Para ser una marca más influyente solo le falta más convicción sobre su valor y más vocería. La gallina no solo pone huevos, los cacarea.
Por Agathe Porte, directora de empresas. Premio Mujer Ejecutiva 2016

  • 25 julio, 2019

Siendo una profesional de marketing y además una mujer, qué más entretenido -como ejercicio mental- que tratar de pensar en La Mujer como si fuera una marca.

Y cuando se trata de marca, la tarea más importante que conviene hacer, antes que todo, es definir su posicionamiento.

¿Cuál es o debería ser el posicionamiento deseado de la marca “Mujer” hoy y cómo deberíamos potenciarlo?

Y es justamente ahí, en ese gran trabajo que consiste en posicionar a la Mujer en la sociedad del siglo XXI, tanto en el ámbito profesional como en lo personal, en el que he discrepado regularmente de prácticamente todo cuanto ha sido hecho. Tal como he discrepado muchas veces de los briefs que me han sido dados por algunos clientes para posicionar sus respectivas marcas…

Soy de la escuela -la única que me parece válida en cuanto a marcas- de posicionar desde la diferenciación, destacando virtudes únicas, singulares y propias, sin mirar tanto a la competencia.

¿Cómo es posible querer posicionar una marca, tan solo buscando las semejanzas con la competencia; no encubre tal pretensión, al menos una flojera intelectual?

Entonces, respecto a la marca “Mujer”, surgen las consecuentes preguntas: ¿Por qué se está buscando reiteradamente posicionarla como la marca “Hombre”?

¿Por qué no hablar mejor de sus virtudes y de sus intrínsecas ventajas competitivas?

¿Por qué tener que empezar siempre desde el espacio del “minus” y no del “plus”?

Es aquí donde existe una inmensa oportunidad. Tenemos que ser capaces de instalar los rasgos positivos que nos identifican y, de esta forma, destacar las características que nos son propias, y que muchas veces son desocupadas por la “competencia”. Por nombrar las que me parecen más destacables: la inteligencia cognitiva y emocional, el liderazgo inclusivo, el sentido de responsabilidad y de compromiso, la planificación, la prolijidad, la constancia y perseverancia, la lealtad y la honestidad.

Coco Chanel, destacada diseñadora de alta costura, dentro de un mundo más bien ocupado por hombres, decía: “Para ser irremplazable, tienes que ser diferente”.

La Mujer, como marca, tiene que tener su visión propia, su propósito y la misión que tiene para la sociedad y, porque no, para el mundo.

Para ser una marca más influyente solo le falta más convicción sobre su valor y más vocería. La gallina no solo pone huevos, los cacarea.

Por esta misma razón me parece notable el trabajo que realiza Mujeres Empresarias junto con revista Capital, con en el premio Ejecutiva del Año que han creado.

Es una excelente manera de dar exposición a mujeres que se han destacado en la alta dirección.

Tuve el honor de ser premiada Ejecutiva del Año en 2016, y me ha dado una inmensa alegría. Ha sido una recompensa a los 25 años que he dedicado con mucha energía a dirigir unas de las agencias de publicidad más prestigiosas de Chile, BBDO Chile y Proximity. Pero no solo ha sido un reconocimiento a mi trayectoria, sino a un estilo muy propio (y muy “marca Mujer”) en término de gestión, liderazgo e innovación.

Este premio es más que relevante para mí porque Chile no es el país donde nací, sin embargo lo siento como mi segunda patria. Aquí es donde vivo felizmente desde hace 28 años. Mis hijos y mejores amigos son chilenos. Es un país donde he intentado dar lo mejor de mí, tanto en lo profesional como en lo personal.

Por todo ello, este premio ha sido profundamente entrañable.