• 2 noviembre, 2007

¿Necesita el país una política cambiaria? Definitivamente sí. Pero no debe ser responsabilidad del Banco Central.
La política cambiaria se asocia usualmente con el Banco Central. Ello se debe a que esta institución ha sido tradicionalmente la encargada de regular las transacciones de divisas, todo en el contexto de la política monetaria del país.
En un pasado no muy lejano, el Banco Central ha utilizado mecanismos de control directo de las operaciones de cambio, tales como cuotas de compra de divisas, obligaciones de liquidación de exportadores, obligaciones de los bancos de mantener una posición de cambios positiva, etc. En un pasado más reciente, se ha utilizado el mecanismo del encaje a los fl ujos de capitales internacionales con el propósito de sustentar una tasa de interés doméstica ajustada por riesgo mayor a la del resto del mundo.
La globalización y la integración de los mercados de bienes y servicios, de inversiones y de fl ujos fi nancieros ya no permiten utilizar dichos instrumentos. Un instituto emisor moderno como el chileno tiene autonomía, centra su objetivo mayor en la infl ación y dispone de un instrumento principal como es la tasa de interés nominal de corto plazo. Con una mejor regulación bancaria, incluso el rol de prestamista de última instancia y de cautelar los medios de pagos ha pasado a un segundo plano y se limita a proveer liquidez en períodos de stress fi nanciero.
Para el Banco Central la política cambiaria representa un problema para la consecución de su objetivo principal. La razón de ello es que ésta entra con frecuencia en tensión con el objetivo de anclar las expectativas y mantener la inflación bajo control.
Más por ilusión que por razones fundamentales. Más por la inercia de los paradigmas antiguos en economías infl acionarias, donde inflación y devaluación son sinónimos, que por los nuevos, donde el tipo de cambio real es muy volátil, cuando la política cambiaria está en manos del Banco Central el mercado internaliza la no intervención como regla.
El resultado es una No política cambiaria. Pero ¿necesita el país una política cambiaria? Definitivamente sí. La política cambiaria tiene que ver con tener claridad acerca del nivel de tipo de cambio real de la economía y de evitar que éste se desalinee de rangos razonables relacionados a los fundamentales de la economía. Tiene que ver con resguardar las ventajas comparativas de la economía y su capacidad exportadora, evitando así que sectores competitivos en condiciones normales salgan del mercado por coyunturas de corto y mediano plazo. Tiene que ver con la estabilidad de nuestra moneda y, por ende, con la señal que damos a inversionistas extranjeros respecto al precio de la convertibilidad futura de sus inversiones en el país. No es trivial ignorar el tipo de cambio real como se hace en Chile. Una volatilidad cambiaria que exceda la que puede venir desde el lado real de la economía difi culta la inserción internacional. Ignorar este rol de política económica es un error. Para que el mercado fi nanciero mantenga el tipo de cambio en rangos razonables, en torno a los fundamentales económicos, se requiere buena información y anclaje de las expectativas sobre el tipo de cambio.
El tipo de cambio real desde el punto de vista de los mercados fi nancieros no es más que el precio de nuestro dinero, del peso o de la UF, y tanto el Banco Central como Hacienda son los únicos emisores del papel soberano denominado en moneda nacional. ¿Desde cuándo que la oferta no determina un precio? Más por temor a actuar y tener que pagar las consecuencias de una acción errónea que por buenas razones económicas, las autoridades económicas ignoran este rol de emisores del peso o UF como instrumento para mantener la riqueza, y como consecuencia ignoran su rol en la determinación del tipo de cambio real.
El actual nivel del tipo de cambio, es decir un peso o UF excesivamente alto, es el resultado de una escasez de papeles en pesos o UF comparados con la demanda por ellos para mantener la riqueza, relativo a la abundancia indeseada de dólares. Es conveniente liberar al Banco Central de rol cambiario y que el Ministerio de Hacienda asuma la política cambiaria. El primer paso es informar al mercado respecto a sus operaciones de cambios. De nada sirve que los exportadores puedan pagar sus impuestos en dólares si al día siguiente el fi sco vende los dólares para pagar sus gastos en pesos. No es explicable que no entregue información de las operaciones fi scales en pesos y dólares y su posición de cambios. Partamos por entregar la información para que el mercado financiero opere más informado y luego abramos el debate acerca del tipo de cambio y del modelo de desarrollo que queremos. Es el paso lógico para ponerle carne a la Ley de Responsabilidad Fiscal.