Nunca ha dejado de ser un hombre de empresas, pero hace mucho rato que andaba sumergido. Lo último que supimos de él fue en 2004, cuando anunció que le compraba el 50% de Reifschneider a su hermano Fernando, quedándose como único controlador de la empresa de artículos fotográficos. Por esos días también se estaba […]

  • 10 agosto, 2007

 

Nunca ha dejado de ser un hombre de empresas, pero hace mucho rato que andaba sumergido. Lo último que supimos de él fue en 2004, cuando anunció que le compraba el 50% de Reifschneider a su hermano Fernando, quedándose como único controlador de la empresa de artículos fotográficos. Por esos días también se estaba retirando de la propiedad de Inducorn, la firma proveedora del 90% de la fructosa que se consume en Chile. Pues bien, hoy es un hombre completamente diversificado. Para empezar, ingresó al mercado del champagne. Junto a Gastón Cruzat, Fernando Riera y Pedro Grand, Boher levantó hace un par de años la viña Cruzat, en Mendoza, la que tendrá una producción de 300 mil botellas anuales, orientadas básicamente al mercado local argentino, que consume cerca de 20 litros per cápita al año. La viña cuenta con la mano del enólogo Pedro Rossell, galardonado en varias ocasiones por hacer el mejor champagne de América latina.

También en el negocio del agro, hace un par de meses Boher se asoció con Víctor Moller y Juan Sutil, ambos dueños de Hortifrut, a quienes les aportó 140 hectáreas de plantaciones de arándanos, en la zona de Mataquito y otras 80 hectáreas en Angol. Si duda, las más grandes de todo Chile.

También es dueño de la fábrica de pisos de madera Victoria Floor y, a través de Reifschneider, controla el 100% del negocio en Argentina, el 50% en Santiago y el 50% en Iquique. Este último, en todo caso, es más grande que cualquiera de los anteriores, pues tiene la representación de las marcas Philips, HP, Olympus, Fuji y TDK, entre otras, que se comercializan en la Zofri. Pero el negocio que más le quita el sueño, por lejos, es el de etanol. Por estos días Boher está buscando terrenos en Paraguay, donde pretende adquirir varios cientos de hectáreas para plantar caña de azúcar. Su idea es operar en conjunto con un grupo azucarero brasileño –del que no sabemos el nombre– y sumar al proyecto un socio paraguayo. Se trata de una inversión de más de 100 millones de dólares, donde dicen, está apostando gran parte de sus fichas.