El llamado es a dedicar un momento, mañana martes a las 20:00 horas, a las miles de personas que han muerto durante la pandemia. Los organizadores de esta campaña explican por qué es importante realizar un rito comunitario.

  • 20 julio, 2020

Mokita es una palabra de la lengua indígena Kivila, de Nueva Guinea, que se usa para denominar aquella verdad de la que nadie habla, pero que todos conocen. Es el término que Jorge Browne y Matías Reeves escogieron para nombrar el proyecto que invita a conversar sobre la muerte. Jorge y Matías se conocieron en Londres el año 2014; el primero estudiaba salud pública y el segundo filosofía política. Como médico especializándose en geriatría, Browne tenía la inquietud profesional de saber cómo abordar el tema de la muerte con sus pacientes y sus familias. Así se dio cuenta que era una conversación que tampoco tenía resuelta consigo mismo y compartió esa idea con Reeves. A ambos les parecía que era importante romper ese tabú y correr el velo lúgubre en torno a la muerte.

Desde hace diez años en la capital inglesa existe la iniciativa Death Cafe, en la cual distintas personas se reúnen a hablar de la muerte. Este par de chilenos decidieron conectarse con sus promotores para realizar el Café de la muerte en nuestro país. De vuelta en Chile organizaron el primero de estos encuentros en noviembre de 2016. “Proyecto Mokita busca naturalizar la muerte en las conversaciones de la vida”, señala la descripción de su sitio web. A estas reuniones, que se realizan mensualmente, acuden todo tipo de personas: algunos han sufrido una muerte cercana, otros están enfrentando una enfermedad terminal o acompañando a alguien en ese proceso. También hay asistentes de todas las edades que simplemente están interesados en el tema desde lo filosófico o lo espiritual. Como no existen verdades absolutas ni respuestas definitivas, sólo queda la posibilidad de abrir una conversación, explican los fundadores de este proyecto que ayer enviaron una carta a El Mercurio donde proponen un minuto de silencio en memoria de las miles de personas que han muertos los últimos meses en nuestro país producto del coronavirus. Además de Browne y Reeves, el mensaje lo firman Adriana Valdés, Juan Pablo Beca, Rosario Navarro, Verónica Rojas y Verónica Undurraga, todos parte de Proyecto Mokita.

Durante los últimos meses han llevado a cabo los Café de la Muerte a través de Zoom y en esas conversaciones surgió la necesidad de establecer un rito mortuorio comunitario. Mañana martes 21 de julio se cumplen cuatro meses desde que murió la primera persona por Covid-19 en Chile y la propuesta es darse un minuto a las 20.00 horas para guardar silencio, prender una vela o lo que cada uno estime conveniente para honrar esas miles de vidas que a veces tendemos a normalizar o asimilar como cifras, sin recordar que cada una ellas tiene su propia historia. Que muchos desconocidos sintonicen una misma frecuencia, genera comunidad. “Creemos que es necesario hacer un rito social y acompañar a esas miles de familias que han perdido a un ser querido. Como sociedad tenemos que reconocer ese sufrimiento. Si no lo hacemos, es como que no existiera”, afirma Browne. Reeves, que además de filósofo es ingeniero y presidente del directorio de Educación 2020, dice que algunas de las lecciones que ha obtenido en estos casi cuatro años, es que la búsqueda de respuestas detrás de la muerte es algo que persigue a la humanidad desde hace siglos, y como nadie la ha experimentado en primera persona, esas interrogantes nos unen en un espíritu civilizatorio.

“La pandemia ha puesto el tema de la muerte sobre la mesa y han surgido conversaciones que normalmente evitamos, como el debate en torno a la última cama”, señala Browne. El médico agrega que entender la finitud de la vida permite redireccionar nuestra existencia. Plantea además que gracias a la ciencia y a las mejoras sociosanitarias, en los últimos cien años de historia la expectativa de vida ha aumentado sustancialmente. Pero ese hecho, que es positivo, también ha generado, al menos en Occidente, que la muerte se haya transformado en algo socialmente incómodo. Y eso es lo que les gustaría cambiar, apuntan en Proyecto Mokita. En este tiempo han aprendido que las percepciones sobre la muerte son muy heterogéneas y responden muchas veces a elementos culturales y/o religiosos. Browne incluso sostiene que en ciudades como Santiago uno se puede encontrar con aproximaciones muy distintas a las que existen en zonas rurales. Reeves por su parte enfatiza que muchas veces los profesionales de la salud no cuentan con la preparación apropiada para poder tratar el tema con sus propios pacientes o con sus familiares.

«Hablar de la muerte, es hablar de la vida. Se abren discusiones muy profundas de análisis de perspectiva vital. Todos sabemos que vamos a morir, eso es una obviedad, pero es muy distinto tener consciencia de tu estado de mortalidad. Nosotros creemos que eso sirve para  vivir una vida mas plena”, afirma el filósofo e ingeniero. Recalcan que los Café de la muerte no son grupos de apoyo clínico, sino simplemente una instancia libre de conversación, «sin agenda ni marco teórico». “Lo que la gente más valora es encontrarse con otros, eso nos humaniza”, agrega Reeves. Cuentan que muchas personas se han sumado al minuto de silencio de mañana y eso demuestra que existe una necesidad de reunirnos y de acompañar a quienes están en duelo, aunque sea desde nuestras casas. Esperan que eso se transforme también en una luz de esperanza y en un abrazo nacional.