• 8 marzo, 2011


La medida supone un efecto negativo en las opciones laborales de las mujeres, aumentando los incentivos para contratar hombres. El diseño de política debiera contemplar esta realidad e incluir elementos que busquen empatar los costos de contratación.


El reciente anuncio de la extensión del posnatal ha generado un intenso debate. Lamentablemente, el gobierno parece haberse acostumbrado a hacer anuncios sin dar a conocer sus proyectos en concreto, lo que –en este caso– sólo permite esbozar ciertas características de la propuesta, dificultando comentar sus alcances de manera adecuada. Sin embargo, lo que sí es posible comentar son los factores que definen una buena política pública y que en esta ocasión han estado ausentes.

En primer lugar, es necesario identificar el objetivo de la política y el grupo al que va dirigida la intervención. Es evidente que existe una confusión entre los argumentos que apoyan y los que atacan esta medida. Ayudaría partir preguntándose si el posnatal es un beneficio para los niños o para las mujeres. Tener claridad sobre el grupo objetivo facilita y ordena la discusión.

Una recomendación básica en el diseño de política pública es mantener la relación un objetivo-un instrumento. Esto quiere decir que no es eficiente ni recomendable utilizar un mismo instrumento para objetivos múltiples. Cuando ello ocurre, generalmente los resultados no son los esperados y las políticas terminan siendo ineficientes e inestables en el transcurso del tiempo.

Los estudios de neurociencia, economía y psicología, entre otros, dan cuenta de la importancia de la estimulación temprana y del apego en el desarrollo de habilidades, tanto cognitivas como no cognitivas. Las conexiones sinápticas que permiten los procesos de aprendizaje futuro sólo se desarrollan a temprana edad. Por ello, si el objetivo son los niños y niñas de Chile, sin duda la extensión del posnatal apunta en la dirección correcta.

Por otra parte, esta medida supone un efecto negativo en las opciones laborales de las mujeres, aumentando los incentivos para contratar hombres. El diseño de política debiera contemplar esta realidad e incluir elementos que busquen empatar los costos de contratación entre hombres y mujeres. Por ejemplo, mediante incentivos a la paridad de género, cargando los costos de sala cuna a padres o modificando el artículo 203 del Código del Trabajo.

Segundo, las políticas públicas deben ser concebidas con un nivel mínimo de integralidad y coherencia. Ello implica que una medida como esta debiera ser parte de otras iniciativas en discusión como, por ejemplo, el ingreso ético familiar. Una propuesta de extensión del posnatal, que implica efectos en participación laboral, generación de ingreso y opciones familiares, debiera ser parte de un paquete más amplio y ambicioso. Con ello, habría sido posible un mejor esquema de incentivos, resguardando los recursos públicos y avanzando en un diseño integral de los programas sociales. Adicionalmente, hubiera sido importante explicar de qué manera este anuncio dialoga con la ampliación de salas cuna y jardines infantiles promovida por el gobierno anterior. ¿Dónde quedan la integralidad y la coherencia?

Tercero, las políticas públicas deben ser diseñadas para el largo plazo. Debo reconocer mi sorpresa al ver las idas y venidas, afirmaciones y desmentidos entre distintas autoridades, tanto de gobierno como de oposición. No podemos olvidar que esta fue una promesa transversal de campaña. En particular, suponía que el grupo Tantauco había reflexionado al respecto, que se habían anticipado los efectos directos e indirectos, calculado los montos involucrados, etc. En la franja electoral nos mostraron una situation room llena de economistas como sacada de West wing. ¿Estaban sólo posando para las cámaras? Es preocupante observar que, desde todos los sectores políticos, se hacen importntes promesas de campaña que no cuentan con los análisis técnico y político que las sustenten.