Con los años, Depeche Mode se consolida mientras otras bandas se desinfl an. Su nuevo disco muestra luces y sombras. Por Andrés Valdivia. Depeche Mode suele pasar piola. Quizás el poder de sus éxitos más discotequeros, y el haber realizado gran parte de sus mejores hazañas en medio de los vapores supuestamente frívolos y […]

  • 29 abril, 2009

 

Con los años, Depeche Mode se consolida mientras otras bandas se desinfl an. Su nuevo disco muestra luces y sombras. Por Andrés Valdivia.

Depeche Mode suele pasar piola. Quizás el poder de sus éxitos más discotequeros, y el haber realizado gran parte de sus mejores hazañas en medio de los vapores supuestamente frívolos y escapistas de la década de los ochenta, han relegado el valor de esta notable banda a los circuitos de fans a y los melómanos más intensos. Pero detrás del catálogo de Depeche Mode se esconde una de las bandas más portentosas, profundas y radicales de su tiempo. Bajo el disfraz de cuero y oscuridad urbana, estos ingleses fueron construyendo un sonido basado en los teclados y en la sonoridad sintética que mezclaba muy bien el ambiente industrializado de la era Thatcher con buenas melodías y una actitud adecuada. Disco a disco, la banda fue puliendo su sonido y su propuesta hasta cerrar su primera década de existencia con el que es, a mi juicio, uno de los mejores trabajos de esos tiempos: Violator (1990).

Violator funciona como una bisagra. Un disco que despide la llamada década del dinero con una obra maestra y abraza una nueva etapa, dejando en claro que el horizonte de posibilidadessólo se ampliaba con el cambio de folio. Oscuro, algo lascivo, popero y radical a la vez, Violator es claramente el momento más alto del grupo y se convertiría, para bien o para mal, en la vara con la que todos sus intentos posteriores se medirían.

Desde entonces llegó un par de discos que exploraban más el lado excesivo de Violator o sus matices pop, antes que su noble y perfecto equilibrio. Songs of faith and devotion (1993), Ultra (1997), Exciter (2001) y Playing the angel (2005) fueron placas más que dignas. Esas producciones ofrecían momentos sublimes como Dream on, de Exciter, o Precious, de Playing the angel, pero claramente la suma estaba bajo el nivel de Violator. La banda lo sabe, y es por eso que hace algunos meses anunciaron que lo nuevo que estaban grabando tenía un espíritu similar al álbum que los convirtió en estrellas planetarias. Prometieron terminarlo y editarlo este año y ya está aquí: Sounds of the universe.

Como era esperable, las declaraciones de la banda hicieron crecer las expectativas de los fans y melómanos del mundo hasta límites insospechados. Puede haber sido una buena estrategia de promoción, pero el riesgo fue enorme y los resultados, era que no, algo decepcionantes. Vamos por partes.

Sounds of the universe suena bien. Impecable, como todos los discos de Depeche Mode, por cierto. Y aunque hay algunos destellos que lo acercan a los mejores momentos de su carrera (Fragile tension, In Simpathy, Perfect), el disco al fi nal termina siendo una excelente vuelta al mercado después de tres años de silencio, pero aún muy lejos de rozar la genialidad. Hay una falta de profundidad en la producción, quizás una falta de maldad, que provoca en el oyente cierta nostalgia por esa dosis de miedo y desafío, de descubrimiento de un territorio inexplorado, que estaban por todos lados en Violator y en sus trabajos anteriores.

Sin embargo, Sounds of the universe no es una completa decepción. En muchos aspectos se defi ende con fuerza y dignidad. En suma, resulta otra evidencia de lo difícil que es mantener el tranco en la industria musical, sobre todo cuando han pasado casi treinta años luego de haber comenzado el camino. Al menos, no se han rendido.

3 discos claves

SPEAK & SPELL
(1981). Una de
las muestras más
imaginativas y
efi caces de tecno pop
de los 80.

BLACK CELEBRATION
(1986). El lado más
oscuro de la banda
florece en esta
desoladora obra.

VIOLATOR
(1990). El álbum
que los convirtió en
megaestrellas.