La Concertación espera ansiosa que Bachelet anuncie su deseo irresistible de repetirse el plato presidencial, a pesar de que su doctrina formal, en ese sentido, es todo lo contrario. Pero claro, por qué nos extrañaríamos: se trata de una persona indecisa, que en realidad no tiene muchas ideas propias en políticas públicas, y con […]

  • 21 febrero, 2013

 

La Concertación espera ansiosa que Bachelet anuncie su deseo irresistible de repetirse el plato presidencial, a pesar de que su doctrina formal, en ese sentido, es todo lo contrario. Pero claro, por qué nos extrañaríamos: se trata de una persona indecisa, que en realidad no tiene muchas ideas propias en políticas públicas, y con claras incompetencias de gestión y acción. Su gobierno, en resultados, fue simplemente “reguleque”. Popularidad no es sinónimo de buen gobierno. El activo principal de la ex presidenta es ser mujer y también su simpatía, dos atributos que son indiferentes al momento de gobernar. A pesar de que hay una altísima probabilidad de que sea candidata, hay una probabilidad de que no lo sea, hasta que se pronuncie formalmente. Lo sabremos pronto. Reitero que tiene una personalidad indecisa, más bien intuitiva que racional, y eso abre siempre nuevos escenarios a sus impulsos.

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Si decide ser candidata, la pista no será tan fácil como cree la Concertación. Ella ha sido muda en relación a los problemas del país y de su coalición, y tendrá que ponerse al día ante la opinión pública. Tiene primero que defender los estropicios de su gobierno que son muchos, como Enap, el Transantiago, EFE, Sename, Cenabast, corrupción, desastre en finanzas públicas, Onemi, deportes, alto desempleo, inflación, productividad, caída de la inversión, fondo del cobre, colas Auge, carreritas a besar la mano de Fidel, etc. Tiene además un punto negro que es el 27F, donde hubo muertos, que le va a pesar por largo rato. Luego debe explicar por qué no hizo lo que Piñera demostró que sí se podía hacer en políticas sociales. Tercero, deberá entrar a la coyuntura, en las pugnas de su coalición, la disputa PDC-PC, el tema de los estudiantes, asamblea constituyente, energía, los mapuches, Cuba y Corea del Norte. Finalmente debe darnos sus ideas del futuro sobre las que nunca ha dicho nada ni menos escrito algo. Toda esa carga temática es difícil para una persona con poco liderazgo, pocas ideas, que en general prefiere no hablar.

En ese contexto deberá enfrentar las primarias que en sí ya son un poco humillantes para un ex presidente. Lagos nunca las aceptó. Deberá, así, enfrentarse a los ex ministros Gómez, Velasco y Orrego. Recibirá los ataques de Jocelyn-Holt, Parisi, MEO, y por cierto de la coalición de gobierno, y de la extrema izquierda. Todo esto es mucho para una persona que no le gusta hablar y que no tiene muchas ideas propias en política, y las que tenía no le funcionaron mucho en su gobierno, como paridad de géneros, gobierno ciudadano, independencia de los partidos y otras propuestas que abandonó muy prontamente después de ser dichas. Recordemos la cantidad de ministros del Interior que fue descartando porque no es fácil trabajar con quien no tiene líneas claras de acción y mando. En fin, en la primaria claramente ganaría, pero con algunos rayones en la pintura que significan votos muy valiosos.

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De ahí debe pasar a la primera vuelta donde habrá un candidato del oficialismo y nada menos que MEO que espera impacientemente el primer debate para arrasar con ella… y conociendo ya todos sus argumentos y debilidades en la primaria. Agreguemos a esto que la Concertación ya no cuenta con el aparato estatal del que siempre ha sabido abusar. La pista entonces no es tan fácil como la ve la oposición, sino justamente al revés.

Pero lo más difícil recién empieza. Deberá presentar un programa de gobierno que debe ser suscrito por nueve partidos, no cuatro como fue antes: PPD, PS, PDC, PRSD, IC, PRO, MAS, PC, PRI. Estos partidos son realmente muy diferentes entre sí y no será fácil llegar a un buen acuerdo de programa. Si lo hacen, y dejan atrás sus diferencias, podría básicamente ser inocuo. Con menos partidos, la mezcla ideológica fue parte del drama de Frei en su campaña. Simplemente no podía opinar porque alguno de sus partidos se le indignaba. Qué dirá Bachelet de la constituyente, de la educación, de las isapres, de Cuba, de Irán, de Venezuela, del agua, de la energía hidroeléctrica y nuclear, del medio ambiente, de la modernización del Estado, impuestos, de la descentralización, delincuencia, EFE, en fin. En los 9 partidos las posiciones son simplemente polares. Los díscolos abundan en estos tiempos y los francotiradores saldrán de todos lados. Así le pasó ya en su gobierno. Lo delicado es que MEO, astilla del mismo palo, sí tiene posiciones claras sobre cada uno de esos temas y será quien le raye la pintura en la primera vuelta, donde también podría llegar Parisi que también tiene propuestas claras y ganas de atacar. En suma, la pista está mucho más difícil para Bachelet de lo que se cree. El silencio que le ayudó ahora será su calvario.

Pero en realidad, el mayor drama para ella sería si llega a ganar. Tendría que acomodar a los 9 partidos dentro de su gobierno, una pugna que sería a cuchillo. Más allá de las declaraciones oficiales, la intelectualidad de la oposición no le tiene mucho respeto a Bachelet: todos reconocen en privado, y me consta, sus enormes debilidades y falta de liderazgo. Todos la ven como un trampolín al poder, que aceptan sólo para realizar sus propias agendas. Ahí entonces empieza el drama. Es imposible mantener esa coalición en forma armoniosa en el gobierno sin concederles acciones e iniciativas legislativas. La pugna sería tremenda y le volverá a ocurrir a Bachelet, que se le descolgarán personas y partidos haciendo totalmente ingobernable su gestión. En su gobierno se perdió a figuras emblemáticas como Flores, Schaulsohn, MEO, Arrate, Mulet, Zaldívar, , Carlos Ominami, Sepúlveda, Navarro entre otros. A esto debemos agregar tres variables adicionales; primero, que son tantas las expectativas que se han generado con Bachelet que le exigirán mucho más de lo prudente, y eso agravará la situación. Segundo, que tras la forma en que la Concertación hizo su oposición, realmente obstructiva y negativa, la Alianza no será tan benigna como lo fue anteriormente y con más conocimiento ahora del aparato estatal. Finalmente está el nuevo escenario de los “movimientos sociales” que ahora serán aún más activos.

No se gobierna sin hablar y con sólo buenas intenciones. Se gobierna con ideas, equipo y liderazgo fuerte. En este caso, Bachelet efectivamente se podría repetir el plato, contra sus propios principios, pero ciertamente esta vez, creo yo, se intoxicaría severamente perdiendo todo el prestigio que el destino casualmente le regaló. •••