El periodista Víctor Cofré, subeditor de La Tercera, publicó a fines de diciembre el libro “PONCE LEROU: Pinochet. El Litio. Las Cascadas. Las platas políticas”, una extensa biografía sobre el mayor accionista de SQM en la que revela episodios desconocidos de su historia. Aquí replicamos tres de ellos.

  • 24 enero, 2020

Los setenta: Contra la UP

En la primera mitad de los ochenta, un folleto anónimo que circuló entre el oficialismo y la oposición a la dictadura afirmaba que Julio Ponce había sido dirigente socialista en sus trabajos a comienzos de los setenta. Ponce siempre lo negó. Y relató alguna vez dos episodios que demostraban, según él, que aquella afirmación era falsa.

El primero era su salida de Inforsa. En esa compañía forestal fue jefe de departamento y más tarde gerente forestal subrogante. “En Inforsa me pilló el cambio de gobierno. Tuve problemas políticos. Mi gerente forestal renunció por problemas políticos, yo asumí la gerencia en forma interina y cuando nombraron a un compañero de curso mío que nunca había trabajado en esto, y nada más que por haber sido del Partido Socialista, yo inmediatamente renuncié y quedé cesante. Eso fue el 71, un año ya con Allende”, contó en 1983. Prosiguió su relato: “Él era de Quillota, yo era de Calera, estudiaba en mi departamento en Santiago y pololeó un año con mi hermana, con la Chía. Había sido democratacristiano toda la vida, su padre había sido alcalde democratacristiano en Quillota, o gobernador, y apareció después del gobierno de Allende que había sido socialista de toda la vida. Por esa razón, no acepté, renuncié y me fui a la calle con un hijo y medio. Y cesante. No acepté a un jefe por razones políticas más que técnicas”.

Se fue entonces a CMPC, a un rol similar al que desarrollaba hasta ese momento. Pero eran empresas distintas y el propio Ponce resumió así el cambio: pasó de ser cabeza de ratón a cola de león.

El segundo episodio que reflejaba su rechazo a la UP ocurrió en esa empresa, donde protagonizó un enfrentamiento al que más tarde dotó de contenido épico. Ponce dijo que en la Papelera se afilió al sindicato solo con el objetivo de “tener una voz distinta” a la de los partidarios del gobierno de Allende. “Citaron ellos a Óscar Garretón, Jaime Tohá, y nos dieron una charla a todo el personal de la gerencia forestal, 60, 80 o 100 personas, para que votáramos una próxima elección para traspasarnos al Área Social. Hicieron esta exposición Óscar Garretón y Jaime Tohá y cuando pidieron preguntas a la gente, yo me paré y le expliqué todo lo que había pasado en Inforsa e hice la siguiente pregunta: En esta empresa, cuando pase al Área Social, ¿se van a tener en cuenta los antecedentes técnicos de las personas o los antecedentes políticos? La reunión quedó en espanto, Garretón preguntaba quién era este señor, que aquí, que allá, y perdieron el control de la reunión. Nosotros pedimos también que viniera don Ernesto Ayala a darnos el otro lado de la medalla, qué pasaba con la empresa tal cual estaba manejada ahí. Y después de estas dos reuniones, la votación la ganamos por amplia mayoría. Entramos al sindicato, pero para defender la posición de libre empresa y defender la posición contraria al gobierno de la UP, en cualquier momento en el futuro podía ser que la empresa fuera estatizada”.

Ernesto Ayala era el gerente general de CMPC que emprendió una campaña monumental y emblemática para impedir que la empresa de los Matte fuera estatizada. Óscar Guillermo Garretón era uno de los líderes del MAPU y fue el subsecretario de Economía que simbolizó el intento por traspasar 91 empresas al Área Social, una política que pretendía reforzar el aparato productivo del Estado. “Fue una de las batallas importantes. CMPC fue un tema crítico en el tema de la propiedad social”, recuerda tiempo después Garretón. La derecha y los empresarios emprendieron la defensa de CMPC bajo el pegajoso lema LA PAPELERA NO. Dos años mayor que Ponce, ambos menores de treinta entonces, no recuerda esa asamblea. “Imagino que existió. Yo no lo recuerdo”, dice Garretón.

Años después, Ponce corregía en privado la versión que entregó en 1983: en esa reunión no estuvo Garretón, sí Jaime Tohá, acompañado de un comunista de apellido González. Tohá tampoco recuerda esa asamblea.

Es más, el entonces secretario ejecutivo del comité forestal de Corfo, cuyo brazo derecho era el ingeniero forestal Antonio González, la pone en duda. “Una asamblea con los trabajadores de la Papelera y en la que Julio Ponce me haya encarado, yo estoy seguro de que me acordaría”, responden en 2019. Tohá no lo hubiese olvidado porque, entre otras cosas, dice que sabía exactamente quién era Ponce: había sido su alumno en Ingeniería Forestal en la Universidad de Chile. “Lo recuerdo porque yo le perdoné la vida: él debería haber sido expulsado por una falta grave que cometió en el campamento de verano donde se hacían las prácticas, en Llancacura, cerca de La Unión”, afirma. Tohá, profesor del ramo de Silvicultura, dice que Ponce se ausentó de las prácticas obligatorias que se hacían en los primeros años de la carrera. Fue encontrado durmiendo. “Él era vivo, era un mal alumno (…) Entiendo que después mejoró su actuación y fue más aplicado y consiguió sacar la carrera”, rememora.

 

Los ochenta: la recomendación de Sergio de Castro

El exministro de Hacienda Sergio de Castro no recuerda exactamente cuándo conoció a Ponce, pero piensa que pudo ser por intermedio de “la patrulla juvenil”, un grupo de economistas que él mismo, apoyado por Miguel Kast, jefe de Odeplan, reclutó para supervisar y redirigir las empresas públicas que el Estado controlaba en un número superior a sus capacidades. “La filosofía de la ‘patrulla juvenil’ fue parar la sangría presupuestaria que significaban las empresas Corfo. Entonces, yo creo que por ahí puede haberse metido el nombre de Ponce dentro de los de la patrulla, porque mandábamos a esta gente a las empresas, y se metían y empezaban a ver cuál era el déficit que tenían, cuánta plata estaban perdiendo, por qué estaban perdiendo, etcétera, y el encargo era que trataran de venderlas lo antes posible y de la mejor manera posible. Pero desde luego para arreglar inmediatamente el déficit (…) Con Allende la cantidad de dinero se multiplicó por 22 veces en los tres años; cualquier economista que sepa un poco de economía va a predecir una hiperinflación que estuvo a punto de producirse en Chile. Eso era lo que teníamos que atacar. Y la génesis de esa cantidad de dinero eran las pérdidas de las empresas”.

Agrega de Castro: “Estas empresas chupaban plata como demonio y la inflación, a partir del año 73, bajó muy lentamente, y el año 75 creo que pasamos raspando una hiperinflación. Si no se hubiera tomado el programa de recuperación económica, habría sido un desastre. El déficit iba subiendo, subiendo, subiendo…”.

La “patrulla juvenil” la integró una veintena de jóvenes egresados universitarios, entre los cuales estaban prósperos empresarios del futuro como Juan Hurtado, ahora dueño de Entel; Juan Manuel Casanueva, propietario del grupo GTD, y los hermanos Patricia y Eliodoro Matte, dos de las tres cabezas de CMPC. También los economistas Nicolás Irarrázaval, cuñado de Sebastián Piñera, y Hernán Büchi, un joven ingeniero que despuntó rápidamente y se convirtió en el jefe del grupo. “Ponce no estuvo en la patrulla, pero es posible que hayan tomado contacto con él y que él haya reaccionado favorablemente, porque es un tipo muy inteligente…”, razona de Castro. Ponce compartió con varios de ellos en directorios de empresas, estando en la Conaf y luego en la Corfo. Con Büchi coincidió en Inforsa, Celulosa Constitución, Iansa y Endesa; con Juan Hurtado estuvo en Celulosa Arauco y Endesa; con Juan Manuel Casanueva, en Soquimich; con Nicolás Irarrázaval en Celulosa Constitución.

De Castro dice que le costó bastante nombrar a Ponce en Corfo, por la oposición del propio Pinochet. “No quería el presidente nombrarlo”, afirmaría años más tarde. Con desgano, de Castro dice ignorar las razones de la negativa. Y con muchos años de distancia, justifica su decisión. “Por conversaciones, me dijeron que este era un organizador nato de empresas, que era un tipo sumamente inteligente. Yo dije bueno, que vaya a ver. Y además tenía el respeto de mucha de la oficialidad, que eran los que estaban mandando las empresas, la mayoría de los presidentes de los directorios de estas empresas eran generales, coroneles. Entonces, me pareció importante y hablé con el Presidente y lo convencí de que no era por parentesco, sino que por capacidad. Entonces lo nombró”. De Castro no tenía, dice, una buena relación con la familia Pinochet porque en muchas ocasiones denegó peticiones presupuestarias originadas en el seno del clan. Su opinión sobre Julio Ponce, eso sí, era impecable: “Yo creo que es un tipo extraordinariamente talentoso en lo comercial. Tiene un olfato, una percepción importante. Es un ejecutivo, un tipo que toma decisiones y ejecuta. Sabe mandar y dirige…”. De Castro se incorporó después al directorio de SQM, invitado por Ponce, entre 1988 y 1993. Ahí completó su visión sobre el ingeniero forestal. “Se puede decir lo que se quiera de Julio Ponce, pero no que es un mal administrador. Yo creo que es un muy buen administrador”.

El exministro asume que la comunión de intereses fue clave en la designación en las empresas estatales de Corfo. “Yo sé que él creía en las privatizaciones de las empresas y si no, yo no lo habría nombrado gerente de las empresas jamás. Pero todos éramos partidarios, y la razón primordial era que el déficit fiscal y la emisión monetaria estaban mandatados por las necesidades de absorber los déficits de caja de las empresas estatales. Entonces, deshacerse de las empresas estatales era crucial para el gobierno”.

Y en ese empeño, Ponce fue un fiel escudero.

 

Los 2010: Puccio arrepentido

La avenida Graben es una de las más céntricas e históricas de Viena, la capital de Austria. En el departamento 49 del número 13-1 de esa avenida vivió Julio Ponce Lerou a fines de los noventa y comienzos de la década siguiente. Allí se instaló siguiendo a su pareja de entonces, una austriaca que, igual que él, practicaba la equitación y que conoció en un centro invernal.

Para instalarse le pidió consejo y ayuda al embajador de Chile en ese país, el socialista Osvaldo Puccio Huidobro, quien había asumido ese cargo en 1994 y regresó a Chile en marzo de 2000. Puccio almorzó en Santiago con él a petición de un amigo suyo de sus años del Instituto Nacional, el gestor de inversiones Vicente Muñiz. La conversación fue pueril e informal, según Puccio, quien, como embajador de todos los chilenos, dice, si alguien le pedía ayuda, la concedía. De regreso en Viena, le encomendó a su secretaria que le buscara a Ponce un apart-hotel como primera residencia. En Viena lo vio solo dos veces, una de ellas en la calle. Ahí Ponce le mostró, desde la calle, su departamento en la avenida Graben. No lo volvió a ver ni lo visitó –porque no se enteró– cuando el empresario estuvo hospitalizado en Austria tras sufrir un accidente a caballo, a fines de 1999.

Doce años después, Ponce lo llamó para ofrecerle un cargo: director de Pampa Calichera. Aceptó y, la mañana del 9 de agosto de 2012, meses antes de cumplir los 60 años, Puccio fue presentado por Ponce al resto del directorio: su hermano Luis Eugenio, sus hijos Francisca y Julio, Patricio Contesse Fica y un asesor de larga data, Patricio Phillips, que había trabajado con Ponce a inicios de los ochenta en Corfo. El licenciado, máster y doctor en Filosofía de la Universidad de Humboldt de Berlín estuvo en Calichera, la primera piedra de la cascada aguas arriba, la controladora directa de SQM, justo un año, entre el 31 de julio de 2012 y el 19 de agosto de 2013, y se convirtió con ello en uno de los primeros militantes socialistas que participaron en los directorios de las cascadas. En ese tiempo Soquimich ya estaba contribuyendo con dineros para financiar la estructura de precampaña de Michelle Bachelet (…)

Militante del MIR en tiempos de la Unidad Popular, época en que estudió Derecho, su nombre y apellido eran un emblema: su padre, Osvaldo Puccio Giesen, había sido secretario personal de Salvador Allende. Los dos Puccio estuvieron en La Moneda el 11 de septiembre de 1973 y fueron más tarde recluidos en la Isla Dawson. El hijo tenía apenas veinte años. Cuando llegó a Pampa Calichera, ya había sido embajador en Austria, Brasil y España, y había integrado el gabinete de Ricardo Lagos Escobar, su profesor en la Escuela de Derecho, como ministro Secretario General de Gobierno. En 2009 creó su consultora privada Puccio Asociados. Cuando Ponce lo invitó a Calichera, estaba trabajando con Acciona y el BBVA lo había colocado en el directorio de la AFP Provida. Y aceptó incorporarse a Calichera porque pensó que el país había cambiado más de lo que efectivamente había cambiado, y que era legítimo que un socialista estuviera en un directorio de una empresa. En el año que estuvo en Calichera, Puccio se embolsó por su cargo 115 mil dólares. (…)

Él mismo dice años más tarde que las reuniones de directorio eran breves y que se discutían básicamente asuntos contables. Y aunque no recuerda en detalle, asume que alguna vez deben haber hablado informalmente de política. “Una vez creo que le conté que me torturaron, casi como una acción pedagógica con los cabros”, dice aludiendo a los hijos de Ponce, directores junto con él en Calichera. La presencia de los hijos, además, le daba cierta seguridad. Pensaba Puccio: “Aquí no pueden pasar muchas maldades, porque va a meter en un forro a los hijos”.

Ese año perseguiría a Puccio para siempre. El Mostrador lo presentó en 2015 como el “hombre de Ponce en la Concertación”. El filósofo se indignó y escribió una carta al periódico digital en la que calificó aquella afirmación como calumniosa. Se molestó sobre todo por la insinuación de tráfico de influencias. “En los meses que estuve en Calichera, nunca me pidió una gestión política con nadie”, dice en 2018 sobre Julio Ponce. Pero sí concede que la invitación no era inocua. “De repente puedo ser algo pelotudo, pero no soy un pajarito. Y obviamente ahí está mi paso en falso. Un señor que se llama Osvaldo Puccio le da un carácter distinto, arropa de manera distinta a ese directorio”.

Hoy cree que fue una equivocación absoluta haber participado en un directorio con el exyerno de Pinochet, pero no culpa a nadie más que a sí mismo. “Nadie me obligó a meterme”. Prosigue: “Fue un error. No me aporta sino problemas en mi vida. Fue resultado de un error de juicio”. Sus biografías eran opuestas y estaba junto a un ícono de la dictadura. “Por eso terminé yéndome, por eso traté de alejarme. Si yo pudiera cambiar esa parte de mi historia… Estoy seguro de que esa es la única parte de mi historia personal que yo cambiaría. Es la única. Todas las otras partes de mi historia personal me producen tranquilidad, y algunas, orgullo”, reflexiona.

Decidió dejar Calichera tras un viaje con su señora a Europa. Julio Ponce estaba en una tormenta por el caso Cascadas y al socialista ya mucha gente le preguntaba qué hacía ahí. Cuando volvió, le anunció que dejaría la mesa y Ponce no le reprochó nada. “Fue bien decente”, concede.

Ambos tenían, dice Puccio, algunas similitudes: estaban ligados a familias de militares, provenían de liceos públicos, tenían una común condición de “medio pelo”. El militante socialista renunció por carta el 19 de agosto de 2013, tres semanas antes de que la SVS hiciera públicas sus acusaciones.

No se volvieron a ver. “No teníamos trato social. Yo no soy amigo de Julio Ponce. Pero se lo voy a decir: lo encuentro un huevón simpático”.

Osvaldo Puccio quedó maltrecho con lo que denomina un paso en falso consigo mismo. Dice que cuando fue requerido para este libro pasó días pensando que volvería a hablar de algo que quisiera ocultar en la última de las gavetas de su escritorio. “Creo no tener ninguna experiencia vital que me afecte tan negativamente como esta. Porque además no tengo a nadie a quien echarle la culpa”.