La cancelación de Los Venegas es unas de las mejores decisiones que ha tomado TVN en mucho tiempo. Por Federico Willoughby Olivos

 

  • 18 diciembre, 2010

 

La cancelación de Los Venegas es unas de las mejores decisiones que ha tomado TVN en mucho tiempo. Por Federico Willoughby Olivos

 

Algo positivo deja este año: el fin de Los Venegas. Tal cual. Quizás el único programa chileno con moral de sitcom cierra sus puertas después de una impresionante corrida que lo tuvo en las pantallas de Televisión Nacional durante más de 20 años (su primer capítulo se emitió el 1 de mayo de 1989) y que dejó para el archivo más de 3 mil capítulos.

Puede que Los Venegas haya marcado la niñez y algo de la adolescencia de muchos espectadores, pero en una televisión cada vez más competitiva, en la que los programas tienen que ser mejores productos (más vendibles, más franquiciables); en que HBO, Disney y todos los grandes estudios de cine están a la distancia de un botón, se hace incomprensible la existencia de un programa así.

¿Por qué? Porque Los Venegas era un ejemplo de televisión mala, mediocre, insufrible, maqueteada y totalmente innecesaria en el Chile del siglo XXI. Y ya sé que muchos empatizaban con el compadre Moncho o con las apreturas económicas del señor Venegas, pero dudo que alguien esperara religiosamente frente al televisor todos los días a que se estrenara un capítulo (algo que sí pasa, por ejemplo, con Los 80, de Canal 13).

Además Los Venegas representa lo peor de nuestra televisión: la falta de guiones. Pese a querer ser una sitcom, a tener risas grabadas y actores de buen registro, nunca logró ser más que un relleno, una apuesta sin riesgos: 20 minutos de tonteras que apelaban a la emocionalidad de una generación que los estaba viendo envejecer en pantalla. Todo era torpe, tonto y terminaba con una carcajada falsa.

Un canal que se da el lujo de no tener 31 minutos en su parrilla, que cree que la fórmula de los estelares es la misma de hace diez años (Animal nocturno podría haber sido hecho en 1991 por César Antonio Santis y sería lo mismo) y que básicamente no conoce la innovación programática; es decir: que un canal así haya decidido terminar con Los Venegas da una pequeña esperanza de que en la estación pública se está empezando a pensar.

O sea, nadie pide que hagan una gran serie todos los días, pero si son capaces de producir algo cercano a Los 80, en el que hay un equipo de guionistas que les saca el lustre a los actores, seguro que las cosas van a andar mejor.

Generación perdida
Ya quedan pocas dudas de que el lugar donde están pasando las cosas en televisión es Inglaterra. No les bastó este año con las estupendas Sherlock (el remake del clásico detective, pero llevado al día de hoy) y Luther (serie de policías que deja a cualquiera de sus pares yanquis como niños de pecho); ahora es el turno de Misfits. La producción trata sobre un grupo de desadaptados sociales condenados a trabajo comunitario que, por un accidente de la naturaleza se transforman en tipos con superpoderes. Okey, no vuelan y sus facultades son un tanto excéntricas, pero la historia sobresale porque al final no es acerca de jovenes con atributos sobrehumanos, sino incomprendidos, marginales, que lo último que necesitan es una cualidad extraordinaria que lo aleje aún más de la normalidad. Entre comedia y drama, totalmente recomendable.