La ambición de SpaceX es “revolucionar los viajes espaciales” aunque, para las misiones tripuladas, la empresa de Elon Musk en ocasiones ha tenido problemas para… pues, para despegar. Algunos de los objetivos y plazos relacionados con sus más grandes planes han resultado ser extremadamente optimistas.

  • 1 octubre, 2018

Por eso, los observadores del espacio se mostraron intrigados cuando Musk anunció que había encontrado a su primer cliente para un viaje a la Luna: Yusaku Maezawa, un multimillonario japonés del sector de las ventas minoristas en línea. Maezawa después atrajo aún más atención al declarar que invitaría a un grupo de artistas a viajar con él.

Para este “proyecto artístico global, universal e imponente”, llamado Dear Moon (Querida Luna), entre seis y ocho creativos —un pintor, un músico, un director de cine, un diseñador de moda y quizá otros más— acompañarán a Maezawa en un viaje de cinco días y unos 800.000 kilómetros a bordo del cohete Big Falcon, aún por construirse, con el fin de orbitar la Luna pero sin alunizar.

La travesía está programada para el 2023 —“si todo sale cien por ciento bien”, comentó Musk—, pero The New York Times aprovechó la oportunidad para pedir a unos artistas que soñaran un poco y dieran propuestas para el proyecto. En nuestra versión, el presupuesto es ilimitado y, a diferencia de la misión real, sí hay alunizaje.

Daniel Libeskind

Libeskind es un arquitecto cuya firma se ubica en Nueva York.

Mi propuesta es convertir la Luna en un proyecto artístico: es una esfera y quiero convertirla en un cuadrado perfecto. Ese es mi sueño.

Mi hijo Noam es astrofísico en el Instituto Leibniz en Alemania e hicimos algunos cálculos acerca de cómo lograrlo. Pensamos que la mejor manera sería pintar zonas de negro para que ya no reflejaran la luz del Sol. Para contrarrestar la curvatura, se tendrían que pintar cuatro casquetes esféricos en la superficie de la Luna. Eso crearía una suerte de marco que se vería cuadrado desde la Tierra.

Entiendo que quizá no es el concepto más barato —nuestro cálculo es de casi diez billones en costos de pintura solamente—, pero me gusta la manera en que transformaría la Luna en una pieza de arte contemporáneo.

Ai Weiwei

Ai es artista. Su estudio está en Berlín.

Un cambio de perspectiva es la fuente de cualquier tipo de arte. Sin cambiar perspectivas, jamás tendremos una visión completa de nada: ni en lo político ni en lo personal ni en lo social. La intensidad de la carencia de vida en la Luna, la imposibilidad de que existan especies ahí, es un espejo. Nos hace apreciar aún más el precioso milagro de la vida en este planeta.

Así que lo que puedo poner en la Luna es una observación: mi insignificancia en relación con el universo, y usarla como punto de vista para el planeta Tierra. Sin conocer otros cuerpos celestes, no somos capaces de entender verdaderamente de qué se trata nuestro planeta.

Kara Walker

Walker es una artista que vive en Nueva York.

Comencé a pensar en una colonia lunar, de la que muchas personas han hablado de manera bastante seria a lo largo de los años. Así que haría esto: por cada niña nacida en la Tierra, se enviaría a la Luna un hombre adulto sexista y supremacista blanco.

Podrían colonizarla cuanto quisieran y nos mirarían a una distancia de más de un cuarto de millón de kilómetros. Allá arriba hay un mundo monocromático; quizá eso les encantaría. La colonia estaría sellada herméticamente. El resto de nosotros podría disfrutar la vista desde una distancia segura. Quizá podría haber algún tipo de ritual de selección de los hombres que viajarán, algo relacionado con la menstruación y las mareas… una pizca de la naturaleza femenina para añadir un poco de justicia irónica al asunto.

Para los supremacistas, quizá viajar tan lejos de casa les ayudaría a tener una cosmovisión distinta. Para el resto de nosotros en la Tierra, podría ser una oportunidad para enfocarnos en la naturaleza de nuestro hogar, nuestro planeta, con la misma reverencia de ensueño que alguna vez reservamos para la Luna.

Hito Steyerl

Steyerl es una artista y escritora que vive en Berlín.

No me opongo a la idea de la exploración espacial; es interesante, sobre todo la observación del espacio profundo. Sin embargo, todo el concepto de los viajes especiales corporativos me parece bastante extraño: creo que es una especie de plan de escape para los oligarcas, en caso de que la Tierra se vuelva inhabitable. Sería la zona residencial exclusiva por excelencia.

Por ello, mi idea sería recurrir a los otros artistas y convencerlos de no ir a la Luna, sino de crear un hábitat espacial aquí en la Tierra. Hay muchos lugares que son inhabitables en la actualidad: zonas de conflicto, áreas que sufren de extrema pobreza y devastación ambiental. También hay otros sitios apenas habitables donde la gente debe tener tres empleos para sobrevivir. El espacio público está casi extinto en muchos lugares del mundo. Crearíamos un entorno rico en oxígeno, con plantas, y los demás artistas y yo podríamos trabajar y crear ahí. Se trata de adaptar las civilizaciones disfuncionales para convertirlas en ambientes habitables.

Eric Fischl

Fischl es un pintor y escultor que reside en Nueva York.

La fotografía ya ha capturado gran parte del espacio exterior y, como pintor, sería muy difícil aportar algo nuevo. El contraste drástico entre el horizonte y el espacio me hace pensar que se necesitaría una abstracción contundente para capturarlo: un contraste sólido entre la luz y la oscuridad con muy poco color.

Algo que intentaría averiguar sería la ambivalencia profunda que cualquier ser humano sentiría en un lugar donde no puede sobrevivir. La única manera en que podría entender lo absurdo de haber pensado que quería estar ahí en primer lugar sería recurrir al humor. Creo que mi primer acto creativo después de alunizar sería quitarme el traje espacial y orinar en el espacio sin gravedad, un esfuerzo inútil por marcar mi territorio.

Para seguir leyenda ingresa a The New York Times.