Ya no se trata de vestirse de verde para cumplir con los estándares de moda en materia de responsabilidad social. Hoy las empresas están dando pasos concretos en materia de sustentabilidad, pero con el objetivo puesto –además de la ecología- en la eficiencia y el retorno futuro de proyectos que, en una primera etapa, pueden resultar más costosos. A continuación, historias que demuestran cómo estos esfuerzos son llevados a la práctica. Por Fernando Vega.

 

 

 

  • 9 agosto, 2011

 

Ya no se trata de vestirse de verde para cumplir con los estándares de moda en materia de responsabilidad social. Hoy las empresas están dando pasos concretos en materia de sustentabilidad, pero con el objetivo puesto –además de la ecología- en la eficiencia y el retorno futuro de proyectos que, en una primera etapa, pueden resultar más costosos. A continuación, historias que demuestran cómo estos esfuerzos son llevados a la práctica. Por Fernando Vega.

 

Construir para aprovechar la luz natural, convertir los desechos en combustibles, terminar con la impresión de cuentas, disminuir viajes o construir clínicas con termopaneles para reducir la factura de energía. En Chile varias empresas están descubriendo el valor de teñirse de verde para ahorrar costos y aumentar su eficiencia.

La escasez de los recursos tradicionales, el elevado precio de las energías y el creciente costo medioambiental, expresado en regulaciones y multas, está impulsando a las firmas nacionales a convencer a accionistas y proveedores de implementar el cambio de tecnologías y procesos a fin de hacer más eficientes sus procesos.

La mejora reputacional es hoy una ventaja adicional. Los consumidores y la sociedad entera están demandando empresas verdes y modernas, pero también los inversionistas y accionistas buscan compañías que sean rentables. Mecanismos para ahorrar y descontaminar o, al menos, bajar las emisiones hay por decenas. Actualmente casi no existe empresa grande o mediana en el país que no esté trabajando en el tema. Algunas aplican modelos de otros países. Otras sorprenden con innovaciones made in Chile. Las hay por iniciativa propia o mandatadas por sus casas matrices en el extranjero.

A diferencia de hace algunos años, cuando buena parte de las iniciativas sonaban a ciencia ficción, romanticismo o intrincados juegos de palabras, las de ahora tienen un fuerte asentamiento en el mundo real. Y por lo mismo es que las perspectivas son optimistas. Las ventajas de operar en verde están a la vista, coinciden en las empresas: menores costos, nuevos negocios y anticipación a las regulaciones.

El proveedor clave

Para conseguir este objetivo, una de las claves reside en convencer a los proveedores. “No se saca nada con anunciar un edificio verde si no hay madera o pintura certificada o si no están disponibles aparatos de baño que consuman menos agua o ascensores que ahorren energía”, dicen en la construcción.

Paz Corp, por ejemplo, para su primer edificio certificadamente verde –el I-apt en Vitacura– no sólo se encontró con la dificultad de hallar una empresa certificadora, sino que muchos de sus proveedores habituales “no conocían las necesidades que esta certificación LEED solicitaba. Hoy, el mercado o la industria están mucho más preparados; incluso algunas empresas han creado áreas sólo enfocadas a ofrecer materiales y productos que otorguen puntos LEED”, dice Marcos Camsen, gerente de Innovación y Logística de la firma constructora.

Con una inversión de 16,5 millones de dólares, construir el I-apt será entre 5% y 10% más caro que un edificio tipo de Santiago, pero generará a sus residentes ahorros de un 18% de energía y de un 33% de agua. En todo caso, según Camsen, los mayores costos no serán traspasados al precio de venta.

Pero llegar a este concepto es resultado de un largo proceso. Y muchas veces, lento. En algunas empresas implica un cambio cultural gigantesco, que considera un fuerte involucramiento con los proveedores; sobre todo, para acompañarlos en su adecuación a las nuevas pautas y ofertas.

La conversación comprador-proveedor parte con la exigencia de que los suministradores cumplan lo básico: las leyes y regulaciones ambientales. A partir de ahí, las contratantes comienzan a demandar la creación de procedimientos para prevenir y remediar la contaminación y planes de manejo de aguas o residuos, entre otros.

La conversación comprador-proveedor parte por la exigencia de que los suministradores cumplan lo básico: las leyes y regulaciones ambientales. A partir de ahí, las contratantes comienzan a demandar la creación de procedimientos para prevenir y remediar la contaminación, planes de manejo de aguas o residuos, entre otros.

Las pautas se aplican para proveedores de mercancías que abarcan desde materias primas, productos semielaborados y terminados, contratistas, outsourcing, hasta proveedores de servicios, como call centers. Se imponen las auditorías, que parten por una revisión de la documentación hasta visitas para determinar si los compromisos están siendo cumplidos. Hoy, con una declaración no basta. Los grandes poderes de compra están reclamando sistemas de gestión integral.

Un ejemplo: para medir el impacto de sus faenas, la compañía minera Doña Inés de Collahuasi exigió planes de reducción de emisiones desde la exploración hasta el embarque del concentrado de cobre.

Es que la sustentabilidad de la cadena de proveedores ha pasado a ser tan importante como las prácticas de la propia empresa que la contrata. “No sólo hay que plantear mejoras de procesos, tecnología y personas, además de un uso más intensivo de tecnologías de la información, debido a los altos costos que pueden tener dichos cambios. También hay que considerar cambiar los hábitos de los empleados e insertarlos en la nueva forma de producción que la incorporación de dichas tecnologías implica”, sostiene la directora de Sustentabilidad y Cambio Climático de KPMG Chile, Heloisa Schneider. Multinacionales como 3M, Phillips, Honda, Samsung, Nike, Levi Strauss o HSBC manejan incluso códigos de conductas para sus proveedores y los hacen públicos para que sus consumidores más quisquillosos también los vigilen.

Yacimiento de ahorro

La instalación de mejores prácticas y procesos implica –eso sí– un equilibro delicado. Aunque en principio significa una inversión alta, a la larga el impacto es mayor. “Por ejemplo, en el caso de la contaminación del suelo por químicos o aceites, además de las multas y sanciones que pudiese haber, limpiarlo es extremadamente caro, porque además de remover las capas de suelo contaminado, habrá que pagar un vertedero autorizado para que lo almacene por largos periodos. Si se compara este costo con el de invertir en alguna estructura o cubierta que evite este tipo de contaminación previendo los riesgos de almacenar este tipo de productos, la segunda solución es mucho más barata”, sostiene Schneider.

Gerdau Aza, por ejemplo, desarrolló un programa de proveedores de chatarra, en que respaldó la compra de camiones nuevos para sus chaterrareros con el doble beneficio de fortalecer su negocio –asegurando el suministro– y retirar de las calles vehículos contaminantes.

En 2009, la minera Xstrata Copper implementó un programa que ya va en su tercera versión y que busca que los proveedores cumplan con las exigentes metas de sostenibilidad de cada uno de sus proyectos mineros. Las áreas claves del plan consideran colaboración conjunta, rediseño de productos o servicios, plataformas para la innovación y apoyo por parte de la firma para desarrollar productos o mercado inmaduros.

El mismo año, tras su aterrizaje en Chile mediante la compra de D&S, la cadena estadounidense de supermercados Walmart dictó a sus proveedores una serie de exigencias ambientales y comenzó a trabajar con éstos en pautas de uso eficiente de energía y ahorro de recursos naturales.

Lan ahorra el 4% en combustibles

El transporte aéreo es responsable del 2% de todo el dióxido de carbono producido por la humanidad. Ello, combinado con el aumento del costo del combustible, llevó a LAN a invertir 75 millones de dólares en la instalación de unos dispositivos que ahorran energía.

Los winglets que están en toda su flota actual de Boeing 767 de largo alcance, consistente en 39 aviones, han permitido a la compañía obtener una eficiencia aproximada de un 4% en el uso de combustible y una reducción en sus emisiones de CO2. Para finales de este año, la firma proyecta reducir alrededor de 113.000 toneladas de CO2 sólo con los winglets. En 2010, esta medida le permitió a LAN bajar en más de 93.000 toneladas sus emisiones de CO2. Por eso, el directorio de la firma decidió que cada 767 que se sume a la flota de largo alcance de LAN deberá incorporar esta tecnología.

Debido a que los combustibles representan aproximadamente un tercio del costo de operación de una aerolínea, LAN decidió además incorporar a su flota en el segundo trimestre del próximo año 32 aviones Boeing 787 Dreamliner, consideradas como las nuevas aeronaves “ecológicas”, ya que son las más eficientes del mundo en consumo de combustible. A ello se suma la compra de 20 Airbus A320neo “eco-eficientes”, que serán recibidos entre 2017 y 2018.

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Debido a que en Europa y Estados Unidos ya se habla de aranceles diferenciados según las emisiones de carbono de los productos, los fabricantes de envases no han dejado de recibir solicitudes de empaques más verdes. Los fruteros, por ejemplo, han pedido a Wenco que fabrique cajas más livianas o elaboradas con plástico reciclado, mientras las embotelladoras han exigido al fabricante de tapas Inyecal que éstas contengan menos materia prima. Cristalerías de Chile produce con éxito botellas menos pesadas, reduciendo la huella para los exportadores de vinos.

Estas nuevas exigencias han redundado también en un ahorro para los industriales. Pese a la inversión inicial –a veces, fuerte– en diseño y moldes, ésta finalmente se amortiza porque mientras menos plástico se use, menor es la cuenta de materia prima.

En un entorno en el que el precio del petróleo se acerca a los 150 dólares por barril y la preocupación por los suministros de este combustible crecen a diario, las empresas han encontrado un importante yacimiento para explotar su lado verde en el ahorro energético. “Hoy la energía es el principal ítem en relación a los costos asociados a los procesos productivos. En algunos sectores industriales la energía supera el 70% u 80% del costo de fabricación. Además, la energía tradicional es cada día más cara y escasa, por lo que se deberán buscar energías alternativas o implementar prácticas de eficiencia energética”; dice Claudio del Campo, gerente general de FUNDES.

La huella del agua

Cada chileno consume 803 metros cúbicos de agua al año. Aunque la cifra es un tercio menor que el promedio mundial, ha encendido las alarmas de empresas, gobierno, organizaciones y ciudadanos, poniendo en primera línea los costos asociados a la gestión del agua y las tecnologías aplicadas a su uso. La exitosa agricultura chilena utiliza, según la consultora Wiseconn, el 80% de toda el agua disponible en el país. Y el problema es que el riego aún es mayoritariamente gravitacional, con el recurso utilizado en abundancia y poco eficientemente.

En un entorno en el que el precio del petróleo se acerca a los 150 dólares por barril y la preocupación por los suministros de este combustible crecen a diario, las empresas han encontrado un importante yacimiento para explotar su lado verde en el ahorro energético.

Directa e indirectamente, consumidores, compañías y países utilizan agua para consumo, agricultura y elaboración de bienes. Así nace el concepto de huella hídrica, que hace referencia al volumen total de agua utilizada en cada proceso productivo. Por ejemplo, según estudios de Water FootPrint Network, generar cada kilo de arroz cuesta 2.500 litros de agua y cada litro de leche, otros 1.000 litros del recurso hídrico.

Esta realidad está impulsando a las empresas a planificar de forma más eficiente sus mecanismos de producción. Sobre todo, si se considera que el comercio mundial –del cual Chile es un activo partícipe– también impacta en la huella: cada vez que un producto es importado o exportado se genera un intercambio virtual de agua: la que se necesitó para producir el bien y que se traslada desde un país a otro.

Según el ministro de Agricultura, José Antonio Galilea, “el concepto cada día toma más fuerza y capta el interés público y privado. Tanto el gobierno como las empresas privadas deben valorar a la huella hídrica como una herramienta de planificación, ya que el recurso es cada vez más escaso y la planificación va a ser el único medio de determinación de la maximización de beneficios sociales o de utilidades, en el caso de las empresas”, sostiene.

De hecho, el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA) está desarrollando un estudio para determinar la huella del agua en los principales productos agrícolas y pecuarios de Chile y establecer las estrategias para el manejo eficiente del recurso hídrico. “En los años siguientes se abordarán otros rubros de importancia económica para el país. Actualmente se están construyendo las líneas bases para el logro de mediciones por región y rubro. Además, se está trabajando en una metodología adecuada para mantener controles de producción continuos en el tiempo”, adelanta el secretario de Estado.

Las correas del poder

Mantener los pies en el suelo es esencial para conservar la rentabilidad de las empresas a la par que se impacta positivamente al medio ambiente, coinciden analistas. “La disminución de emisiones o mitigar impactos ambientales es un buen negocio para las empresas porque, efectivamente, a mediano y largo plazo consiguen reducir sus costos asociados a la operación y además evitan caer en irregularidades o sanciones ambientales”, afirma Del Campo. Un ejemplo de ello es el proyecto de correas generadoras de Minera Los Pelambres. Aprovechando la fuerza de gravedad, la firma ahorra 14 millones de dólares anuales en energía.

Todo partió a fines de los años 90, cuando la mina pasó de ser subterránea a rajo abierto, como opera hoy. En ese entonces se pensó en aprovechar la diferencia de altura (aproximadamente de 1.000 metros) entre el chancador y la planta concentradora, con el fin de utilizar la inercia producida por el peso del mineral transportado por medio de correas desde un lugar a otro. Así, la correa cargada de mineral y dispuesta en pendiente alcanza un movimiento de gran velocidad, activando en su desplazamiento una serie de motores que generan energía producto de la inercia. En 2008 y 2010 el sistema fue repotenciado. “Con el aumento de capacidad, la potencia actual de generación tiene un valor promedio de 18 MW. En sus 10 años de funcionamiento se estima que ha generado a la compañía un ahorro aproximado de 80 millones de dólares”, cuentan en la compañía.

Cero papel

Un ahorro cercano a los 480 mil dólares por concepto de reducción de impresión de papeles es uno de los proyectos estrella del Banco Santander. La entidad de capitales hispanos dejó además de emitir por carta avisos de vencimiento de dividendo hipotecario, cartolas de cuenta corriente y cuentamática, y redujo las impresiones en sus oficinas.

Nacido en 2009 con el objeto de ahorrar en impresión y mejorar la calidad de servicio por la vía de llevar a formato de imagen las cartolas de estados de cuentas e información que el banco envía a sus clientes por correspondencia física, el proyecto –llamado Buzón Virtual– se encuentra en su tercera fase de desarrollo.

Además, la firma aplica desde 2004 un plan de eficiencia energética que ha generado “un ahorro acumulado de 16,3 millones de Kwh, lo que se traduce en un ahorro importante desde el punto de vista de facturación de energía y una disminución de emisiones de 6.520 toneladas de CO2”, dice César Naranjo, gerente de Administración y responsable de Gestión Medioambiental de Banco Santander.

Bajo el sol de Calama

“Tanto el gobierno como las empresas privadas deben valorar a la huella hídrica como una herramienta de planificación, ya que el recurso es cada vez más escaso y la planificación va a ser el único medio de determinación de la maximización de beneficios sociales o de utilidades, en el caso de las empresas”, sostiene el ministro de Agricultura, José Antonio Galilea.

Sólo en ocho meses las clínicas de Empresas Masvida en Calama y Concepción han logrado recortar 41 millones de pesos a las cuentas de luz, gas y petróleo, debido a la combinación de energías renovables y mejores diseños arquitectónicos de sus instalaciones.

En el norte, el edificio se concibió para aprovechar la abundante luz natural de la zona, lo que generó un 5% de ahorro de energía. Además, se definió que la iluminación exterior y de estacionamientos, el sistema de vigilancia, los pasillos y las baterías para el respaldo del pabellón de operaciones se alimentarían con luz proveniente de paneles solares. El diseño también consideró el uso de ventanas de termopaneles para evitar pérdidas de temperatura, lo que se ha traducido en un 10% de ahorro en calefacción.

En Concepción, la Clínica Universitaria fue dotada con un sistema de iluminación beta led que ha generado un ahorro de energía de 20%, y se comenzó a utilizar detergentes biodegradables,

El proyecto Cachaza

Hace tres años, en los laboratorios de Henkel en Pudahuel nació el proyecto Cachaza. El objetivo era desarrollar tecnología de reemplazo para los solventes de origen fósil, utilizando etanol (alcohol), un solvente más aceptable y barato. Hoy, la materia prima obtenida de la caña de azúcar –de ahí el nombre de Cachaza, como la popular bebida brasileña– es utilizada en diferentes productos de la marca Agorex y en un sinnúmero de aplicaciones, como adhesivos para parquet y construcción, sellantes reactivos y adhesivos de contacto, entre otros.

Según el gerente regional de Desarrollo de Productos de la compañía, Roberto Pavez, este cambio de tecnología no sólo significó nuevas inversiones en equipos y otros, sino que también implicó renovación y capacitación para todo el equipo involucrado.

Sólo en 2010 el proyecto Cachaza generó ventas por 650 millones de pesos, 150 de los cuales equivalieron a productos nuevos. En total, el ahorro en materias primas ascendió a 150 millones de pesos.

Desechos y diseño

Recuperar residuos es una de las principales acciones realizadas por las empresas nacionales para reducir sus costos y disminuir su impacto. Sólo las tres grandes cadenas de supermercados recuperan en promedio unos 5 millones de dólares anuales en cartones y envases.

En ese contexto, la cadena de tiendas Paris lanzará el 18 de agosto una línea propia de accesorios, contenedores y bolsos de compras fabricados con la reutilización de la publicidad de vía pública. En total, son 5 toneladas menos al ambiente de basura y la apertura de un nuevo nicho de negocios.

Para ello, la firma de Cencosud generó una alianza con Modulab para reutilizar los desechos y convertirlos, a través del diseño, en productos con alto valor agregado. “En lo económico, Paris se convierte en pionero de la industria del retail en crear e implementar un proyecto de esta envergadura que, además, le otorga una identidad innovadora muy valorable en estos tiempos”, sostiene Fernanda Kluever subgerente Marketing Responsable y CRM de Paris.

Refrigeradores y luces nuevas

La cadena de supermercados SMU (Unimarc, Mayorista 10, Ok market y Telemercados, entre otros) está recortando en 2,2% al año su cuenta de electricidad, gracias a su proyecto de eco-eficiencia. Se trata de un porcentaje no menor, considerando que los supermercados se encuentran entre los clientes de alto consumo. En algunos de sus locales la factura de luz incluso se ha reducido en torno al 15%.

Pero no fue sólo por cambiar ampolletas. Según el gerente general de SMU, Juan Pablo Vega, además de la incorporación de un nuevo sistema de iluminación se instalaron sensores de movimiento, timers de control horario para los coolers, y en el área de técnica de refrigeración, todos los locales que fueron remodelados recibieron nuevas centrales que, además de gastar menos, no usan refrigerantes que dañan la capa de ozono.

Gas de aguas servidas

Fueron la suspensión del gas argentino y la disponibilidad del biogás en la planta de tratamiento de aguas servidas de La Farfana los que dieron origen al negocio del biogás entre Aguas Andinas y Metrogas. Actualmente, 35 mil hogares de la Región Metropolitana utilizan el combustible producido a partir de aguas servidas.

El proyecto, de un valor aproximado de 14 millones de dólares, implicó la construcción de una planta purificadora en La Farfana, un gasoducto de 14 kilómetros y un sistema de filtrado en la planta de Metrogas. Hoy, Aguas Andina construye una nueva planta de tratamiento que permitirá al Gran Santiago descontaminar el 100% de sus aguas servidas y en la cual también producirá biogás para alimentar una minicentral que cubrirá más del 55% de su propia demanda de energía.