Porque el gran problema del presidente Piñera es que es demasiado inteligente y sabe de todo, pero como decía el Templo de Apolo en Delfos, todo en exceso es malo. 

-En las últimas encuestas se ve una caída en su aprobación. 

-Sí, pero no olvidemos que este presidente, en la última encuesta, tiene un 45% de aprobación. Eso en cualquier país del mundo sería el sueño de un mandatario. No sé, pero se ha creado cierta atmósfera en Chile de no ver lo positivo de las cosas, de un pesimismo que a lo mejor no tiene tanto sustento. 

-¿No será que las expectativas eran demasiado altas? 

-Bueno, las expectativas de un gobierno de centroderecha como el de Sebastián Piñera siempre son altas, porque si se compara lo que fue el crecimiento económico y las cifras de creación de empleos de su primer gobierno y lo que fue este último período de cuatro años, es evidente que las expectativas eran altas, y quizás demasiado altas. Y hoy no hay que olvidar que la situación externa es compleja: ha bajado el precio del cobre, hay nubarrones por la guerra comercial que son bastante serios, pero en general tenemos que darnos cuenta de que la situación de Chile es positiva. 

-¿La economía entonces no está debilucha, como dijo Michelle Bachelet?

-Veo que la economía está andando bien y es evidente que si vemos las cifras, el gobierno pasado claramente estuvo muy debilucho en inversión y crecimiento económico. Ahora se ha retomado ese sendero del crecimiento, que es muy importante. 

-Algunos dicen que la base de comparación ayuda bastante; el primer semestre del año pasado fue muy malo, pero el segundo hubo un repunte. Es probable que las cifras de crecimiento ahora ya no sean tan espectaculares. ¿Cree que ahí hay un peligro?

-Hay un peligro evidentemente, pero si uno mira, las expectativas han disminuido y eso también es sano, creo yo. Si uno ve las cifras de creación de empleo, de crecimiento económico, Imacec, son buenas. El tema es que se empiecen a sustentar en el tiempo. 

-En el desempleo hay algunas luces de alerta… 

-Se han creado empleos, esa es la realidad. Pero tampoco debemos olvidar que las tres grandes reformas del gobierno pasado no han sido gratis para el país. La reforma tributaria, la reforma laboral y la reforma a la educación. Uno puede ver cosas positivas en las intenciones y en lo que se quería hacer con cada una, pero la verdad es que la implementación no ha sido fácil y la situación en ninguna de esas tres áreas es buena. En temas laborales, no olvidemos que estamos en el siglo XXI y, como dice Sebastián Edwards, vienen los robots y todo va a cambiar, pero la reforma laboral que se hizo era para 40 años atrás, en vez de mirarla 40 años hacia adelante.

 

Memoria y contexto

-¿Era necesario hacer un cambio de gabinete? 

-Creo que el presidente debía hacerlo. Hay que reconocer que Mauricio Rojas tiene una trayectoria intelectual muy potente, es un chileno que llegó a ser diputado en Suecia, y eso se olvida acá. Lamento que políticamente le haya tocado vivir esto, pero creo que la decisión de Piñera es la que tenía que tomar. Lo hizo rápido, dio una señal de autoridad y corrigió lo que para muchos fue un error.

-¿Y le pareció que también era necesario sacar a Gerardo Varela? Era un ministerio sensible.

-Muy sensible. Él estaba haciendo avances significativos y muchas de las personas que trabajan en el Ministerio de Educación reconocen que avanzaba en la dirección correcta. Es triste que haya salido tan rápido, pero por su personalidad tuvo comentarios desafortunados que le costaron el cargo. 

-La salida de Rojas despertó el debate de la memoria y abrió una herida que al parecer no está cerrada aún: los atropellos de los DD.HH. en dictadura. ¿Qué le parece lo que ocurrió?

-La memoria es distinta a la historiografía, lo han dicho varias personas y es importante hacer esa distinción. Que exista el Museo de la Memoria es muy importante. Es una herida profunda, o una cicatriz, pero está vigente en nuestra historia y en el inconsciente colectivo de Chile, y es una realidad que todos deberíamos conocer. Y no se puede negar recordarla, eso está claro. 

-¿Le falta contexto al Museo de la Memoria? 

-Es que no es el objetivo del Museo de la Memoria dar el contexto. El objetivo es la memoria, los abusos y crímenes desde el Estado. Ahora, hay filósofos como David Rieff, que viene ahora a Chile, que escribió el Elogio del olvido y que tiene una tesis donde igual hay un punto: el olvido también puede ayudar a sanar heridas. Hay gente que puede estar de acuerdo o no, pero acá el problema es que la izquierda todavía piensa que tiene el monopolio de los DD.HH. Y creo que ya basta con eso, los DD.HH. son un principio moral universal. Y en esa línea, celebro la declaración de Evópoli, que fue muy oportuna y positiva, porque habla de una nueva generación que ya no tiene esa ambivalencia o ese trauma que todavía nos separa. Por otro lado, me pareció notable lo que hizo Boric, que dijo que debemos condenar lo que está pasando en Venezuela, Cuba y Nicaragua. Esa convergencia, de estos dos grupos o líderes que nacieron después del Golpe, es muy sana y buena para el país. 

-¿Fue una buena idea anunciar el Museo de la Democracia justo ahora?

-Esta es una idea y un debate antiguos. La oportunidad para anunciarlo no fue la más adecuada, pero me parece bueno también, en términos de educación cívica, que exista un museo que narre la historiografía de nuestra democracia. Quizás fue inoportuno, pero la oportunidad no le quita mérito a la profundidad de la idea.

-Algunos decían: ahora va a haber un museo para la izquierda y otro para la derecha… 

-No se trata de eso, yo creo que así como los DD.HH. no son ni de la izquierda, ni de la derecha, sino de todos, la democracia también es de todos y para todos. Y puede ser una buena forma de volver a los consensos, que volvamos a esa empatía que a ratos se pierde. 

 

Leña a la hoguera

-¿Qué opina sobre lo que está ocurriendo en Ciudadanos? 

-Es una vergüenza. Tanto ruido por tan poco, ¿no? Es muy triste que un movimiento y un partido político como Ciudadanos haya terminado así. Digo terminado, aunque no sé si es así, pero personalmente no quiero conocer más detalles. Y es lamentable porque Andrés Velasco fue un gran ministro de Hacienda, tiene una trayectoria académica intachable, un tecnócrata excepcional. Pero esta aventura se ha convertido en una desventura. Esa es la verdad. Y creo que hay un efecto colateral: esto contamina aún más a la política y a los partidos. Es como echarle más leña a la hoguera.

-¿Qué es lo que le da más vergüenza de lo que pasó?

-Que en una votación de mil personas no se puedan poner de acuerdo, significa que este es un partido que no tiene destino. Lo percibo así, objetivamente. Al margen de lo que resulte, veo muy difícil el desenlace. Se ha generado un daño externo, al margen de la situación de Ciudadanos. Esto no le hace bien al sistema político. Y da pena porque era un proyecto que traía nuevos aires liberales y, personalmente, me entusiasma todo eso. 

-¿Cómo ve a la oposición hoy? ¿Anticipa un rearme tras el tema de los DD.HH?

-Todas las coaliciones políticas tienden a aunarse después de ciertos eventos y esto es natural que genere de alguna manera un impulso, porque la centroizquierda está bastante desarticulada, no hay un rumbo, no hay un sueño. Pero la unidad que se ve por el Museo de la Memoria es seguir escudándose en algo que pasó hace ya muchos años. Y a mí me da la impresión que la ciudadanía hoy día, y en esto creo que el diagnóstico del presidente Piñera es acertado, quiere de nuevo que Chile regrese a los acuerdos y los consensos. Hay cierta sed o deseo para que volvamos a ser un país, como lo dijo una vez The Economist, aburrido, donde se hagan las cosas bien. 

Remezón liberal

Hace unas semanas, el director del CEP escribió una columna donde recogió el ejercicio que The Economist está haciendo para enfrentar los nuevos tiempos: repensar el liberalismo ante los nuevos desafíos, de la mano de los pensadores liberales clásicos. 

La tesis de la revista inglesa es que el liberalismo tuvo 30 años de gloria y después de la crisis financiera de 2008, el mundo está cambiando. Leonidas coincide: “Vemos lo que sucede con Trump, que está a favor del proteccionismo, la guerra comercial, lo que está ocurriendo en Turquía, los populismos y totalitarismos de Venezuela, Cuba y Nicaragua, y realmente no estamos viviendo en un mundo liberal como el que teníamos hace 30 años”. 

-Se han demorado los liberales en darse cuenta de eso. Han pasado diez años desde la crisis. ¿Es un debate pendiente del cual no se han hecho cargo?

-Es que los liberales somos demasiado tolerantes (se ríe). 

-¿Pero hay una deuda pendiente del liberalismo? 

-Partamos por lo que vengo sosteniendo desde hace mucho tiempo: el liberalismo está vivito y coleando en Chile hace mucho tiempo. Avanzamos a ser un país cada vez más liberal, uno ve las encuestas y cómo se comportan las personas y es evidente: se valora la autonomía, el esfuerzo, la ambición para mejorar la vida, el optimismo frente al futuro, la ética del trabajo, la responsabilidad, el apego a las normas. Pero en el mundo uno ve problemas: están las fake news y las tormentas virales que pueden alterar lo que las personas perciben como cierto o no. Y están las tiranías de las mayorías: los casos de Venezuela y Nicaragua son gobiernos totalitarios que nacieron en democracia. Y el tercer punto es que los liberales han perdido la fe en el progreso. Hay cierto pesimismo latente. 

-Se ha perdido por alguna razón. quizás el liberalismo no era la utopía…

-Es que no existen las utopías, nada es utopía en la vida humana, no existe. Vivimos en la cruda realidad; hasta la democracia no es la forma perfecta de gobernar, pero es la mejor posible. Y cuando se convierte en utopía, puede quedar la embarrada, como en Venezuela. La naturaleza humana tampoco es perfecta, pero hay que recuperar esa confianza para empujar el carro de los principios liberales, teniendo en consideración que el progreso nos lleva a mejorar como seres humanos y como sociedad. Eso se ha perdido, porque en un mundo más crítico hay más amenazas, por ejemplo, sobre qué va a pasar con los empleos con la robótica y la inteligencia artificial. Tal vez la mirada del liberal debería ser más optimista, y verlo desde el punto de vista de que vamos a tener más tiempo para el ocio, por ejemplo. Hoy, el liberal parece estar más titubeante respecto al futuro. 

-Ha habido muchos cambios en los últimos años. ¿Siente que el mundo liberal se ha hecho cargo de esto?

-Por eso me gusta esa idea de The Economist de salir a buscar a esos pensadores y ver cómo esas grandes ideas pueden ayudarnos a enfrentar los desafíos actuales, porque sí, siempre hay una deuda pendiente.