Por Pía Ramírez, socia de la consultora Plus Hunting. La sociedad está teniendo un cambio profundo. Parte importante de los movimientos sociales que se están produciendo parecían impensables hace unos pocos años. La cuestión de género, que ha marcado la pauta durante los últimos meses en nuestro país, venía hace rato presente en la agenda […]

  • 15 agosto, 2018

Por Pía Ramírez, socia de la consultora Plus Hunting.

La sociedad está teniendo un cambio profundo. Parte importante de los movimientos sociales que se están produciendo parecían impensables hace unos pocos años. La cuestión de género, que ha marcado la pauta durante los últimos meses en nuestro país, venía hace rato presente en la agenda de otras latitudes. Históricamente, las transformaciones sociales decisivas fueron casi siempre el resultado de guerras o revoluciones.  Hoy día, son los movimientos sociales de grupos organizados y otros no tanto los que se están encargando de instalar temas y promover reformas a través de manifestaciones difundidas mayoritariamente por las redes sociales.  

Esta atmósfera de cambios ha instalado en la agenda nuevos desafíos y nos ha obligado a reflexionar a todo nivel, produciendo repercusiones importantes en distintos escenarios como la familia, la universidad y la empresa, entre otros. Saber cómo y cuánto ha afectado es la cuestión. Nuestra experiencia en la búsqueda de ejecutivos nos permite apreciar la repercusión de estas transformaciones en el ámbito del trabajo. Quienes se incorporan al campo laboral ya no están dispuestos a tolerar situaciones que nuestra generación hace no tanto tiempo pasaba por alto. Es lo que sucedía por ejemplo con jefes distantes e indolentes al buen desempeño; las jornadas de trabajo interminables e improductivas; los negocios sin ningún impacto positivo para la comunidad y otras malas prácticas como las faltas a la ética o el acoso en todas sus formas. 

Lo mismo sucedía con la cuestión del género, solo reclamada por los grupos más extremos antes de ahora. Esta inequidad y la importancia que ha cobrado el respeto por el medioambiente son algunas de las nuevas preocupaciones que han venido desde afuera a modificar las relaciones y el umbral de tolerancia al interior de las empresas, porque las compañías han debido adaptarse a esta nueva realidad y comenzar a modificar sus protocolos, aunque no haya estado en ninguno de sus planes estratégicos hacerlo. Y los más jóvenes han sido clave para la difusión de estos nuevos temas de preocupación al interior de las empresas. 

Hoy día, esta innegable realidad condiciona la sobrevivencia de la empresa, ya que el éxito y la sostenibilidad de su quehacer dependerán de la rapidez con que se adapte a estos cambios, desarrollando nuevas políticas de relacionamiento con todos los stakeholders,  velando porque se respete la dignidad de las mujeres, incorporando todo tipo de diversidad en sus filas, proveyendo oportunidades destinadas a favorecer y potenciar el desarrollo del talento, flexibilizando y renovando continuamente los procesos internos, mostrando la  apertura suficiente para innovar continuamente y, en caso de malas prácticas, estableciendo procedimientos de denuncia y pesquisa serios, seguros y efectivos.

¿Cuánto de esto modifica el mercado del trabajo y en qué medida? Enormemente. Estamos presenciando un cambio de época y las empresas e instituciones deben estar muy conscientes de esta situación si su objetivo es perdurar y trascender en el tiempo. El capital humano es demasiado importante como para ignorar la presión de los grupos sociales. Y la nueva fuerza laboral exige respeto a ciertos valores y prácticas que las compañías han debido incorporar e implementar para fidelizar a sus colaboradores porque, en la era del sentido, los jóvenes buscan pertenecer y comprometerse con aquello que les merece la pena levantarse todos los días. De tal forma que las preguntas que caracterizan los procesos de selección ahora deben también contemplar respuestas referidas a cómo la empresa entiende y atiende estos nuevos requerimientos.