La idea de que podamos ser capturados para la posteridad, o teletransportados a través de un holograma, es tentadora.
Por Tim Bradshaw, Financial Times

  • 28 marzo, 2019

Como muchas artistas, Marina Abramovic anhela la inmortalidad. Pero la verdadera naturaleza de su trabajo plantea un desafío único para lograrlo.

Abramovic, una pionera del arte-performance desde los 70, se enfoca en su propio cuerpo como “temática y medio”. Durante The Art is Present en 2010, se sentó frente a los visitantes del Museo de Arte Moderno de Nueva York, mirándolos fijamente a los ojos en total silencio, todos los días por tres meses. Para 512 Hours en 2014, guió a los visitantes de la mano alrededor de la Serpentine Gallery de Londres en un extraño híbrido entre grupo de meditación y teatro interactivo.

Otros artistas pueden dejar de lado un lienzo o una escultura, pero la experiencia de Abramovic es más íntima. Una vez que su performance termina, revivirla es imposible. “Soy mortal”, me dijo la mujer de 72 años cuando la conocí en Serpentine el mes pasado. “Eso es una cuestión importante”.

Esa fue la primera vez que conocí a Abramovic, pero siento que no fue así. Justo unos minutos antes, yo era parte de una veintena de personas paradas viendo su metódico caminar alrededor de un pequeño podio circular. Luego, sin ninguna advertencia ni dramáticos efectos especiales, su cuerpo se disolvió y desapareció.

Puede que esto no haya sido la Abramovic “real”, pero su gemela virtual parecía sólida, tangible y en las tres dimensiones. Podía caminar alrededor del podio hasta que estuviera cara a cara con ella. Podía escuchar sus pasos cuando su sombra fantasmal pasó, antes de que reapareciera de nuevo al otro lado de la habitación.

Junto al resto de la audiencia, yo usaba los anteojos de “realidad mixta” de Magic Leap. He estado siguiendo este emprendimiento localizado en Florida, que recaudó la impactante cifra de 2 mil millones de dólares antes de haber lanzado su primer producto. Pero la instalación de Abramovic fue la primera vez que probé la tecnología de la compañía yo mismo.

Los primeros avances de video subidos por Magic Leap en YouTube mostraban una ballena saliendo a la superficie en el gimnasio de un colegio y un tiroteo con robots asesinos invadiendo una oficina. Inicialmente, Marina Abramovic: The Life parecía un asunto bastante sencillo: una mujer con un vestido rojo que no hacía mucho. Sin embargo, gradualmente, la actuación meditativa y minimalista de la performance me conmovió. Y que yo haya sido una de las varias personas reales experimentando la misma alucinación colectiva solo hizo que se sintiera más vívido.

Si la tecnología de la realidad mixta va a triunfar –y la mayoría de Silicon Valley está apostando a que sí–, necesita trabajar en un nivel que es tanto humano, como espectacular. Como explicó Abramovic, “nuestro mundo está lleno de cosas escalofriantes. Necesitamos la tranquilidad, la calma y la cotidianeidad de la vida diaria”.

Según Todd Eckert, cuyo estudio de producción Tin Drum trabajó en la instalación, crear este tipo de muestra es mucho más desafiante que liberar fuegos artificiales digitales. “Si capturas volumétricamente una pelea de espadas, es solo movimiento, entonces no tienes tiempo de contemplar la realidad de la forma”, dice. “Tener una conexión lenta y auténtica entre el artista y la audiencia es probablemente la cosa más difícil que hayamos creado. Tuvimos que inventar todo tipo de herramientas para hacerlo funcionar”, explicó.

Incluso fue la primera vez que se conectaron entre ellos más de veinte anteojos de realidad aumentada Magic Leap para ver el mismo objeto digital. Meses antes, Abramovic pasó tres días rodeada de video cámaras que podían capturarla volumétricamente en 360 grados. Cada minuto de grabación tomó diez horas para renderizarlo en una imagen tridimensional. Su maquillaje mate y la tela de su vestido tuvieron que ser escogidos cautelosamente para asegurar que no habría reflejos que pudieran romper la ilusión.

Es poco probable que las herramientas y técnicas para un imaginario 3D tan realista estén disponibles para la mayoría de nosotros. Solo los anteojos de realidad aumentada de Magic Leap cuestan 2.295 dólares. Aun así, la idea de que cualquiera pueda ser capturado para la posteridad, o incluso teletransportado en un tipo de holografía de FaceTime, está casi al alcance de la mano. “La primera vez que lo vi, fue una experiencia muy intensa”, dijo Abramovic. “Tú me estás viendo a mí, y lo que va a quedar de mí”.

Va a tomar tiempo acostumbrarse a la inmortalidad.

 

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