Aún no hay candidaturas oficialmente inscritas para definir quién será el próximo Premio Nacional de Artes Plásticas. Ni fecha definida para su anuncio, aunque posiblemente sea a finales de septiembre. Pero en redes sociales y distintas plataformas ya son varios los nombres que circulan. Acá cinco personajes cuentan por qué su candidato merece ser el ganador.

  • 11 julio, 2019

Este premio, que se otorga año por medio, suele generar cierto movimiento en la escena artística. Lo mismo ocurre por cierto en otras disciplinas como la literatura, el periodismo o las artes escénicas. Algunos argumentan que lo importante al momento de elegir al ganador es su trayectoria, otros señalan que se debe premiar el aporte que el artista haya realizado al país, su compromiso político o su relevancia a nivel internacional. Las distintas entidades que postulan deben presentar un dossier que incluye cartas de apoyo a cada candidatura. El jurado, compuesto por siete personas entre los que están la ministra Consuelo Valdés, el rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi, y Paz Errázuriz, ganadora del premio en 2017, además de otros representantes de la academia y las artes, tiene la facultad de proponer algún nombre, que no figure dentro de los candidatos, durante el mismo día que tenga lugar la deliberación. Este año por primera vez el jurado tendrá dos integrantes técnicos: Mónica Bengoa e Iván Navarro. Sus nombres deben ser ratificados. El galardón consiste en un diploma, la suma de $6.576.457 y una pensión vitalicia mensual de 20 UTM. Además del reconocimiento, claro.

Aparte de las candidaturas que se mencionan a continuación, también rondan otros nombres como el del escultor Mario Irarrázabal, el artista Juan Pablo Langlois –aunque sus cercanos afirman que en esta oportunidad no habrá postulación, por el desgaste que eso implica- y Rodolfo Gutiérrez, más conocido por su seudónimo Zerreitug, fabricante de dioramas, aquellas figuras y maquetas históricas que pueden observarse en varias estaciones del Metro de Santiago y en museos.

JUAN DÁVILA por José Pedro Godoy, artista.

“La obra de Dávila es compleja, insolente e incómoda. En ella podemos ver cómo la tradición que le da densidad a la pintura como medio, se potencia con la baja cultura y la representación de su propia época, visibilizando la sexualidad, la abyección, el homoerotismo, la tortura, la violencia o el colonialismo, creando cruces y vínculos reveladores en imágenes poderosas que parecen explotar, que desafían y provocan; cuadros estéticamente difíciles, pero fascinantes. Los temas que desarrolla y su propia mirada hacia ellos, la que ha tenido durante los últimos 50 años, revela su lucidez como artista. Su vigencia es evidente, sobre todo al mirar, por ejemplo, las formas y fondos de muchos otros artistas jóvenes queer en todas partes del mundo, porque si bien en Chile es enormemente admirado y es sin duda uno de los artistas más influyentes – y esa es una de las razones por las que debería ganar el Premio Nacional – la fuerza de su obra es explícita también en otros contextos y lugares”. La candidatura de Dávila la lleva adelante su sobrino Andrés Durán con el apoyo de otros artistas como Gerardo Pulido, Jorge Gronemeyer y Carolina Illanes.

 

LOTTY ROSENFELD por Isabel Aninat, galerista y presidenta AGAC.

“Chile está en deuda con Lotty Rosenfeld respecto al Premio Nacional de Arte. Este tendría que habérsele otorgado hace ya tiempo. Desde 1979 su trabajo ha tenido el carácter de transgresión respecto de los mandatos impuestos y los signos que se nos imponen. Utiliza el espacio público que cruza con una línea en el pavimento. En este acto, aparentemente sencillo, en centros de poder tanto en Chile como en el extranjero, arriesga su integridad. La marca que deja tiene una fuerza infinita, sin estridencias y en silencio, llama al desacato, a mirar de otra manera o al menos a preguntarnos; ¿qué pasa aquí? Lotty Rosenfeld ha trabajado siempre en su país, sin embargo, logra que museos tan relevantes como: el Moma, la Tate Modern, Reina Sofía, Guggenheim, el Malba, entre otros, hayan adquirido su obra. Así contribuye a la visualización del arte chileno contemporáneo en el extranjero. Su compromiso político y social de más de cuatro décadas, su trayectoria y la excelencia de su obra hacen que Javiera García-Huidobro y yo le demos nuestro apoyo”. La asociación gremial Arte Contemporáneo Asociado (ACA) se ha declarado a favor del premio para Rosenfeld, también se anotan otros nombres como Gonzalo Díaz, Nelly Richard, Voluspa Jarpa y Claudia Zaldívar.

 

EDUARDO VILCHES por Alberto Zamora, grabadista y académico UFT.

“Por su gran experiencia, su aporte al arte chileno y sobre todo por su carrera como docente, Eduardo Vilches se merece el Premio Nacional. No solo se dedica al arte sino a formar gente. Su histórico curso de color, que ha impartido en distintas universidades, ha dejado una huella cimentada en varias generaciones de artistas chilenos. Además de su importante obra en grabado, como parte del Taller 99, ha incursionado también en la fotografía como formato artístico. Su obra es un referente valioso y el premio tendría que habérselo ganado hace años, en un reconocimiento a su trayectoria. Como maestro siempre ha destacado por su cultura, su mirada, y su capacidad de adaptarse a las nuevas generaciones, manteniéndose siempre vigente. En lo personal es una persona muy sencilla, muy quitada de bulla, y se ha mantenido ajeno a su postulación”. Lo apoyan las Escuelas de Arte de la Universidad Católica y de la Finis Terrae y también artistas como Enrique Zamudio y Rodrigo Cabezas.

 

CIRO BELTRAN por Rodrigo Cociña, artista.

“De la obra de Ciro Beltrán destaco su constante investigación y cuestionamiento de las formas y posibilidades de la pintura, llevándola a sus límites extremos. Su trabajo permite al espectador hacer lecturas que invitan a la participación integradora y a entender el arte sin fronteras de géneros. En sus diferentes vertientes creativas combina la pintura en sus desplazamientos a la arquitectura, hacia la performance, la intervención urbana, hasta la poesía instalada en el contexto urbano. De ese modo ha ampliado las fronteras y los límites de la forma de ver y producir arte. Considero que el Premio Nacional para Ciro es respuesta a lo que ha mostrado permanentemente llevando el nombre de nuestro país a una gran cantidad de países y transformándose en un gran embajador cultural vivo y con mucho trabajo por desarrollar”. Entre quienes apoyan su candidatura figuran curadores de arte, periodistas, artistas, arquitectos y poetas, como Inés Durán, Carmen Berenger, Humberto Eliash y Ana María Matthei.

ALEJANDRO “MONO” GONZALEZ por Alberto Larraín, director ejecutivo Fundación ProCultura.

“El arte, además de tener una dimensión estética, tiene una dimensión social: es un medio de expresión elocuente, remece y cuestiona, vincula a las personas y genera identidad. La obra de “Mono” González es quizás la más social de todas: nace en la calle; está emplazada en comunas que usualmente tienen poco acceso a la cultura o en hitos simbólicos de la ciudad; aborda temáticas y problemáticas sociales –el trabajo, la familia– e integra nuestro patrimonio e identidad cultural y natural; y muchas veces se lleva a cabo de forma colectiva, en conjunto con la comunidad donde se sitúa. Además, su obra llena de colores es bella, emocionante, penetrante. Todos tenemos derecho a gozar de la belleza y “Mono” González lo permite más que ningún otro. Su arte tiene un impacto profundo e inigualable y por eso creemos que es merecedor del Premio Nacional de Arte 2019”.