Fue José Manuel Mena, presidente de la Abif, quien hizo de interlocutor entre el gobierno y los representantes de entidades financieras de menor escala. “Me encargué de comunicar y explicar las conversaciones e informaciones que transmitió el gobierno a los ejecutivos que estuvieron presentes en esa importante reunión”, explica Mena. Así, aquellas firmas hicieron llegar sus observaciones a los borradores preliminares, en los que había un punto que puso su firma en jaque hasta el final.
Por Josefina Ríos y María José López

  • 14 abril, 2020

Fueron llegando de a uno. Eran cerca de las 12 de la tarde del martes 7 de abril cuando los principales representantes de la banca nacional llegaron a La Moneda: Pablo Granifo, presidente del Banco de Chile, Francisco Sardón, gerente general Scotiabank; Claudio Melandri, presidente Santander; Arturo Tagle, presidente BancoEstado; Eugenio von Chrismar, gerente general del Bci y, un miembro del Itaú.

El mandatario los invitó a una reunión en La Moneda para explicarles, en conjunto con el ministro de Hacienda, Ignacio Briones, el plan del gobierno en términos de créditos para las empresas en medio de la crisis generada por el coronavirus. Al final de ese encuentro se sentaron las primeras bases para el plan que explicó en detalle el domingo la autoridad: se trata de una línea de crédito Covid-19 para capital de trabajo con 6 meses de gracia, pagada entre 24 y 48 meses; con tasa de interés máxima real de 3,4%, que en las actuales circunstancias será 0, o incluso negativa, según la evolución de la inflación. El domingo al medio día, el mandatario incluía en su anuncio a 6 bancos. Al correr la tarde, se anunció que todas las entidades financieras estaban dentro del plan.

Claudio Melandri, presidente Santander.

Sin embargo, en ese lapso de tiempo, varios se preguntaron qué pasaba con los bancos de menor tamaño, como el Security, HSCB, Bice, o el Internacional, por ejemplo. “Es lo normal. Se negocia primero con los grandes”, dice una persona ligada a la banca. Por su parte, José Manuel Mena, presidente de la Abif (Asociación de Bancos e Instituciones Financieras de Chile), comenta: “Los bancos ‘medios y chicos’ no aparecieron en el anuncio del Presidente Piñera simplemente porque no participaron del acuerdo inicial”.

Mena explica que fue él quien hizo de contraparte con ellos. A pesar de que ni él participó en ese encuentro. “Supe de la reunión porque me avisó el ministro de Hacienda, Ignacio Briones, pero en el gobierno sabían que yo no podría ir, pues ese mismo día estaba citado a exponer en la comisión de hacienda del Senado, una instancia muy importante porque también estaban invitados representantes de la Comisión del Mercado Financiero”, explica.

El líder de la banca no tiene claridad de por qué el gobierno estableció este diseño para sentarse a conversar con los bancos, “quizás consideraron que era mucho 15 personas en la mesa”, argumenta sin mucha convicción. Con todo, y luego del encuentro, los asistentes a la cita con el gobierno comunicaron el contenido de la conversación a Mena, quien rápidamente informó al resto de los bancos del encuentro y sus términos, a través de correos electrónicos, llamadas y WhatsApp. “Me encargué de comunicar y explicar a todos las entidades las conversaciones e informaciones que transmitió el gobierno a los ejecutivos que estuvieron presentes en esa importante reunión. Al estar al tanto de todos los detalles, rápidamente se pudieron sumar al plan del gobierno”, explica Mena. El nexo para que se unieran al anuncio lo hizo la Abif, sin perjuicio que entre los ejecutivos de los diferentes bancos puedan haber tenido conversaciones privadas.

Francisco Sardón, gerente general Scotiabank

El gerente general de un banco señala que efectivamente fue así, que Mena hizo de “nexo” y que él les hizo llegar los primeros borradores. “No fuimos a la reunión porque es lógico que deben ir los grandes. Y varios nos sumamos el domingo, porque recién ese día tuvimos claridad de una ‘letra chica’ que incomodaba a algunos”, señala un alto ejecutivo del sector. El punto en cuestión, detalla el profesional, argumentaba que si un cliente de línea Covid tenía problemas para pagar una cuota al banco que le otorgó la línea de crédito “de emergencia”, se obligaba a todo el resto de los bancos con los que tenía relación el cliente, no cobrarle sus cuotas por otros asuntos pendientes. “Hoy eso evolucionó. En la redacción final del acuerdo no está. Eso nos tranquilizó”, indica. Ahora, agrega otra persona del sector, hay que estar atentos al resultado final de esta iniciativa: “El demonio está en los detallas”, ironiza.

Arturo Tagle, presidente BancoEstado

Pero más allá de los detalles del escrito, los representantes coinciden en que “en esto no hubo mucha opción de decidir si se participaba o no”, porque “se impuso desde el gobierno”, y porque “es lo que se requiere en el país en un momento como este”. Sin embargo, algunos se incomodaron con declaraciones posteriores de autoridades, como la del ministro de Economía, Lucas Palacios, quien el mismo domingo señalo en TVN que “la banca tiene que estar a la altura de las circunstancias, porque tampoco le conviene que en la economía empiece a quedar la escoba”.

“La banca va a perder plata”

Según Mena, el acuerdo entre la banca y el gobierno se logró básicamente porque el Estado se convierte en garante en un porcentaje alto del crédito (que permite compartir el riesgo) y, por el otro lado, por el financiamiento que entrega el Banco Central por el plazo que dure la operación, que hoy son US$ 3.000 millones pero en la práctica pueden llegar a ser más de US$ 20 mil millones.

No obstante el compromiso estatal, Mena asegura que la banca igual está asumiendo un riesgo compartido y por ende actuará como una especie de filtro en el análisis de riesgo, porque a diferencia de la FED en Estados Unidos, el Estado chileno no tiene capacidad para garantizar los préstamos en un 100%. Además, su misión también es minimizar la posibilidades de fraudes.

“Pero más allá de las precauciones, es evidente que la banca va a perder plata. Solo los gastos operacionales y de análisis de riesgo se comen el pequeñísimo margen que pudiera quedar. No hay estimaciones de las pérdidas aún porque dependerá del tiempo y la intensidad de la crisis económica. Además, si las empresas no logran pagar este crédito tampoco van a pagar los anteriores”, indica Mena.

Existe preocupación, pero sin duda hay conciencia de que hay que buscar formas de dar facilidades de pago a los deudores -y evitar también así que se perjudique su propia cartera-, ayudar de la mejor forma posible sin poner en riesgo nuestro rol frente a los depositantes. “Y ese compromiso es transversal no distingue bancos grandes de bancos chicos”, reconoce el presidente de Abif.

Hay también preocupación por la salud bancaria, porque si quiebran los bancos, lo mismo sucede en el resto de las industrias. “Algunos políticos dicen que la banca le debe esto al país porque en 1983 el Estado salvó a los bancos de la quiebra, pero ojo porque lo que hizo el Estado en esa época fue salvar a los depositantes y a las empresas viables para que pudieran acceder a crédito. Los que perdieron fueron las empresas de papel y los accionistas de los bancos, mucho de los cuales terminaron incluso presos”, rememora el líder gremial.