Es innegable que cada año, tu smartphone se va poniendo más lento, claramente no funciona como cuando recién lo sacaste de la caja y pareciera que te obligaran a comprar el último modelo ¿obsolescencia programada? No tanto. El verdadero culpable es el tiempo. Y los propios adelantos tecnológicos, entre otras cosas. Primero, hay que tener […]

  • 1 diciembre, 2017

Es innegable que cada año, tu smartphone se va poniendo más lento, claramente no funciona como cuando recién lo sacaste de la caja y pareciera que te obligaran a comprar el último modelo ¿obsolescencia programada? No tanto. El verdadero culpable es el tiempo. Y los propios adelantos tecnológicos, entre otras cosas.

Primero, hay que tener en cuenta que cuando recién sale de fábrica y llega a tus manos, el smartphone está prácticamente vacío. Hay pocas apps instaladas y mucho espacio libre, hasta que claro, comienzas a sacar fotos, descargar otras aplicaciones, juegos, etc. La propia memoria interna del dispositivo necesita de suficiente espacio libre para funcionar a pleno rendimiento. Un teléfono sin apenas espacio libre es un teléfono lento, donde el sistema emplea valiosos recursos en pelearse para encontrar bloques disponibles.

También, las aplicaciones ya no son como antes y cada actualización la hace más pesada ya que necesita estar a la vanguardia de los avances. Por ejemplo, antes Facebook mostraba fotos, perfiles, cronología y un poco más. En cambio ahora, necesita vídeo en directo, efectos en tiempo real en la cámara, stickers, fotos en 360 y un millón de cosas más. Y así cada año tendrá que agregarle más habilidades que la harán más pesada.

Para combatir esto siempre podrías instalar versiones más antiguas de las aplicaciones, aunque no todos los desarrolladores te lo ponen fácil. Aplicaciones como WhatsApp dejan de funcionar si tienes una versión demasiado antigua.

Las actualizaciones también son un tema, ya que cada año las empresas sacan una nueva y van dejando obsoletas las anteriores, y también si el smartphone tiene ciertos años de antiguedad, deja de recibir esas actualizaciones.

La constante operación de lectura y escritura en la memoria del smartphone acarrea cierto desgaste, aunque lo cierto es que es mínimo. El único componente cuyo desgaste se hace evidente es la batería, cuya capacidad va decreciendo poco a poco desde su primer uso. Así, esas 24 horas de autonomía que tenía tu móvil recién comprado han pasado a ser 15 y más tarde te acabarás conformando con 10 y así se irá mermando hasta que tengas que tenerlo todo el día conectado a la corriente.