El conde italiano Francesco Marone Cinzano presentó Erasmo 2005, un tinto elaborado en el Maule que muestra una senda para el vino chileno. Por Marcelo Soto

  • 5 mayo, 2008

El conde italiano Francesco Marone Cinzano presentó Erasmo 2005, un tinto elaborado en el Maule que muestra una senda para el vino chileno. Por Marcelo Soto

 

 

 

La pregunta que encabeza esta columna se la hago a Andrés Sánchez, un enólogo chileno talentoso y algo deslenguado, que hace vinos de gran personalidad en el Maule y que también asesora al conde italiano Francesco Marone Cinzano para elaborar en el valle talquino el magnífico Erasmo, una de las mejores mezclas tintas que Chile ofrece por estos días.

“Por supuesto”, contesta Sánchez, con la intensidad de siempre. “Vinos buenos hay en todo el mundo, pero vinos hechos con pasión, muy pocos. Y son estos últimos los que a mí me emocionan”. A veces se abusa de la palabra “pasión” en el vino y le vuelvo a preguntar. “¿Pero puede un vino emocionarte tanto como una sonata de Mozart o una buena novela?”. Y Sánchez no duda: “sí, definitivamente”.

Hablar de las emociones que despierta el vino es como preguntarse si sueñan los androides con ovejas eléctricas (la pregunta, por si no recuerdan, que hacía el autor de Blade Runner), pero es un tema que ronda durante la cena de presentación del nuevo Erasmo 2005, oportunidad en la que degustamos también seis notables ejemplares de la Toscana, todos elaborados por el enólogo italiano Maurizio Castelli.

Castelli viene llegando de Europa y está cansado, pero sin duda es el protagonista de la noche. “Chile me recuerda a la Toscana en los 80, cuando allá se hacían vinos promedios, sin personalidad. Había una crisis de identidad, pero los pequeños productores comenzaron a renovar el vino toscano y lo pusieron en el club de los grandes del mundo”.

Y agrega: “los chilenos tienen todas las condiciones para hacer algo parecido, pero hasta ahora han apostado por elaborar vinos masivos, de una calidad estándar, sin mayor carácter. Y parte de la culpa la tiene la prensa”. En la mesa hay media docena de periodistas y el conde Cinzano, algo nervioso, bromea: “Castelli no es político”.

Pero el enólogo italiano tiene razón. Muchas veces la prensa local tiende a privilegiar a las grandes viñas, ignorando lo que hacen pequeños productores en zonas poco glamorosas, pero de gran tradición, como el Maule. Erasmo –elaborado por Castelli en el Maule secano, es decir sin riego– es la mejor evidencia.

Esa noche probamos algunos extraordinarios vinos toscanos, vinos únicos que se graban en la memoria como I sodi di San Niccolo 2000 y sus notas a nueces y fruta en almíbar o el incomparable Grattamacco 2004, que uno podría llevarse a una isla desierta y beber para siempre.

Llega entonces el turno de Erasmo 2005, mezcla de cabernet sauvignon (60%), merlot (30%) y cabernet franc, que cuesta alrededor de 15 mil pesos. “¿No es un riesgo probarlo después de esos vinos toscanos increíbles?”, le pregunto a Sánchez. El enólogo chileno lanza una carcajada y dice: “tienes razón, pero vale la pena”.

Y sí. Vale la pena. Erasmo quizá no sea tan intrigante, pero se para bien frente a los ejemplares italianos que probamos antes, con sutiles y complejos aromas a fruta fresca y a hierbas como tomillo, de una fineza casi sensual en la boca. El sommelier Héctor Riquelme, incluso, lo compara a “estar con una muchacha tendido en el pasto”. Pura emoción.