Sorprendido por el impacto que logró en el país, Joaquín Niemann, el golfista más importante de la historia de Chile, retoma su expedición en la élite mundial. Con 19 años, dueño de una fortaleza mental soberbia, construye su leyenda a la espera de ganar su primer torneo en el PGA Tour. “No hay nada como imaginarse un tiro y que te salga tal como lo piensas”, dice.

Por: Patricio Abarca

  • 12 septiembre, 2018

El calor toca los 30 grados en Santiago y la terraza del Club de Golf Los Leones compone una imagen resplandeciente, con onduladas lomas de pasto que se expanden hasta el follaje lejano y con numerosas mesas en las que el almuerzo se alarga plácidamente. Desde una de ellas, una mujer levanta una copa y sorprende a los que la rodean con su descubrimiento.

-¡Joaquín! Qué grande. Eres nuestro orgullo -dice.

El aludido sonríe tímidamente, recoge sus pasos y saluda a cada uno con un gesto educado y ceremonioso, como el sobrino modelo que sabe aceptar las felicitaciones de los tíos después de arrasar con las mejores notas en el colegio.

Tiene razón Joaquín Niemann para sentirse observado más de la cuenta. Un señor le dice que es empresario en el negocio de las paltas, otro le cuenta que podría verlo en Estados Unidos porque tiene un matrimonio en Wellington. El muchacho de 19 años sonríe y se acomoda como puede a la exposición pública y al calor. Coronado con un jockey blanco, lleva unos pantalones largos impecables y confiesa que desearía ahí mismo dos cosas: un short y estar jugando golf.

Luego de un debut deslumbrante en el PGA Tour, el golfista más importante de Chile completó casi tres semanas de vacaciones en las que pudo recoger todas las felicitaciones posibles. En menos de un año, la bitácora de éxitos es impresionante. En abril completó 44 semanas como número uno amateur en el mundo, luego terminó su primera temporada como profesional en el PGA Tour con una tarjeta asegurada para 2019, consiguió cuatro Top 10 en 12 campeonatos y, finalmente, hizo historia como el primer jugador nacional en superar un corte clasificatorio en un major.

Si se busca la imagen primigenia, uno se encuentra con un momento de inspiración, cuando Jorge Niemann comenzaba recién a jugar golf y se acercaba la Navidad. “No me acuerdo dónde, pero vi unos palos de golf de plástico y los compré para los niños. Joaquín tenía un año y dos meses, andaba con pañales y empezaba a caminar. Tomó esos palos y no los soltó más”, recuerda el padre del actual número 152° del mundo, según el ranking de la Official World Golf Ranking (OWGR), quien ha provocado en Chile el levantamiento de una actividad nada masiva. Hoy se escribe y se habla de putter, birdys, eagles, y su impacto es de tanta expansión, que la Asociación de Importadores de Palta Chilena (CAIA), encabezada por Jorge Covarrubias, ya lo nombró embajador de la fruta en Estados Unidos por 12 meses. 

El joven se asoma y observa con prudencia el cráter que ha dejado antes de volver a Júpiter, lo que no es un decir, ya que así se llama el pueblo costero del condado de Palm Beach, en Florida, donde tiene su departamento, un lugar con un clima privilegiado, con 38 campos de golf en un radio de 20 kilómetros.

Niemann está lejos de presumir. Ha estado en la mañana en el entrenamiento de Universidad Católica, donde le abrieron las puertas como otro homenaje más, y se mueve con notable sencillez, un sobrio atisbo de que el control mental es en realidad el secreto del éxito con el que puede construir su carrera.

-¿Cómo fue el impacto de volver a Chile y ver que la gente te reconociera tanto?

-Me pasó mucho. Lo bueno de estar en Estados Unidos era que no estaba pendiente de lo que pasaba acá. Uno no pesca mucho la verdad. Mis papás me decían que estaba saliendo en todos los diarios, que estaba la embarrada y que incluso harta gente estaba empezando a jugar más golf. Y cada vez que vengo a un club, como al de Los Leones, al Polo, me doy cuenta de que en verdad este deporte ha crecido, y todos te felicitan con mucho cariño. Pero también me ha pasado afuera que mucha gente se me acerca y me dice: yo nunca en mi vida he jugado golf y ahora te estoy siguiendo por internet, en las redes sociales, hoyo por hoyo, y eso me parece realmente increíble. 

-¿Qué tipo de gente te cuenta eso?

-De todo. Hay niños chicos que me escriben y me dicen: “Me podís mandar un saludo por Instagram para mi cumpleaños”. Hay abuelos de 70 años que me siguen. Y más encima, como está creciendo esta generación de estrellas juveniles y también los más viejos juegan golf, es una cosa que no tiene edad. En Santiago, algunas personas me han reconocido en la calle. Pero no mucho tampoco.

-Hasta Universidad Católica te abrió las puertas de un entrenamiento. ¿Cómo fue eso?

-Siempre me ha gustado la Católica. No soy de ir a todos los partidos al estadio, pero la otra vez lo dije en una entrevista y creo que ahí se enteraron los cruzados. Así que me invitaron a tirar unas pelotitas y unos palos de golf, y hasta me regalaron una camiseta. Fue muy entretenido y con el que más me reí fue con el “Huaso” Álvarez, que no le podía pegar a la pelota. Pero conocí bien al equipo, estuve en el entrenamiento y se ve que están todos súper concentrados y metidos en su objetivo. 

-¿Con el tiempo podrías llegar a tener el efecto de otros deportistas como Alexis Sánchez o Arturo Vidal en las redes sociales?

-No creo. Me piden etiquetarme, hay gente que comenta sobre lo que hago, pero no siento que sea cosa de otro mundo. Lo mío es muy tranquilo. Ocupo harto las redes, pero más para ver fotos de mis amigos. 

-Lo de tu firma como figura de la palta fue sorprendente, eso sí. 

-Esa fue muy buena. Firmé el contrato hace una semana. A mí las paltas me encantan desde chico, toda mi vida he comido pan con palta en los desayunos o en las ensaladas. Es una de mis frutas preferidas, y así, de la nada, un día me escribió por Instagram Jorge Covarrubias, que es uno de los que se interesó en este proyecto. Le di el contacto de mi papá, estuvieron hablando, y tres meses después ya habían firmado. Estamos juntos en una asociación, así que increíble. 

-Gracias a Instagram hay palta en todos los desayunos en el departamento en Júpiter.

-Hay palta para siempre, ja, ja. 

-¿Cómo es la vida en ese departamento, que es tu centro de operaciones? 

-Tiene dos piezas y una cocina con un living grande, y ahí comparto con un amigo. Nos dividimos quién lava, quién cocina. Es chileno, Claudio Correa, ya se hizo profesional y va a jugar abiertos acá. La convivencia es genial. Nos matamos de la risa, jugamos golf todos los días, vamos al gimnasio juntos, entrenamos igual y hacemos lo mismo.

-Los autos son también tu fascinación, ¿ya te diste un lujo por allá? 

-Claro, me encantan los autos. De chico siempre fue así. Ahora tengo un BMW M3, negro. Lo compré recién, maravilloso, y es exquisito manejarlo.

-¿De qué aspecto de la preparación física te preocupas más como golfista?

-Lo primero es que uno quiere estar bien físicamente para el futuro, para durar lo más posible jugando a primer nivel. Uno trabaja la elasticidad, con buenas elongaciones, con buena movilidad, potencia. Todo eso día a día lo vas mejorando.

-¿Qué es lo más exquisito en el golf, el golpe preferido en tu caso? 

-Adoro todos los golpes. Pero no hay nada como imaginarse un tiro y que te salga tal como lo piensas. Eso es lo mejor que te puede pasar, y por eso a uno le encanta tanto el golf, cuando uno ya puede lograr ese dominio. Que salga un tiro por 18 hoyos como lo imaginaste es lo más exquisito. 

-¿Vas imaginando un golpe perfecto cada vez antes de ejecutar?

-Siempre, cada tiro lo imagino perfecto, en todas las jugadas. 

-La frustración es una amenaza permanente en el golf, pero se habla mucho de la capacidad mental que tienes para sobreponerte.

-Sí, y eso es clave en el golf. Ya todos los jugadores buenos saben qué es lo que hay que hacer cuando uno comete un error. Para competir al máximo nivel no hay que quedarse pegado en el pasado. Hay que saber dar vuelta la página de inmediato y estar siempre en el presente. 

-Dicen que ese control tuyo no es común en los jóvenes golfistas.

-Es que el golf te hace madurar en ese sentido. Y he estado en este deporte por más de 15 años. Piensa que uno en los torneos, viajando solo de aquí para allá, se va haciendo fuerte. Porque este deporte a veces te trata pésimo. 

-¿Y cuándo ha sido eso? 

-Cualquier día, cuando juegas mal, cuando no te sale nada, cuando te quieres ir para la casa, no sabes qué hacer. Ahí es cuando los mejores jugadores saben cómo pasar ese momento y seguir adelante.

 

La película de Niemann

-A los 13 años te viniste de Talagante a Santiago a estudiar al Athletic Study Center, de Las Condes, y empezaste a vivir solo. ¿Es el momento clave en tu formación?

-Me vine como a los 13 o 14 años, desde octavo básico, hasta cuarto medio. Fue clave, porque maduré en lo personal, practiqué todos los días. Empecé a viajar más. Estuve viviendo con mi papá solo en el departamento y nada, me tenía que preocupar yo de mis cosas, hacer mi cama, ver mi ropa, cocinarme, porque si no me cagaba de hambre no más (ríe). Pero igual yo era ordenado a esa edad, me gustaba cocinar, y empecé a hacer todo, lo que me sirvió para el golf. 

-Tienes una cofradía de amigos del golf desde que eres niños, de los 6 años. 

-Tengo un grupo muy bueno, varios amigos del colegio y otros del golf que los vengo viendo desde los 7 años, con quienes todavía jugamos juntos. Carlos Bustos, Tomás Gana, por ejemplo. Hay varios, en Talagante. Seguimos hablando, ellos están jugando golf por la universidad y se van a hacer pro en un par de años. 

-Miras hacia atrás, ¿y en qué momento decidiste ser golfista? Tu mamá (Pamela Zenteno) comentaba que en la familia ven que esto iba en serio cuando ganas el Orange Bowl y luego el Optimist International, a los 16 años.

-Lo primero es cuando me cambié de colegio, en octavo básico. Desde chico soñé con llegar al PGA. Pero sí, cuando me di cuenta de que podía lograr eso fue cuando tenía 16 años, porque comencé a ganar torneos afuera, me empezó a ir bien. Y ahí comprobé que podía jugar contra los mejores.

-Se destaca mucho tu control mental, y entiendo que Eduardo Miquel, tu entrenador, es quien descubre y apuntala esa cualidad en el juego. 

-Soy muy tranquilo en ese sentido. Puedo elegir mi camino y nadie me saca de él. Tengo mi equipo y confío en ellos y en mi familia. Y es cierto, el Edu es el que estuvo presente en ese sentido, el que me ayudó mucho a tratar de divertirme en la cancha cuando estaba sufriendo, cuando no estaba jugando bien. Me impulsó a disfrutar por sobre todas las cosas y eso en definitiva es lo que me lleva más lejos.

-Ya que Alexis está poniendo de moda las películas, cuando se haga la película de Joaquín, ¿qué momento es el más impresionante en esta temporada? 

-(Risas). Lo más impresionante fue el Masters de Augusta. Es el mejor lugar. Es el sueño de todos los golfistas estar ahí. Esa parte hay que poner en la película. 

-¿Y cuál es el momento más difícil en esta etapa?

-Ninguno. Todo me ha gustado, todo me encanta. Estoy viviendo el sueño, que era jugar en PGA, y lo disfruto. 

-¿Pero recuerdas un episodio especial, un golpe decisivo en un campeonato, por ejemplo?

-No. Es que uno practica para que las cosas te salgan lo mejor posible, y salen nomás. Por ejemplo, uno no va a andar saltando de alegría por un golpe, porque uno no se puede volver loco. Hiciste algo bueno y ni por un segundo te puedes quedar pensando en eso en la pelota que sigue. 

-Pero igual te puedes quedar pegado. Tu mamá contaba que cuando eras niño te vio despertar dormido y hacer un golpe.

-(Risas) Sí, tenía como 10 años y dormíamos juntos en su cama. Me desperté, o me levanté más bien, estaba dormido, y empecé a hacer un swing. Pero no me acordaba, hasta que ella me lo contó al otro día.

 

Alexis y Tiger Woods

-¿Hay algún deportista que admires de otro deporte, que te parezca similar a lo que haces en cuanto a dedicación?

-De Chile me gusta harto Alexis (Sánchez). Lo sigo en Instagram y creo que es uno de los deportistas más disciplinados que hay. Se ve que trabaja mucho y se queda entrenando extra después. Cuando uno lo ve en sus redes sociales, lo que sube es que está en el gimnasio, siempre tratando de ser mejor. 

-Para ti es normal hoy, pero ya convives con Tiger Woods, una leyenda. ¿Querías ser como él de niño?

-Sí. Es un ídolo para todos los golfistas. Y es cierto, ahora estoy jugando con él, estoy hablando con él, y es una persona común y corriente, solo que ha ganado varios torneos. Es increíble, pero todas esas figuras que he conocido en el tour son muy normales, se llevan bien, todos se hacen bromas. 

-Sergio García, el campeón español, también se transformó en un referente, en un apoyo.

-Sí. Él me ha estado apoyando desde harto tiempo. Me acompaña a los campeonatos, jugamos juntos, los días de práctica salimos a comer juntos. Es muy buen amigo. Sergio se fija en mí porque hice una carrera similar, tenía la misma edad cuando él se hizo profesional, es un modelo a seguir.

-Ya que estás en la élite, ¿cuál es tu meta más grande? ¿Crees que puedes ser el mejor del mundo?

-Sí. Obviamente nunca pensé que podía llegar tan rápido al PGA, y por qué ahora no voy a soñar con ser el número uno. Puedo ser el número uno del mundo.

-Ganar torneos después de esta temporada es el primer paso.

-Es lo que sería bueno que se viniera este año. Puede ser un torneo acá en Chile, da lo mismo. Si es tu semana, vas a ganar igual. En el golf solo hay que tener paciencia.

-¿Cómo se perfecciona uno en el golf? 

-Uno va ganando experiencia. Se puede perfeccionar siempre. Uno va marcando una diferencia, va marcando pequeñas cosas. Se puede jugar hasta los 40 y algo a buen nivel, y se va perfeccionando el golpe. No sé si la pegada, pero eso da lo mismo. Hay gente que le pega mal y gana igual. 

-Se dice que el putter es lo que más debes trabajar. 

-Es que el putter se ve débil porque lo demás es muy bueno. Yo creo que se refleja mal eso. Como tengo buena pegada, siempre estoy pegando a birdy y otras personas están por el par. Por eso, diría que las estadísticas mienten un poco.