El triunfo de Ollanta Humala en Perú sorprendió a los liberales que veían en retirada el populismo socialista de Chávez. Ellos preferirían ver en Chile un modelo regional que –al menos- entusiasmara a los posibles candidatos ganadores, como Macri en Argentina. Por Guillermo Turner.

  • 18 abril, 2011

 

El triunfo de Ollanta Humala en Perú sorprendió a los liberales que veían en retirada el populismo socialista de Chávez. Ellos preferirían ver en Chile un modelo regional que –al menos- entusiasmara a los posibles candidatos ganadores, como Macri en Argentina. Por Guillermo Turner.

Los integrantes de la exclusiva y liberal Sociedad Mont Pelerin, convocados en Buenos Aires con motivo de su encuentro regional, esperaban con ansias a comienzos de semana al ministro secretario general de la Presidencia de Chile, Cristián Larroulet. Reconocido hombre de sus filas, compartiría escenario con el alcalde de Buenos Aires y principal carta electoral de la desmembrada derecha trasandina, Mauricio Macri.

“Puede que la experiencia chilena lo motive, finalmente, a ser candidato”, comentaba en los días previos al encuentro un cercano al también dirigente del popular club de fútbol Boca Juniors. Porque mientras Buenos Aires comienza a inundarse de carteles y panfletos que anuncian postulaciones a alcalde y gobernador para los comicios de fines de año –y figuras como Duhalde, Das Neves y De la Sota hacen lo suyo para las presidenciales de 2012– el futuro de Macri permanece en el misterio. Y bajo este panorama, tanto las encuestas como la percepción de los analistas concluyen en lo mismo: Cristina Fernández mantiene la principal opción para reelegirse al frente de la Casa Rosada.

Aunque los miembros de la Mont Pelerin miran con recelo el primer año de gobierno de Sebastián Piñera en Chile (“mucho asistencialismo”, reclaman), concluyen que se trata de un caso aislado en una región que –salvo Santos, en Colombia– evidencia, nuevamente, el avance del populismo socialista de Hugo Chávez. Como era de suponer, el triunfo de Ollanta Humala en Perú les cayó como un balde de agua fría y, lo que es peor, ahora tienen que enfrentar la segunda vuelta con la controvertida carta de Keiko Fujimori como su mejor opción.

El “caso aislado”, como se refieren a Chile, tampoco es una buena noticia para el gobierno de Sebastián Piñera. Quedar rodeado por el trío Ollanta, Evo y Cristina no es el mejor escenario para una política exterior que, al menos desde el punto de vista de la inteligencia militar, siempre consideró 2012 como el año de mayor riesgo en lo que a convivencia limítrofe se refiere. Para eso se preparó la cancillería, estableciendo un diálogo directo entre Piñera y su par boliviano (el mismo que hoy parece interrumpido ante la nueva ofensiva marítima de Morales) y las mejores y más cordiales relaciones con la presidenta argentina, aunque ello supusiera homenajear en conjunto a Perón y a Allende. La alternativa de Keiko tampoco es segura, tanto por las cuentas pendientes que su extraditado padre pueda tener con nuestro país como por el propio populismo que pueda incubar la candidata (después de todo, al igual que Humala, también llamó a Chile a pedir disculpas, aunque al menos evitó incluir la guerra del Pacífico en el petitorio).

Probablemente, la mayor apuesta diplomática chilena es la desarrollada con Ecuador, país con el cual los problemas limítrofes con Perú resultan una causa común. Pero las políticas de Rafael Correa tampoco permiten ubicarlo en la órbita piñerista, dejando siempre un espacio para la duda en lo que a respaldos internacionales se refiere.

Queda por resolver la manifestación práctica de esa alianza entre iguales a la que convocó Brack Obama en Santiago y su influencia final que pueda tener en la región. Porque ahí sí que Chile puede jugar un rol articulador.