Los contenidos del programa económico de Eduardo Frei, cómo están trabajando los equipos de Océanos Azules y los perfiles de sus colaboradores

  • 28 abril, 2009

 

La reforma del Estado cruza todo el programa de Gobierno del candidato de la Concertación y que su equipo Océanos Azules afina en la más extrema reserva. El objetivo es saltar de la macro a la microeconomía, con el desarrollo humano como eje y propuestas que se aventuran polémicas. En septiembre será dado a conocer, previo debate con los partidos de la coalición. Por Elena Martínez.

Un rompecabezas en pleno diseño. Así es la imagen que surge cuando se trata de describir las propuestas económicas que el candidato presidencial de la Concertación, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, elabora para en su programa de gobierno.

En Océanos Azules –como poéticamente se denomina al equipo de profesionales que trabajan en las 28 comisiones temáticas encargadas de armar el programa– lo tienen claro. No hay contenidos ni propuestas tabú. Todo se sube a la web para ser debatido. Pero será el abanderado -y nadie más– quien zanjará qué va y qué se desecha.

Esa decisión final no debería pasar de septiembre, la fecha que se maneja en los círculos más allegados al ex gobernante como tope para difundir el programa definitivo al país. Llegar hasta allí contempla la entrega de algunas proposiciones preliminares en mayo, sucesivos avances en junio y la entrega del documento global de Océanos Azules a Frei en julio, a más tardar.

Una aclaración: este documento “vector” –término que escuchamos repetidas veces mientras recopilábamos antecedentes para este reportaje– no será el definitivo, porque luego viene la prueba de fuego, que es ni más ni menos que la armonización de esas ideas ciudadanas (depuradas por los “facilitadores” o conocedores de cada tema) con lo que los distintos partidos de la Concertación extraigan de sus planteamientos internos. O sea, la discusión con las directivas de los partidos, etapa que –por cierto– nunca es fácil.

En ese sentido, más datos para hacerse una idea de lo que viene. La Democracia Cristiana tiene su propio grupo trabajando en los contenidos del programa para un posible quinto gobierno de la Concertación y en el ámbito de la economía incluye las visiones de economistas como Andrés Sanfuentes y Ricardo Ffrench-Davis. El Partido Socialista, a su vez, ha sostenido encuentros con las instancias directivas de Océanos Azules para ir acercando posiciones.

Hasta ahora, Frei –con un anterior mandato marcado por el impulso de la inversión privada en infraestructura, firma de tratados comerciales y leyes de modernización de la banca, inversión extranjera, AFP (multifondos) y los derechos del consumidor, más remezones varios por la crisis asiática de 1998– se muestra reservado y evita hacer pronunciamientos tajantes. Similar actitud mantienen los profesionales más inmediatos al abanderado como, por ejemplo, los integrantes del llamado núcleo programático, como la ex ministra Paulina Veloso, el ex subsecretario Guillermo Pickering, Ernesto Barros, Ricardo Herrera o Ignacio Corcuera, para mencionar sólo unos cuantos.

Esta estrategia –que irradia también a los coordinadores de comisiones y a sus miembros, cuyos nombres por instantes pueden ser casi “secreto de Estado”– tiene una poderosa razón que surge del concepto que mueve al grupo Océanos Azules: sencillamente, no puede haber anuncios o medidas públicas mientras no hayan sido confrontados con las opiniones de la ciudadanía.

Así de simple. Así de rotundo. Lo exige la estructura de cascada del movimiento, que tiene –dice– en su cima a la gente. Y aunque el barco no esté a la deriva y el caos que surge en una primera mirada tiene, en realidad, una organización notable pero hermética, nadie abrirá la boca mientras no se hayan procesado los puntos de vista que llegan a la web o surgen en los encuentros en terreno.

 


Un nuevo Estado

Hay, sin embargo, señales potentes que, sumadas a las conversaciones en “on” y “off”, algunos dichos del abanderado presidencial, los debates cibernéticos y numerosos documentos subidos a la página web de Océanos Azules, permiten dar algunas luces de por dónde irán las definiciones.

Veamos. Una es el proyecto de reforma que Eduardo Frei entregó en diciembre y donde, por ejemplo, habló de incentivos tributarios para que las empresas públicas y privadas instalen sus casas matrices en regiones y de crear un ministerio coordinador de políticas sociales, de manera que la negociación presupuestaria anual sea con un solo interlocutor, para asegurar el cumplimiento coherente de las líneas claves.

Ambas acciones son la punta del iceberg de uno de sus temas prioritarios: la reforma del Estado. Hacia aquí apunta su mirada porque, sin cambios en las estructuras de planificación y gestión del aparato público, cree imposible llevar a cabo la innovación con la que sueña marcar su posible segundo gobierno.

“Una clave para entender lo que se está haciendo es que para nosotros los problemas son intersectoriales y no obedecen para nada a la estructura compartimentada del Estado, tal como está organizado hoy”, nos dijo un cercano colaborador del candidato. De ahí, explicó, que una reestructuración no pasa sólo por dividir ministerios o reducir plantas, sino por crear órganos que tengan la multiplicidad de competencias y no sólo un nombre decorativo.

Se trata de dar un salto potente y no fácil. Pasar de las políticas públicas basadas en las cifras macroeconómicas –lo meramente cuantitativo, “importante pero sólo un primer paso”, nos recalcaron– a las cualitativas, con un fuerte acento en quien debe ser el favorecido por ellas.

“Una economía con paradigmas humanos”, le llaman. Ese es el ilustrativo nombre de la comisión que lidera el trabajo a nivel de producción, crecimiento y equidad. “Se busca mirar los problemas desde los ciudadanos, no desde los ministerios”, nos dijo un entrevistado. Pero esta última frase, que bien puede sonar “cliché” o repetida, se traduce en que –si tomamos un caso en el sector Salud– la prioridad no iría por aumentar los centros de atención, sino por solucionar la calidad diaria en aspectos como la eficiencia en la llegada de una ambulancia ante una emergencia.

Los indicadores de desarrollo humano deben llevar la batuta en este enfoque, se nos explicó, y la idea es que éstos sean el sello del programa en elaboración. Vamos a otro ejemplo: ¿por qué no priorizar mejor las políticas educacionales basadas en el aprendizaje del estudiante más que en las cifras de inversión en colegios?

 

 

Los miembros de Oceanos Azules
(click en la imagen para ampliar)

 

 

Dipres acotada

Es en este contexto que el mencionado ministerio coordinador surge como esencial para que haya una sola voz que resuelva qué es prioritario y, además –nos subrayó un entrevistado que optó por el anonimato– “se terminen los desequilibrios desde el punto de vista social de los que estamos llenos”.

Sergio Henríquez, el ex ministro de Vivienda y quien lidera la comisión económica social de Océanos Azules, agrega un punto polémico al indicar que, producto de estas modificaciones estructurales, la Dirección de Presupuesto, Dipres, debería tomar su rol de sólo controlar los recursos. “Hoy decide en qué se usan. Eso debería decidirlo el ministerio social”, enfatiza.

El mismo Henríquez deja en claro que el concepto eje no significa para nada dejar de lado los necesarios equilibrios macroeconómicos: “eso está fuera de toda discusión”. Se trata, explica, de pasar del “qué” al “cómo”, que es la etapa fundamental que el país requiere para crecer al Bicentenario.

 

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Y en este “cómo” el tan reiterado propósito de la descentralización también tiene su espacio. Que el Estado esté cercano a la población es una meta. Ya hace unos meses Frei habló de su interés en que las empresas públicas y privadas ubiquen sus casas matrices en regiones. ¿Una forma de estimular este paso? Incentivos tributarios.

A mayor ahondamiento, vale decir que el equilibrio macro ocupa el primer lugar en documentos reservados a los que tuvimos acceso y que fijan los lineamientos del primer gobierno del Bicentenario.

Este listado se completa con crecimiento, el fin de la indigencia, la reducción de la pobreza a menos de un 5% y el favorecer la igualdad de oportunidades. Hay también menciones importantes para asuntos como gobiernos corporativos, reforma tributaria y, por cierto, la modernización estatal.

Mejor enseñanza y no más escuelas

La calidad de la educación es la segunda gran prioridad de Eduardo Frei, según él mismo lo ha hecho saber al interior de Océanos Azules. Insistimos: ya no en una mirada macro, sino que absolutamente micro, de modo que el foco no está en las grandes inversiones sino en los parámetros del estudiante.

¿Por qué esta elección? Porque hay una percepción generalizada de que tanto una reestructuración del Estado, para hacerlo más eficiente, como una enseñanza de nivel, son asuntos fundamentales para que Chile realmente se pegue el salto al desarrollo que por tantos años se ha buscado.

El ex superintendente de Valores y Seguros, Álvaro Clarke –una de las voces poderosas junto a Henríquez en el ámbito económico de Océanos Azules– da más claridad sobre la importancia de la calidad educacional porque tiene relación directa con dos temas centrales: avanzar hacia un país con oportunidades relativamente parecidas o iguales y, además, fomentar la adecuada formación de capital humano.

Este último aspecto, dice, “está ligada directamente a la capacidad de competir que pueden tener las unidades económicas, el propio país y, en consecuencia, al propio progreso y bienestar de las personas”. Es más, desde su perspectiva la modernización del Estado se entronca con la productividad- país. “El Estado es parte esencial de la función de cualquier economía y es clave que se vuelva potenciador del sector privado y que no sea una carga del sistema”, indica.

Dicho con otras palabras, la visión que se analiza en Océanos Azules plantea que en una economía de mercado como la nuestra es fundamental que exista un Estado fuerte, que proteja la competencia, de modo que el funcionamiento del propio mercado sea efectivo y un factor que afiance la riqueza.

Lecciones de la crisis

Situaciones imprevistas, como la crisis económica, han sido incorporadas a la discusión. Entre los integrantes de los equipos especializados de análisis (“Una nueva mirada al mundo del trabajo”, “Un país de emprendedores”, “Competencia en los mercados”, para nombrar sólo algunos), se estudian acciones o fórmulas que aborden la protección que los ciudadanos deben tener ante coyunturas como la actual o bien en su faceta de pequeños ahorrantes o en sus derechos como consumidores.

Christian Larraín, socio de CL Group y quien colabora en el área financiera, afirma que “el paradigma del funcionamiento automático de los mercados hoy está en cuestión en todas partes” y que otro tema es “cómo los mercados cumplen mejor su función al servicio de la economía”.

Algunas de las preguntas lanzadas a la mesa –y cuyas respuestas deberían traducirse de algún modo en la propuesta que en julio reciba Frei– tienen que ver con cómo hacer que los mercados financieros cumplan mejor su función al servicio de la economía, financiando de modo más eficiente y por períodos más largos a la microempresa.

Aunque el candidato presidencial ha destacado en varias ocasiones la solidez de la regulación del sistema bancario y financiero nacional –y que lo ha alejado de las complicaciones registradas en Estados Unidos–, igual está la inquietud de que la oferta programática para un probable quinto mandato de la Concertación detecte y resuelva con acciones efi caces eventuales debilidades en la normativa y supervisión. Lo mismo en el ámbito de los gobiernos corporativos con que funcionan los mercados.

Y así, suma y sigue. ¿Cuál es el rol de las políticas públicas en promover garantías para que los mercados funcionen mejor? ¿Cómo se canalizan, por ejemplo, hacia el financiamiento de la educación superior? ¿Qué papel debe jugar Corfo como banca de segundo piso?, son parte de las interrogantes.

Documentos reservados obtenidos por Capital y que son base de la discusión hacen referencia a una mayor relevancia del Estado en su rol regulador en puntos como protección de mercados y de consumidores e inversionistas, cautelar conflictos de interés y contribuir a establecer la nueva arquitectura financiera internacional.

El propio candidato ha esbozado su criterio ante la crisis. Hace unos meses se reunió con el ministro de Hacienda, Andrés Velasco, para tratar un plan fiscal que representaba un 2% del PIB y que –recalcó en esa ocasión– facilitaría el manejo de la coyuntura económica hasta el 2010, más allá del mandato Bachelet. Allí, aparte de destacar a regla del superávit estructural para calcular el gasto en años de prosperidad y que permitió ahorrar para épocas complicadas, elogió la seriedad fi scal, pero abogó por una política fiscal más expansiva.

En el debate que está teniendo lugar en el marco de Océanos Azules, está, asimismo, la ambición de impulsar en la agenda programática una nueva concepción de los derechos económicos y sociales estableciendo, por ejemplo, que la extrema pobreza es contraria a todo derecho humano y de esta manera garantizar los programas sociales.

Otro asunto que ya ha sido objeto de polémica –surgió al difundirse el proyecto de reforma constitucional de Frei en diciembre pasado– es el llamado diálogo social obligatorio entre empresarios y sectores sindicales de modo permanente. O sea, reformas laborales nuevamente sobre la mesa. ¿Habrá suficiente agua en la piscina?