Una convención muy masiva, introduciendo la tecnología para acercarse a los electores, pocos lobbystas y muchas empresas privadas. Es la descripción in situ de Gabriel Sanchez-Zinny.

  • 2 septiembre, 2008

Una convención muy masiva, introduciendo la tecnología para acercarse a los electores, pocos lobbystas y muchas empresas privadas. Es la descripción in situ de Gabriel Sanchez-Zinny.

 

Más de 80.000 personas escucharon a Barack Obama en el estadio Invesco en Denver, Colorado, igualando multitudes dignas de celebridades como Bono o Madonna, en el final de la convención del Patido Demócrata. Un hecho que por varias razones tiene una profunda significancia histórica. Obama habló exactamente 45 años después de que Martin Luther King, tal vez el líder negro más importante en la historia de Estados Unidos, dijera que “soñaba con un mundo donde las personas no fueran juzgadas por el color de su piel, sino por el contenido de su carácter”.

El senador Obama es el primer afroamericano nominado como candidato a presidente por uno de los dos partidos mayoritarios. Pero también ha quebrado la historia en términos de organización política y llegada a los votantes. Se puede estar en acuerdo o en desacuerdo con sus ideas, pero no hay duda de que ha generado un quiebre en la manera de hacer política, independientemente del resultado del 4 de noviembre. Durante la convención, una pantalla gigante urgía a la gente a enviar sus mensajes de textos priorizando los temas que eran urgentes de cambiar en Estados Unidos, como educación, salud y medioambiente.

La estrategia de combinar nuevas tecnologías, microtargeting, y la capacidad de Obama de atraer masivas multitudes está transformando la política del país. En los últimos meses la campaña demócrata se ha puesto como objetivo registrar en los padrones a varios millones de personas que no han votado antes. Tal vez no convenzan a todos de votar por su partido, pero significará una movilización de personas de una envergadura incomparable.

El discurso de Obama tuvo planteamientos muy populistas y de mayor intervención del Estado, recordándonos a algunos líderes políticos de nuestras región, pero incluyó también temas referidos a la libertad y responsabilidad individual, generalmente poco mencionados entre los demócratas. Tuvo claras similitudes con los de Clinton en 1992 y de Ronald Reagan en 1980. Por un lado, tratando de contrastar la imagen de joven inexperto que le imputan sus rivales, y -por el otro- criticando las políticas fallidas del presidente Bush y la necesidad de volver al American Spirit como lo llamó Obama en su discurso.

Los discursos de Hillary y Bill Clinton levantaron grandes ovaciones, lo mismo que el de Al Gore. Aunque Hillary atrajo mas televidentes que el resto, unos 26 millones. Todos atacaron al senador McCain, mostrándolo como un tercer mandato del presidente Bush y como alejado de la gente, aludiendo a su error con respecto a cuántas casas tenía. “John McCain ha votado el 90% de las veces de acuerdo al presidente Bush… ¿Y qué se puede decir de la capacidad de juicio de una persona que piensa que Bush puede estar correcto el 90% de las veces?”, pregunto retóricamente Obama.

Lobbystas de Washington, generalmente presentes en las convenciones de ambos partidos, tuvieron muy poca presencia en Denver, ya que uno de los principales mensajes de Obama es mostrarse diferente de la gente de Washington, atacando los grupos de interés y firmas de lobby que operan en la ciudad. Una nota de color la agregaron Tony y Heather Podesta, conocidos operadores de allí: se les veía paseando por los pasillos de la convención con una camiseta con la L en color escarlata.

En cambio, si tuvieron mucha presencia corporaciones, como Qwest, Comcast y Wells Fargo, una práctica muy común en todas las convenciones, organizando fiestas y eventos para cortejar a diputados, senadores y otros políticas demócratas. Por ejemplo AT&T auspició 14 eventos y recepciones durante los 4 días del encuentro.

Todavía quedan muchos desafíos por delante para Obama. Las acusaciones sobre su falta de experiencia, la todavía existente tensión con la familia Clinton y muchos de sus seguidores, principalmente votantes mujeres y trabajadores, y la agresiva campaña republicana son fuertes pruebas para el senador de Illinois. A esto se sumará ahora la elección de McCain de la gobernadora de Alaska, Sarah Palin, mujer, joven, carismática y ejecutiva, como candidata a vicepresidente, que le da una fortaleza que el campo demócrata no esperaba. Pero el éxito de la convención en Denver le ha dado un sólido empujón.


El autor es vicepresidente de Dutko Worldwide.