Que una comedia romántica tenga final feliz no debería sorprender a nadie. Es de rigor. Y lo mismo corre para la escena del primer beso, las de pololeo con canción pop de fondo y para el instante en que todo parece perdido… hasta que el reencuentro de los enamorados pone las cosas en su lugar. […]

  • 29 julio, 2013

Antes del anochecer

Que una comedia romántica tenga final feliz no debería sorprender a nadie. Es de rigor. Y lo mismo corre para la escena del primer beso, las de pololeo con canción pop de fondo y para el instante en que todo parece perdido… hasta que el reencuentro de los enamorados pone las cosas en su lugar. Corren los créditos. Fin.

Así las cosas, lo realmente revolucionario sería continuar la historia y exponer a tus personajes a la vida “más allá de las películas”: a los altos y bajos de una relación, al tedio, a la rutina de seguir uno al lado del otro. Poder contemplar a estos amantes entregados a las idas y vueltas de la convivencia, como le queda claro a cualquiera que vea a Jesse y Celine, luchando por renovar su cariño en la pronta a estrenarse Antes del anochecer (2013).

Claro que en este juego, tanto ellos como su público tienen ventaja: los personajes se conocen desde hace casi dos décadas, cuando se encontraron casualmente en un tren camino de Viena, en Antes del amanecer (1995); y se reencontraron nueve años después, caminando por París en Antes del atardecer (2004). Los hemos visto jugar a enamorarse y desenamorarse en una noche, cobrarse sentimientos, reírse de sí mismos, fantasear con una vida juntos y poner al otro contra la pared.

De hecho, en algún momento de la década pasada lo que había comenzado como un pequeño proyecto independiente de Richard Linklater –un joven realizador tejano que quiso probar hacer un filme romántico a la europea– se ha convertido en una de las grandes sagas sentimentales de la historia del cine. ¿Para tanto?

Considerando la tremenda expectación generada por un sorpresivo rodaje en Grecia y posterior estreno del filme en el pasado Festival de Berlín, donde se lo recibió poco menos que como obra maestra, parece que sí. Frente a todos los elogios, los más relajados eran Linklater y sus dos protagonistas/guionistas, Julie Delpy e Ethan Hawke, quienes se han tomado con bastante filosofía el raro estatus de tener entre manos algo que suena contradictorio: un producto respetado por la crítica y una lucrativa franquicia hollywoodense, al mismo tiempo.

¿Dónde está el secreto?

Decir que las películas son notables, entretenidas e inteligentes (porque lo son) no aclara mucho; el gran hallazgo de la Trilogía “Antes de…” –como ya la bautizaron– pareciera estar en lo que indicábamos antes: en que su idea de romance no se despliega sólo entre besos, declaraciones y caricias, sino también a través del tiempo. Tal cual. La historia de Jesse y Celine continúa más allá de su despedida en Viena y la adolescente promesa de seguir en contacto. Y sigue después que ellos comparan heridas y recuerdos caminando por las riberas del Sena. En Antes del anochecer, los divisamos convertidos en padres de gemelas, de vacaciones por una Grecia asolada por la crisis económica, pero que luce tranquila como taza de leche. Igual que sus asuntos pendientes.

Ahora, quien pretenda buscar grandes momentos dramáticos, revelaciones cruciales o algo que se parezca a un gran desenlace de esta historia de amor, mejor que se abstenga. Tal como los filmes anteriores, el desafío central de la nueva película es parecerse, en lo posible, a la vida: una colección de momentos que se suceden y se escapan de manera imperceptible; donde el tiempo que se gasta en comprar unos helados en un negocio del camino no vale ni más ni menos que el empleado en vigilar a las gemelas durmiendo en el asiento trasero del jeep, en una conversación con amigos en la terraza, en la preparación de una ensalada o el invertido en una animada sobremesa. Nada clave se está jugando en esta hermosa tarde de verano. ¿O sí?

Los propios protagonistas aprovechan de bromear al respecto, en su ya clásica escena de caminata a dúo, presente en las tres historias: “¿cuándo fue la última vez que tuvimos tiempo para un paseo como éste?”. Y la respuesta es casi obvia: en la película anterior. De golpe, nos damos cuenta que lo que realmente construyó su historia juntos siempre ocurrió fuera de pantalla. Las cartas enviadas después de Viena, el libro que Jesse escribió sobre ese encuentro y su primer matrimonio, el complicado embarazo de Celine, la vida de ambos en Nueva York, su regreso a París, la segunda novela de Jesse… En realidad, cada vez que volvemos a verlos están haciendo un alto en el camino antes de cambiar de dirección.

Con los años ha quedado claro cuánto de Jesse emana de la biografía de Richard Linklater, quien escribió Antes del amanecer basándose en un largo paseo por Filadelfia que él dio junto a una chica que conoció en una tienda de juguetes; pero hubo que esperar hasta el tercer capítulo para saber hasta qué punto Celine se basaba en Julie Delpy, quien paralelamente ha hecho un ejercicio similar escribiendo y dirigiendo las aventuras de Marion, su neurótico alter ego en Dos días en París (2007) y Dos días en Nueva York (2012). Incluso, el mismo Ethan Hawke se ha dejado llevar por su protagonista escritor al publicar un libro de cuentos y otro de poemas. Ellos lo admiten sin problemas, del mismo modo en que no descartan el posible regreso de la pareja en nueve años más, en 2022. Por entonces ellos estarán recién pasados los cincuenta. Tal vez juntos, tal vez no. ¿Y ustedes? •••