• 22 febrero, 2011


La discusión del período post natal para las mujeres que son madres va a ser el test del valor que se le da a la maternidad en nuestro país. Los empresarios debiesen mirar más allá de la propia compañía y comprender que la maternidad es siempre un bien para quienes trabajan con ellos.


La naturaleza ha querido que todo ser humano tenga un padre y una madre. Es en ese contexto que está llamado a desarrollarse desde su inicio. Y una sociedad que quiere cuidar verdaderamente a sus ciudadanos debe procurar políticas públicas para que aquello así sea.

El niño tiene derecho a ser concebido, cuidado y educado en el marco de una relación duradera, respetuosa y de compromiso entre un hombre y una mujer: eso se llama matrimonio. Desde una perspectiva bíblica, el mandato de ayudarse mutuamente ha sido dado tanto al hombre como a la mujer, así como el de procrear.

Lamentablemente en Chile esta verdad, inscrita en la naturaleza humana y por tanto anterior a las leyes, está lejos de cumplirse. Y los niños y jóvenes sufren con mayor rigor las consecuencias. En la actualidad hay menos matrimonios, más separaciones y divorcios, menos nacimientos y éstos, cada vez más, se llevan a cabo fuera del matrimonio.

Por otro lado, se dice que la mujer quiere trabajar, quiere insertarse en la vida social y laboral. Ello es cierto. Sin duda. Y el aporte que realiza en los múltiples campos de la vida social, empresarial, educacional, artística, científica, es inmenso. Hay carreras altamente exigentes en las que las mujeres son mejores alumnas que los hombres. Pero más cierto es que en su gran mayoría las mujeres tienen que trabajar porque si no lo hacen no pueden alimentar a sus hijos y educarlos. Si no trabajan, no comen. Notable es el testimonio de abnegación que dan tantas trabajadoras que son el sustento de su casa porque se han quedado solas. Muchas de ellas, si pudieran, se quedarían al cuidado de sus hijos. La razón es muy sencilla: la madre es insustituible y ellas lo saben, los niños lo saben, la sociedad lo sabe. Y ello será posible en la medida que eduquemos a los hombres en ser más responsables, en asumir los compromisos contraídos y tengamos un Estado que las proteja y las cuide y promueva la capacidad única y originaria que poseen de ser madres. Esa es una política pública de largo aliento que sin duda beneficiará a la familia chilena. Es traumática para la familia la ausencia del varón, además de la pérdida de la figura paterna y de la ayuda que está llamado a prestar en la crianza de los hijos. La verdad es que la gran mayoría no suele hacerse cargo de su primera unión porque opta generalmente por formar otra. Creo que junto a las pruebas del SIMCE y la PSU que se rinden para medir conocimientos, serían interesantes un SIMCE y una PSU de responsabilidad, empezando por el valor que damos desde la más tierna infancia a la palabra empeñada. Creo que el país será más desarrollado en la medida en que tenga personas más responsables Ello requiere educarse en la virtud y, sobre todo, en el reconocimiento de la dignidad de la persona humana y, de modo especial, de la mujer en el lamentable contexto de machismo en el cual nos desenvolvemos. Ello se aprende al alero de maestros y de testimonios creíbles que, lamentablemente, son escasos. Los niños están solos, se sienten solos y se quejan por ello. Muchas mujeres postergan la maternidad porque, en la práctica, piensan que tienen que forjarse un futuro para responder por el hijo. No tienen ayuda. El tema de fondo es si la sociedad va o no a promover, valorar, incentivar la maternidad. Si la incentiva está dando señales claras de que el fin y la razón de ser de la sociedad son las personas y de que el sistema económico está al servicio de ella. Dirá además que una sociedad sin ciudadanos es una sociedad estéril. El estadista que tiene la vista orientada hacia el futuro debiese hablar de ello con más fuerza. Necesitamos ciudadanos: son el alma del país, son una bendición. Y hay que promover con las políticas públicas tanto el matrimonio como la maternidad. Muchas mujeres se encuentran en el dilema: trabajo o hijo. Esa situación es muy dolorosa y fuente de gran sufrimiento, tanto para los hijos como para las propias madres. Obviamente, con un esposo presente el dilema es de más fácil solución y permitirá, en muchos casos, además, optar por trabajar y cómo hacerlo.

La discusión del período post natal para las mujeres que son madres va a ser el test del valor que se le da a la maternidad en nuestro país. Los empresarios debiesen mirar más allá de su propia compañía y comprenderque la maternidad es siempre un bien para quienes trabajan con ellos. Y promoverla es hacer comprender que la trabajadora, funcionaria o profesional no es alguien que ofrece una mercancía (trabajo) y que ésta puede transarse según la ley de la oferta y la demanda. Quien contrata debe mirar allí a una persona integral, en la que el trabajo y la familia son parte de su ser y de su vida y que ambas son parte de su desarrollo integral. Discriminar a una mujer porque es una potencial madre es no comprender que la empresa y el trabajo han de estar al servicio de la persona y no la persona al servicio del trabajo. Es inmoral que no se contrate a una mujer porque tiene posibilidades de embarazarse, como también que reciba a igual trabajo un sueldo inferior al de un hombre.

Una sociedad civilizada reconoce en los hechos y a través de las leyes que la mujer tiene la misma dignidad que el hombre y las mismas capacidades. Pero tiene además lo más bello e insustituible: ser madre. Y este don precioso, en vez de castigarlo, como podría acontecer, hay que promoverlo. La ley acerca del periodo post natal tendrá una palabra que decir y la estamos esperando. Dios quiera que la que lea el proyecto se diga a sí misma no me están castigando por ser madre, sino que por el contrario, me están valorando. Y ello lo agradecerán los hijos, la sociedad toda y las futuras generaciones.