Para variar, la política comunicacional en el centro del debate. Si hasta el presidente Piñera la reconoce como una de las falencias de su administración, mientras se anticipan cambios al modelo Secom-Segundo Piso. En la era Bachelet todo eso se concentraba en Juan Carvajal Trigo y, precisamente, a el le preguntamos qué haria si su cliente fuera Piñera. Aqui va. Por Juan Carvajal

  • 16 noviembre, 2010

Para variar, la política comunicacional en el centro del debate. Si hasta el presidente Piñera la reconoce como una de las falencias de su administración, mientras se anticipan cambios al modelo Secom-Segundo Piso. En la era Bachelet todo eso se concentraba en Juan Carvajal Trigo y, precisamente, a el le preguntamos qué haria si su cliente fuera Piñera. Aqui va. Por Juan Carvajal

 

Para variar, la política comunicacional en el centro del debate. Si hasta el presidente Piñera la reconoce como una de las falencias de su administración, mientras se anticipan cambios al modelo Secom-Segundo Piso. En la era Bachelet todo eso se concentraba en Juan Carvajal Trigo y, precisamente, a el le preguntamos qué haria si su cliente fuera Piñera. Aqui va. Por Juan Carvajal

 

Recientemente se ha conocido que el presidente Piñera quiere establecer una tuición más directa de la Secretaría de Comunicaciones –la Secom– desde la presidencia. Para quienes conocemos del tema, no resulta nada novedoso, puesto que en la práctica la Secom siempre dependió de la presidencia, aunque –en términos administrativos– lo hiciera del ministerio Secretaría General de Gobierno. Entre otras cosas, porque la presidencia carece –por ley– de una planta funcionaria con cargos establecidos a nivel directivo y profesional.

Sin embargo, el asunto no es trivial, ni de segundo orden ni menos, administrativo. La medida responde, más bien, a necesidades políticas. Especialmente, porque la decisión presidencial dejó al descubierto que, en el rescate de los mineros, quien operó en términos comunicacionales fue el “segundo piso” y no la Secom. Y puso también en evidencia que en todas las temáticas sectoriales que hoy aparecen cuestionadas por su deficitario trabajo de difusión de las políticas gubernamentales, es la Secom quien ha tenido la responsabilidad de desarrollarlas.

El ministerio Secretaría General de Gobierno es una entidad que ha estado bajo la mira en casi todos los re-diseños ministeriales que se han planteado a lo largo de los años post dictadura. Tiene a su cargo entidades muy distintas y no relacionadas entre sí. Allí están, por ejemplo, Chile Deportes, la Dirección de Organizaciones Sociales de Gobierno y la misma Secretaría de Comunicaciones. Su cabeza –en este caso, la ministra Ena von Baer– tiene como misión la vocería, que es un aspecto importante en las comunicaciones gubernamentales. Sin embargo, no es condición para ser ministra de esa cartera ser una experta en comunicaciones o una estratega. Se busca, más bien, a un político con buena impronta ciudadana.

Suele ocurrir que esos ministros se molestan por la conexión directa que, por naturaleza, debe establecer el encargado de las comunicaciones con la presidencia. Y este es el origen del problema que enfrenta el actual gobierno.

Cuando se estaban formando los equipos gubernamentales, el nombre del ex diputado UDI Darío Paya apareció como una alternativa capaz de posibilitar un trabajo eficaz en las comunicaciones pero, por sobre todo, una mano firme con capacidad de interlocución en el ámbito comunicacional con los distintos ministros sectoriales. A la ministra Von Baer no le gustó esta fórmula y puso sus condiciones. Ella quería una Secom bajo su mando absoluto, dirigida por un profesional de bajo perfil y que respondiera a su conducción, lo que fue aceptado. Esto marcó el desarrollo de un proceso que explica las molestias presidenciales de hoy. Porque, al fin y al cabo, el tema es simple y se sintetiza en ese viejo dicho popular que dice “pastelero, a tus pasteles”. A saber:

-A la ministra se le pide que sea vocera, no experta en comunicaciones.

-A la presidencia se le exige que sea eficiente en proyectar una imagen que dé cuenta de lo que, de verdad, está realizando el presidente.

-A la SECOM se le exige eficiencia en la coordinación de la política comunicacional, a nivel presidencial y gubernamental.

-De todas estas entidades, se espera coherencia política, comunicacional y de gestión.

Nada de lo anterior ha ocurrido. Los problemas que se quieren resolver hoy son, ni más ni menos, que herencia de las decisiones que tomó el propio presidente Piñera al inicio de su mandato.

A la gigantesca y excepcional cobertura medial que acompañó al episodio minero, le ha sucedido la pérdida del gobierno del manejo de la agenda pública. Molesta en La Moneda que lo que se discuta por estos días es si el presidente intervino o no en la elección de la ANFP, o si se están haciendo las cosas como corresponden en la reconstrucción en las zonas afectadas por el terremoto.

Las dificultades que enfrenta hoy la ministra Von Baer son resultado de su afán inicial de querer controlarlo todo, especialmente en un área que no es de su expertise. El ser periodista no es necesariamente sinónimo de estratega. La Secom se ha convertido hoy en una suerte de empresa de servicios y está pagando los costos de una entidad que “fabrica productos” sin mirada estratégica. Ahora será tarea del “segundo piso” ver cómo se las arregla para reorientar un trabajo gubernamental que, a todas luces, carece de diseño.

El buscar que “todo cambie para que nada cambie” se ha demostrado por siglos como una política equivocada: se quiso llegar a La Moneda y dar señales distintas, y –a mitad del camino– se está llegando a algo parecido a lo que había, sin tomar adecuadamente en cuenta la experiencia y, por cierto, con todas las dificultades que entraña retomar un camino sin diseños globales. Y todo esto, partiendo de la premisa de que los problemas son de comunicaciones y no de gestión; lo que ciertamente es discutible, pero no materia de este artículo.