Detrás de la oposición de Alemania a cualquier intento de sus pares europeos de salir de la crisis al menor costo posible hay mucho más que una simple estrategia económica. Los germanos hicieron la pega y todo indica que aprovecharán esta ventaja para ganar espacio en el reacomodo de poderes en la UE. Por Marcela Corvalán.

  • 16 diciembre, 2010

Detrás de la oposición de Alemania a cualquier intento de sus pares europeos de salir de la crisis al menor costo posible hay mucho más que una simple estrategia económica. Los germanos hicieron la pega y todo indica que aprovecharán esta ventaja para ganar espacio en el reacomodo de poderes en la UE. Por Marcela Corvalán.

Detrás de la oposición de Alemania a cualquier intento de sus pares europeos de salir de la crisis al menor costo posible hay mucho más que una simple estrategia económica. Los germanos hicieron la pega y todo indica que aprovecharán esta ventaja para ganar espacio en el reacomodo de poderes en la UE. Por Marcela Corvalán.

Hasta de antieuropeo y simplista han calificado al gobierno alemán por su posición de cara a la crisis del euro. Pero Angela Merkel, flanqueada por su ministro de Hacienda, Wolfgagn Schauble (el mejor ministro europeo de finanzas este año, según Financial Times), ha resistido los embates e insiste en que la austeridad es el camino adecuado. A Berlín, igual que a sus ciudadanos, no le resulta simpático esto de tener que pagar por los miembros de la eurozona que no han cumplido con sus tareas fiscales. Pero eso no es todo: a simple vista tampoco se puede descartar cierta estrategia política, consistente en aprovechar el impasse para salir con una Alemania más fortalecida en el futuro bloque. Miren que para eso Merkel se las trae.

Jean Claude Juncker, primer ministro de Luxemburgo y presidente del eurogrupo, propuso la emisión de bonos con una garantía conjunta de la eurozona para ayudar a financiar los rescates de los miembros más endeudados de la unión monetaria. El rechazo alemán llegó el mismo día, y tajante. La reacción de Jucker, en una entrevista con Die Zeit, un semanario alemán, calificando la postura germana de “antieuropea” y de “erigir áreas tabú” fue una manifestación dramática del deterioro de los ánimos dentro de la UE.

Lo cierto es que Merkel no ha contribuido a calmar a los mercados exigiendo condiciones para los rescates y declarando que los acreedores deben compartir parte de las pérdidas. Pero tiene razón: el rescate a Irlanda apunta en realidad al sector bancario irlandés, forzado por la decisión de las autoridades isleñas de garantizar el pago de toda la deuda de sus bancos.

Hay que decir que no hubo rechazo popular en Alemania al rescate de Irlanda. Es probable que las buenas perspectivas económicas germanas hayan contribuido. Se espera que el PIB se expanda 3,5% este año y al menos 2% en 2011. El desempleo ha bajado y hay señales tentativas de un mayor consumo, lo que sólo puede favorecer a una economía que depende de las exportaciones. Y el gobierno, ni tonto ni perezoso, ha insistido en aprovechar esta posición de relativa fortaleza para dejar en claro que Alemania sigue siendo el puntal de la eurozona, presionando por reformas que incomodan a otros.

Tampoco se han quedado en el sillón criticando al vecino. Alemania aprobó un presupuesto austero para 2011, con un gasto federal 4,3% inferior al de este año. El próximo año marca además un punto de inflexión para las finanzas alemanas, ya que entra en vigencia una ley que obliga al gobierno a reducir la brecha entre sus ingresos y el gasto a menos de 10 mil millones de euros anuales para 2016; en la práctica, impidiendo además que los Estados del país (Laender) puedan emitir nueva deuda a partir de 2020. Y todo esto, con la meta de reducir el déficit federal, este año en 4% del PIB, a menos de 3% para 2013 a más tardar.