Reflejando la ola antiestadounidense que recorre Europa, el Nobel de literatura recayó en un autor francés crítico de la globalización.

  • 17 octubre, 2008


Reflejando la ola antiestadounidense que recorre Europa, el Nobel de literatura recayó en un autor francés crítico de la globalización.

Reflejando la ola antiestadounidense que recorre Europa, el Nobel de literatura recayó en un autor francés crítico de la globalización. Por Marcelo Soto.

La elección de JMG Le Clézio como ganador del Premio Nobel ha generado una polémica como no se veía hace tiempo. En Chile, Matías Rivas lo acusó de irrelevante, Camilo Marks de una lata. Ambas apreciaciones, aparte de apresuradas, son algo injustas, pues autores más insignificantes y más aburridos han ganado antes la distinción que otorga la Academia Sueca, que nunca se ha caracterizado por ser imbatible.

El problema del Nobel no es tanto del último distinguido sino del premio mismo, otorgado por un círculo tan cerrado como caprichoso, en un país cuya lengua no hablan más de 14 millones de personas en el mundo. Las declaraciones del secretario de la Academia, alegando que EE.UU. era “demasiado insular” e ignorante como para participar “en el gran diálogo de la literatura”, son ilustrativas de la arrogancia y la ceguera que suelen campear en el jurado del famoso galardón.

La última novela publicada en español de Le Clézio, Urania, es demostrativa tanto de las virtudes como de los defectos de este autor nacido en Niza en 1940. Deudor de las vanguardias francesas, y con un dejo del estilo casual e imprevisible de la antinovela, el narrador cuenta en primera persona sus experiencias en México, una especie de viaje al corazón de las tinieblas de América, con una marcada crítica a la globalización y un discurso ecologista algo naïf.

El tono de Le Clézio es hipnótico, con un lirismo que engancha y provoca; sin embargo, su tendencia a despotricar contra las multinacionales, defendiendo una supuesta pureza de lo indígena, frente a la contaminación del modernismo, termina haciendo de la lectura una experiencia farragosa. Por así decirlo, en esta novela gana el militante y pierde el narrador.

Daniel, el protagonista de Urania, es un geógrafo francés que integra una peculiar comunidad de estudiosos en un pueblo mexicano: la manera en que el autor retrata a la academia es corrosiva, a menudo delirante. El progresismo de estos intelectuales –de España, de Chile de Ecuador o Argentina– no es sino una máscara que oculta grados alarmantes de mediocridad y resentimiento.

Urania es una relectura a la vieja ilusión europea de encontrar el paraíso perdido en esta parte del mundo y por lo mismo resulta engañosamente anticuada, dotada de una extraña mezcla de nihilismo y utopía, de rencor y de culpa.

Le Clézio tiene una mirada casi siempre honesta y personal, y su premio es seguramente merecido, aunque otros postulantes, como Philip Roth, poseen una obra mucho más contundente y genial. Su elección viene a demostrar que la Academia Sueca parece más preocupada de limpiar su mala conciencia que de distinguir los valores literarios que perduran.