Se hizo conocido por amenazar con tomarse la carretera al no conseguir los recursos necesarios para la reconstrucción. Hijo de padres analfabetos, este empresario –uno de los más influyentes de la zona– se convirtió en alcalde de Talca con el slogan “Juan Castro sabe como hacerlo”. Recorrimos la ciudad junto a él para confirmar si la frase que lo caracteriza es o no cierta. Mire lo que encontramos. Por Carla Sánchez Mutis; fotos, Verónica Ortiz.

  • 2 diciembre, 2010

 

Se hizo conocido por amenazar con tomarse la carretera al no conseguir los recursos necesarios para la reconstrucción. Hijo de padres analfabetos, este empresario –uno de los más influyentes de la zona– se convirtió en alcalde de Talca con el slogan “Juan Castro sabe cómo hacerlo”. Recorrimos la ciudad junto a él para confirmar si la frase que lo caracteriza es o no cierta. Mire lo que encontramos. Por Carla Sánchez Mutis; fotos, Verónica Ortiz.

 

Recorrer las calles de Talca es como retroceder automáticamente al 27 de febrero pasado. Sobre todo los lunes, cuando las veredas se colman de escombros que los talquinos siguen botando cada fin de semana. Es que el terremoto destruyó manzanas completas y, pese a que por semanas unos 50 camiones se paseaban por la ciudad recogiendo desechos y se llenaron 5 canchas de fútbol con basura, aún queda mucho por hacer.

-Todavía se ve bien deteriorada la ciudad…

-Ya no está tan sucia… uf, si la hubiera visto el primer día… Esta ciudad fue la más dañada de todas.

-Pero aquí no colapsaron edificios…

-En Concepción se cayó un edificio y acaparó todas las noticias. Pero aquí hay muchas viviendas dañadas. Fíjese: donde están esas panderetas, ahí antes había casas.

Juan Castro Prieto, alcalde de Talca, habla fuerte y claro. Y no tiene tapujos para decir las cosas de frente. No titubeó al recortar el presupuesto municipal para poder hacer frente al déficit de 5.140 millones de pesos heredados de la administración anterior y tampoco lo hizo cuando tuvo que barrer con el comercio ambulante en la zona.

“Soy de la Alianza, pero no por eso, o porque tengo un presidente o ministros que son de la Alianza, me voy a quedar callado”, reclamó al recibir poco más de 100 millones de pesos para la reconstrucción. Fue tanto lo que gritó y pataleó que finalmente consiguió que le asignaran casi 1.000 millones de pesos. “Cuando ocurrió el terremoto yo contraté muy rápido máquinas para limpiar la ciudad y compré viviendas de emergencia. A esas empresas había que pagarles, y como no me llegaban los recursos tenía dos posibilidades: o me quedaba callado y no recibía nada o gritaba hasta que me dieran la plata. Y opté por lo segundo”, recuerda.

-¿Siempre ha sido de armas tomar?

-No, soy una persona bastante tranquila, pero una vez que asumí el puesto de alcalde me di cuenta que aquí hay que pelear mucho, que hay que alegar. Todo lo que hice fue en el momento preciso. Sentí que estábamos peleando por lo justo. Como empresario uno planifica y toma decisiones rápido, pero aquí las cosas no son tan rápidas, producto de que estamos trabajando con personas que pertenecen a las plantas municipales y son lentas, les da lo mismo atrasarse en el trabajo. A mí me encantaría tener más atribuciones, hacer cambios sin tener que preguntar, pero el aparato público es muy burocrático, se ha quedado atrás. Yo entiendo que la transparencia es muy importante, pero los alcaldes deberíamos tener una mayor libertad y a la vez una mayor sanción. Es decir, si un alcalde mete las manos, por decir algo, debería estar 20 años preso.

-¿No le llamaron la atención por el tono que utilizó? Usted incluso amenazó con tomarse la carretera…

-Me llamaron algunos parlamentarios para pedirme que bajara las revoluciones, pero la verdad es que ellos también eran responsables, porque cuando ocurre este tipo de necesidades todos tienen que ayudar a conseguir los recursos.

-¿Cómo califica el plan de reconstrucción del gobierno?

-Siento que ha andado rápido y bien.

-¿Sí? ¿Y qué piensa de la interpelación a la ministra de Vivienda, Magdalena Matte?

-Que es injusta y yo la he defendido varias veces. Aquí hay muchos damnificados que son responsables. No se le puede entregar un subsidio a una persona que tiene la documentación incorrecta o la casa embargada. La responsabilidad en estos casos recae en los parlamentarios que tienen que modificar la ley.

Juan Castro sabe cómo hacerlo

No estaba en sus planes ocupar el sillón municipal. Hijo de padres analfabetos, Castro se crió entre papas y porotos. Mientras cuenta su historia, nos dirigimos a La Calor, un pueblo a 30 minutos del centro, donde sólo se ve una casa de adobe. En ese lugar, perdido en el campo, nació Juan Castro, hoy por hoy uno de los empresarios más ricos de la zona. No visita su casa natal desde hace años y se sorprende al ver que sigue en pie. “Mis orígenes son bien humildes. Somos una familia de 7 hermanos y, como había que ayudar en la casa, a los 5 años mi papá ya me llevaba a trabajar. Si fuera por años de trabajo, ya estaría jubilado”, ríe.

Sin que fuera un presagio, en un funeral recibió la oferta para ser candidato a alcalde. Antes de eso, había sido el jefe de campaña del hoy diputado de Renovación Nacional Germán Verdugo. “Les dije que pusieran mi nombre en la lista; eso sí, con una condición: si yo iba a ser el candidato tenían que avisarme con mucha anticipación para desarrollar una campaña”, cuenta.

Juan Castro sabe cómo hacerlo era el slogan que utilizó. “Lo interesante es que tenía varias lecturas. Por un lado se entendía como que en mis empresas yo lo había hecho bien. Pero las mujeres se fueron por el lado sexual, fue terrible”, sonríe con su qué el alcalde.

Y la frase ya forma parte del colectivo popular de Talca. Si por ejemplo un tipo quiere hacer una puerta y no sabe cómo, todos dicen a coro: “pregúntele a Juan Castro”. Incluso cuenta que cuando va caminando por las calles más de alguna vez un niño lo ha apuntado con el dedo y le ha dicho a sus amigos: “el sabe cómo hacerlo”.

Y de que sabe, sabe. Al menos, en lo que a negocios respecta. “Yo nunca quise estudiar porque empecé a trabajar desde muy chico. Terminé el octavo básico y mi madre me obligó a sacar la enseñanza media”. Castro tenía buenas notas, y con esfuerzo pudo haber estudiado en la universidad, pero optó por la tierra. “Volví al campo a ver si me iba bien con la agricultura. Pero me fue mal con el precio de las papas y me vine de vuelta a la ciudad”, añade.

Trabajó durante 10 meses en un taller de estructuras metálicas hasta que decidió independizarse. Tenía 21 años. Hoy, la empresa Barraca de Fierros Castro tiene sucursales en 6 ciudades y factura del orden de los 5.000 millones de pesos al año.

Juan Castro posa junto al edificio que construyó como cuartel central de Inversiones Santa Malva, desde donde comanda camiones de carga, una empresa constructora, otra de máquinas removedoras de tierra, una exportadora de frutas y pertenencias mineras. En total, negocios que le reportan cerca de 1.000 millones de pesos al año.

-Este debe ser uno de los pocos edificios de Talca…

-Nooo -dice con la sencillez que lo caracteriza.

Acostumbrado a manejar el día a día de sus negocios, hoy Castro se limita a revisar el estado de resultados.

-Ahora que está dedicado a la comuna, ¿quién le ve los negocios?

-Tengo buenos administradores. Desde que soy alcalde, prácticamente no estoy metido en la empresa. Confío mucho en la gente que tengo.

-Pero debe recibir bastantes críticas por ser alcalde y a la vez uno de los empresarios más ricos de la zona…

-Yo no soy de los más ricos –se apura en decir–. Soy una persona de origen humilde, vengo de muy abajo y con trabajo he ido logrando cosas. No sé si tengo tanto dinero, lo que sí tengo son empresas que funcionan. Y hoy día, que sea alcalde es producto de que la gente vio en mí esa capacidad para poder ordenar y crear fuentes laborales.

-Pero, ¿no lo han criticado por esta “doble militancia”?

-Siento que no tanto, pero hay personas a las que no les gusta que los empresarios nos vinculemos al tema político.

-¿Piensa seguir dedicado a la política o una vez que termine su período volverá a los negocios?

-Me han pedido que vaya a la reelección, pero es un tema que aún no he resuelto, aunque creo que voy a tener que hacerlo porque hasta ahora no han aparecido más candidatos…

-Pero ese no es su problema, ¿o sí?

-Soy de la Alianza y quiero que a la coalición le vaya bien. Además vamos a tener muchos proyectos que van a estar en proceso de construcción. El orgullo de una persona es cuando empieza un proceso y lo termina. La mirada nuestra es cómo ayudamos a que el país salga lo más rápido posible de la pobreza, y para eso hay que tener la mirada de crear riqueza.

-Pero si sigue en la política, ¿no sería mejor que se deshiciera de sus empresas?

-No, mis empresas no las voy a vender y tampoco tengo la obligación de hacerlo. Yo no voy a hacer lo que hizo el presidente Piñera, que lo obligaron a vender sus empresas.

-¿Por qué no?

-Mis empresas las he formado yo, la política en un momento determinado debe terminar y la vida seguir. Yo tengo hijos y ellos son los legítimos herederos de todo lo que uno trabaja en la vida. Es más, yo no veo cómo siendo alcalde puedo beneficiar a mis empresas. Incluso he salido perjudicado, porque antes le vendía fierro a la municipalidad y a los colegios y hoy no lo puedo hacer.

-Pero a lo mejor ha ganado por otros lados; por ejemplo fama, contactos…

-Lo que gana uno es el conocimiento de la gente.

La cosecha de Castro

Mientras esperamos un chupe de mariscos, Castro recuerda que después del terremoto recién almorzó el día 10 de marzo. “No había ninguna posibilidad de almorzar, no porque no hubiera comida, sino que por falta de tiempo. Yo traje manzanas del campo y tomábamos harta agua. Esos días bajé hartos kilos”, recuerda mientras bebe un trago de cerveza.

-¿Qué es lo que más le dolió del terremoto?

-La cantidad de daños tremendos que eran imposibles de solucionar en el corto plazo. Casi toda la ciudad estaba sin agua ni energía. Muchos se preguntaron: ¿por qué esta ciudad no la saquearon? Y aunque algunos decían que fue porque la gente de acá es tranquila, la verdad es que nosotros aquí hicimos una tremenda acción. Tuve que poner plata de mi bolsillo para comprar mercadería a la gente de las poblaciones y así evitar que vinieran a la ciudad a saquear.

Dejamos de lado el terremoto para conversar sobre un tema que le quita el sueño: el tren al sur. “Si el proyecto se licitara a nivel internacional tendríamos un tren rápido entre Santiago y Puerto Montt”. Castro no suele ir mucho a Santiago, pero por esos días justo debía hacerlo. “Voy a una reunión con la gente de Parque Arauco. Estamos haciendo un proyecto para desarrollar en Talca una estación intermodal donde concentremos buses rurales, interregionales, internacionales –producto del paso Pehuenche– con los trenes”, explica. La fórmula es simple: EFE es dueña de los terrenos, la municipalidad aporta el negocio y el terminal de buses y Parque Arauco actúa como inversionista. “El proyecto incluye una especie de mall asociado al terminal. Estamos hablando de una inversión sobre los 100 millones de dólares. Si todo anda bien, deberíamos empezar la construcción los primeros meses de 2012”, sintetiza.

Si hay algo que Castro echa de menos ahora que es alcalde es tiempo libre para viajar. Antes lo hacía bien seguido. Cuando iba a Europa lo hacía por un mes. Hoy el alcalde está empecinado en potenciar el atractivo turístico de su ciudad. “Talca no es un lugar turístico porque no hemos sido capaces de implementarlo como tal. Ahora tenemos un equipo de personas trabajando en ello. Hicimos el primer circuito de recorridos dentro de la ciudad, con operador turístico incluido, pero con el terremoto todo se vino abajo. Sé que vamos a recibir turistas, estamos integrándola con las demás comunas de la provincia para desarrollar turismo rural. Está la ruta del vino y tenemos bellezas preciosas, como las Siete Tazas, la laguna del Maule, Vilches, las termas de Panimavida, por nombrar algunas”, resume.

Terminado el almuerzo, otra vez subimos a su 4×4 para seguir recorrido. Castro nos quiere mostrar la casa que está construyendo para arrancarse los fines de semana. Desde la construcción de apenas tres piezas se observan los campos de La Calor y Punta de Diamante, tierras que con el tiempo ha ido adquiriendo. Más allá se ven las plantaciones de arándanos, negocio en el que le tiene mucha fe. Hoy es el primer día de cosecha y, mientras recorre el packing, Castro advierte que faltan trabajadores.

-¿Le gustan los arándanos?

-No sé si serán tan ricos o no, pero a los gringos les encantan –dice mientras saborea un puñado de esta fruta de la familia de los berries–. Partí sembrando maíz, trigo y porotos. Después me di cuenta de que los cultivos tradicionales no eran tan lucrativos y opté por el ganado. Cuando me cansé de los animales, decidí plantar manzanas y arándanos, que son más rentables.

-¿Cree que este año le va a ir bien con los arándanos?

-Sí, de todas maneras. El año pasado nos juntamos ocho empresarios y formamos la exportadora Prime Harvest. En total, sumamos más de 200 hectáreas. El año pasado exportamos sobre los 250 mil kilos, y este año la meta es de 700 mil.

En total, son cerca de 15 las hectáreas de arándanos que posee. “Estas ya están maduras”, le comenta a una de las temporeras apuntando a una fila de árboles que está a sus espaldas. “Chiquillas, pónganse para la foto. Esto va a salir en Estados Unidos”, les dice. Las mujeres sonríen junto al alcalde sin dejar de desgranar las frutas que muy luego estarán servidas en mesas de Japón, Inglaterra y Canadá. Todo, made in Talca.