Con la cantidad de estrenos que habrá en el segundo semestre, pareciera que el cine nacional está floreciendo. Una apuesta valiente, dado lo malos que somos para ver películas chilenas. Conversamos con los creadores de dos de estos filmes y comprobamos que, pese a ser distintos en su factura, tienen bastante en común. De partida, ambos han participado con éxito en festivales internacionales, dando a conocer nuestro cine al mundo. Uno de ellos, Tony Manero, fue ovacionado en Cannes, mientras que El Brindis, recibió el premio del público en el Festival de San Diego.

  • 6 agosto, 2008

 

Con la cantidad de estrenos que habrá en el segundo semestre, pareciera que el cine nacional está floreciendo. Una apuesta valiente, dado lo malos que somos para ver películas chilenas. Conversamos con los creadores de dos de estos filmes y comprobamos que, pese a ser distintos en su factura, tienen bastante en común. De partida, ambos han participado con éxito en festivales internacionales, dando a conocer nuestro cine al mundo. Uno de ellos, Tony Manero, fue ovacionado en Cannes, mientras que El Brindis, recibió el premio del público en el Festival de San Diego. Por María Luisa Vicuña.

 

 

 

 

El Brindis

Director: Shai Agosin
Actores: Pepe Soriano, Ana Serradilla y Francisco Melo
Producción: Agosin Films (Chile)
Coproducción: Goliat Films (México)

Reseña

Lo primero que se dice sobre esta película, es que “no parece chilena”. ¿Qué significa eso? Que su imagen, su trama, su forma de hablar son distintas a lo que estamos acostumbrados a ver en nuestro cine.

Ambientada principalmente en Valparaíso –excepto algunas escenas en Ciudad de México– trata la historia de una fotógrafa mexicana, Emilia (Ana Serradilla), que decide viajar a Valparaíso, ya que su padre –a quien casi no conoce– le pide que lo visite. Con muchas dudas y miedos por esta familia paterna, de costumbres judías y que por lo mismo parece tan distinta a ella, Emilia llega a casa de Isidoro (Pepe Soriano) y deja que éste le muestre su mundo. Así conoce a David (Francisco Melo), el rabino de la comunidad, que está pasando por un momento de profunda crisis en su vida.

“… Porque nunca es tarde para empezar de nuevo”, El Brindis cuenta con una historia simple, pero con detalles sutiles, la posibilidad de reencontrarnos con nuestra propia historia, con lo que somos y no queremos asumir.

Esta es la opera prima de Shai Agosin, emprendedor con vasta experiencia en la realización y producción de eventos y programas de televisión, pero para quien esta es su primera incursión en el cine.

Gabriel Agosin, hermano del director y productor ejecutivo de la película, cuenta que la idea de El Brindis surgió hace tres años. Obviamente, tuvo variaciones en su guión a medida que se fue trabajando, pero un elemento que se mantuvo, fue que la película transcurriera en Valparaíso, lo que determina su carácter.

Gran parte de la historia y de sus emociones se relatan a través de la imagen, de los colores del puerto, el mar azul de fondo y el verde de las viñas de la zona central. Agosin cuenta que trabajaron con altos estándares de calidad respecto a la iluminación y fotografía de este filme, y que por eso lograron una película de factura internacional, que da la sensación de que no fuera chilena.

Otra de las características que la hacen parecer internacional es que dos de sus tres protagonistas no son chilenos. De hecho, el personaje de Emilia es interpretado por la mexicana Ana Serradilla, quien, según Gabriel Agosin, interpreta exactamente lo que ellos querían reflejar: “es una mujer muy linda, pero sobre todo muy dulce. Creo que el público y especialmente las mujeres lograrán identificarse con ella, porque no tiene para nada aires de diva; al contrario: es muy sencilla, como su personaje Emilia”.

Pero definitivamente el que se lleva todas las flores es Pepe Soriano, destacado actor argentino que interpreta en forma brillante a Isidoro, el patriarca de una familia judía, ya mayor, que decide reencontrarse con sus orígenes y hacer parte de ellos a una hija a la que ha tenido abandonada.

Aunque es un actor de amplia trayectoria en Argentina, España y otros países, es primera vez que trabaja en el país. Para él, “la experiencia no pudo ser más saludable: tuve la oportunidad de convivir con todo el equipo de trabajo y con la gente en Chile, que tiene un ritmo más pausado que en Argentina. Pude conocer mucho Valparaíso y Santiago, y además de todo eso, ¡me pagaron!”.

De un tiempo a esta parte, Soriano está realizando la quinta temporada de la obra de teatro Visitando a mister Green en Buenos Aires, y fue así como los hermanos Agosin llegaron a él. Les costó mucho dar con el actor para el personaje de Isidoro, pero partieron a Buenos Aires, vieron la obra y decidieron que el protagonista de El Brindis no podía ser nadie más que él.

Soriano no aceptó de inmediato, pero luego de leer el guión y darse cuenta de que Isidoro iba muy en línea con lo que él venía haciendo, aceptó. Explica, además, que su personaje lo conmovió: “me gusta especialmente la escena en que Isidoro está con niños que como él van a hacer el bar mitzvah y le preguntan qué edad tiene. El contesta que tiene por lo menos 70 años más que ellos, y con impresión los niños le vuelven a preguntar por qué entonces va realizar esta ceremonia a esa edad e Isidoro contesta: porque me acabo de dar cuenta que soy judío”. Esa frase es la que, a juicio de Soriano, representa la gran persona que es su personaje y continúa: “Isidoro asume su condición a pesar de su edad. El había pasado la vida al margen de la religión, pero en un
momento extremo se da cuenta de su origen, de su identidad y lo asume, eso me parece bárbaro. Este tipo no se renuncia ni se deja ganar, sino que asume la responsabilidad”.

El Brindis habla de reencuentros, y puede ser una ocasión para que el público se reencuentre con el cine chileno, porque nunca es tarde para empezar de nuevo…

 

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Tony Manero

Director: Pablo Larraín
Actores: Alfredo Castro, Amparo Noguera, Elsa Poblete
Producción: Fábula (Chile)
Coproducción: Prodigital (Brasil)

Reseña

Ambientada en 1978, en pleno gobierno militar, su protagonista, Raúl Peralta (Alfredo Castro) es un hombre cincuentón obsesionado con la idea de ser lo más parecido posible, hasta virtualmente convertirse en Tony Manero, el personaje de John Travolta en la película Fiebre de sábado por la noche. Como parte de su obsesión, Raúl dirige un grupo de bailarines que cada sábado en un show nocturno despliega sus aptitudes y su capacidad para ser más parecido a su ídolo Manero. En el fondo, sueña con convertirse en una estrella del entretenimiento. Y parece que su ilusión está por hacerse realidad, porque TVN anuncia que el programa el Festival de la Una, busca imitadores del personaje de Travolta.

Peralta, en su afán de convertirse cada vez más en su alter ego, comienza a reproducir la atmósfera de la película, cometiendo una serie de crímenes y robos. En forma paralela, sus compañeros de baile son perseguidos por la policía secreta del gobierno, por participar en actividades en contra del régimen.

Tony Manero cuenta una historia sobre la pérdida de identidad en los difíciles años de la dictadura. Es un viaje trágico a un destino inexorable por algo que no puede suceder.

La idea de esta segunda película de Pablo Larraín surgió mientras estaba en la postproducción de Fuga. Larraín encontró la fotografía de un hombre en calzoncillos, fumando con una pistola en la mano y mirando a la nada. Con esta imagen decidió que quería hacer un nuevo filme. Le mostró la foto a Alfredo Castro y Mateo Iribarren, con quienes había trabajado en su largometraje anterior, y así empezaron a surgir la historia, la atmósfera e incluso el lugar donde querían ubicar el argumento.

Finalmente se quedaron con un relato simple: todo ocurre en torno al personaje principal, interpretado por Alfredo Castro, rol que le valió una comparación con el destacado Al Pacino de parte del famoso diario francés Le Monde.

La técnica de actuación en este caso era precisamente no actuar, lo que Castro explica como “una paradoja tremenda para un actor, porque es quedarse sin recursos, romper discursos aprendidos”. Para Castro era un desafío porque es precisamente lo que intenta enseñar a sus alumnos… Y al parecer el objetivo de Larraín fue logrado: después de una de las funciones que presentaron en el Festival de Cannes, el director argentino Lisandro Alonso, que practica la técnica de no actuación e incluso no trabaja con actores, se acercó a Pablo Larraín y le preguntó si Alfredo Castro era o no actor.

La idea de la “no actuación” es que produzca una verdad distinta, lo que permite construir el personaje de tal forma que el público llega a creer que el actor es así. Además, en esta historia hay personajes que hacen de ellos mismos, como Enrique Maluenda, que actúa como el animador del Festival de la Una, en una dinámica tan real como la que debía alcanzar Castro como Raúl Peralta.

Con su primera película, Fuga, Larraín recibió críticas y no tantos elogios como con Tony Manero, pero para él este es el orden natural de las cosas: “estoy orgulloso de haber hecho Fuga, con todos los defectos y virtudes que tiene. Estoy aprendiendo y he tenido la suerte de hacer dos películas como yo he querido. Habría sido imposible llegar a Tony Manero si no hubiera hecho Fuga antes”.

La historia de esta película es violenta, pero con una violencia sugerida. No hay efectos especiales, todo es real, todo pasa delante de cámaras. La idea era que la cámara fuera un testigo ocular.

Uno de los resultados del exitoso paso por el Festival de Cannes de esta película es que ya se vendió a muchos países y vaya a participar en los futuros festivales de Toronto, San Sebastián y Londres. Sus productores están orgullosos de que la película logre méritos artísticos y a la vez una coherencia comercial, que le permite financiarse y estrenarse en muchos países del mundo. Porque finalmente el largometraje trata un tema universal, a pesar de hablar desde nuestra realidad local… La idea del sueño americano, de ser reconocido, de ser visto.

 

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La buena vida

Director: Andrés Wood
Actores: Aline Kuppenhein, Roberto Farías, Eduardo Paxeco y Paula Sotelo
Producción: Andrés Wood Producciones (Chile)
Coproducción: DB cine (Argentina), Tornasol Films (España), Paraíso Production
(Francia), Chilefilms (Chile)

La buena vida es el nuevo desafío de Andrés Wood, luego del éxito logrado por Machuca. Esta película, que también se estrena durante agosto, narra en forma paralela las peripecias de cuatro personajes que viven en la vorágine de Santiago: una sicóloga (Aline Kuppenheim) que busca salvar vidas, un peluquero (Roberto Farías) que sueña con comprarse un auto, un músico (Eduardo Paxeco) que quiere entrar a la Orquesta Filarmónica y una mujer (Paula Sotelo) que sólo sobrevive. El anhelo de cada uno de ellos parece ser accesible y, sin embargo, ninguno lo logra. Lo que obtienen a cambio será inesperado.

 

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Matar a todos

Director: Esteban Schroeder
Actores: Roxana Blanco, Claudio Arredondo, Jorge Bolani, María Izquierdo
Producción: Parox (Chile)
Coproducción: Morocha Films y HD (Argentina), Guazú-Media
(Uruguay) y Sur Films (Alemania)
 

Esta película recrea el caso Berríos y el presunto asesinato del ex presidente Eduardo Frei Montalva, en el marco de distintos episodios de la Operación Cóndor, combinando la ficción con lo real. Un hombre huye desesperado por el bosque de un balneario uruguayo, denuncia que van a matarlo y que es chileno. Su nombre es Eugenio Berríos. Esto llega a la abogada Julia Gudari (Roxana Blanco) quien, a medida que investiga, descubre que la policía ha pretendido borrar todo rastro del caso. Desde la embajada de Chile tampoco encuentra respuesta: no hay registros del ciudadano chileno que hizo la denuncia y un médico que lo atendió fue misteriosamente asesinado en una rapiña.