¿De qué hablamos cuando hablamos de tintos de clima frío? Viña Tabalí cree tener la respuesta en su Reserva Especial Syrah 2007, del valle de Limarí.

  • 23 diciembre, 2008

 

¿De qué hablamos cuando hablamos de tintos de clima frío? Viña Tabalí cree tener la respuesta en su Reserva Especial Syrah 2007, del valle de Limarí. Por Marcelo Soto.

Alejandro Hernández, maestro de varias generaciones de enólogos y un precursor entre los viñateros independientes (en 1971 fundó Portal del Alto), es un tipo legendario en el mundo del vino local y por eso hay que escucharlo cuando dice que “con el syrah en Chile hemos logrado mucho más que con el carménère, y en menos tiempo”.

La frase es polémica, y de cierta forma la prensa internacional lo contradice, pues los más altos puntajes en The Wine Advocate han sido para carménère como Carmín de Peumo 2003 y 2005, de Concha y Toro, mientras que Clos Apalta 2005, una mezcla donde dicha variedad marca la pauta, acaba de ser elegido mejor vino de 2008 por The Wine Spectator.

No es poca cosa para una cepa que hasta hace poco se confundía con el merlot. Sin embargo, la opinión de Hernán¬dez tampoco conviene tomarla a la ligera. A lo que apunta el enólogo es a lo siguiente: en Chile el syrah se da muy bien, en zonas distintas, con distintos estilos, algo que no sucede necesariamente con el carménère, una variedad más complicada, que delata sus defectos cuando no se maneja de forma correcta ni se planta en los lugares adecuados.

El syrah, en cambio, es menos exigente y por eso hay syrah de clima frío y syrah de clima cálido y ambos pueden ser buenos. ¿Qué significa esto de syrah de clima frío o, mejor aún, costero? Se trata de un concepto que se usa bastante, muchas veces como herramienta de marketing, sin un fundamento sólido, porque suena bien y está de moda.

Un ejemplo notable viene del valle Limarí y es el Reserva Especial Syrah 2007, de Tabalí, recién lanzado y uno de los grandes exponentes de la variedad en Chile este año. El vino nace a 30 kilómetros del mar, en una zona semiárida de noches frescas y días calurosos. Felipe Müller, enólogo de Tabalí, explica: “es un sector ventoso y frío por la gran influencia de las brisas marinas provenientes del Pacífico, lo que se traduce en una lenta maduración de las uvas. Así se logra una concentración de aromas y sabores con una tipicidad de clima frío”.

Otro elemento importante es la ausencia de lluvias durante el período de la vendimia. “Podemos cosechar muy tarde, esperando el momento óptimo de la madurez, con lo que obtienes taninos de alta calidad, muy suaves”, insiste Müller, quien cree que en esta zona el syrah “es puro filete”.

Y la verdad, el vino impresiona por el poder de su fruta y la textura, que uno podría describir como aterciopelada, aunque parezca una cursilería. Tiene un color rojo profundo y aromas a frutos negros, especias y humo, sobre un fondo ligeramente mineral, que según el enólogo se debe a las características especiales de los suelos.

“El vino proviene de terrazas aluviales, las más antiguas creadas por el río Limarí, donde hay piedras, arena y arcilla, junto a altas concentraciones de carbonato de calcio, que aportan ese típico tono salino, mineral”, explica Müller.

Ahora bien, no se les vaya ocurrir beber este vino a temperatura ambiente (si hay 30 grados a la sombra, ni hablar). Tómenlo fresco y con algún plato veraniego, como una paella de verduras y conejo o lechón al horno con romero y ensaladas verdes. Y aunque los miren feo, mantengan la botella en una fuente con agua helada, a no más de 18 grados.