En una columna anterior a propósito de Mike Nichols, hablábamos del oficio que dan los “años de circo” y cómo pocos realizadores lo lograban en Hollywood. Y hace algunos días la muerte de Sydney Pollack, quien falleció a los 73 años víctima del cáncer, no hizo sino confirmarlo: además de ser un actor sólido y […]

  • 13 junio, 2008

En una columna anterior a propósito de Mike Nichols, hablábamos del oficio que dan los “años de circo” y cómo pocos realizadores lo lograban en Hollywood. Y hace algunos días la muerte de Sydney Pollack, quien falleció a los 73 años víctima del cáncer, no hizo sino confirmarlo: además de ser un actor sólido y en ocasiones notable, sus 40 años de carrera como cineasta y las 20 películas que dirigió conforman una de las filmografías más respetables y coherentes del Hollywood de las últimas décadas. Por supuesto que no todas sus películas fueron obras maestras, pero en todas hay suficientes elementos de humanidad, sensibilidad e inteligencia como para dejar en vergüenza a buena parte de la cartelera que debemos soportar en la actualidad. ¿Los méritos de Pollack? Por sólo mencionar algunos, la precisión de su mirada, la capacidad para conducir relatos creíbles y que ofrecían distintas aristas, su talento como director de actores y la aguda emoción que ofrecían sus historias de amores en conflicto o rebeldes e inconformistas que se enfrentaban al sistema o buscaban una segunda oportunidad en la vida… Los títulos inolvidables están ahí como prueba irrefutable: Baile de ilusiones, Nuestros años felices, Un instante una vida, Tootsie, Africa mía…