• 28 noviembre, 2008

 

En momentos en que se estigmatiza demasiado a la juventud, esta institución es una muestra de que cuando a los jóvenes se les aportan ideales claros, ellos responden.

 

Tuve la oportunidad de dar una conferencia en la Escuela de Investigaciones de Chile programada desde hace muchos meses. Coincidió con la noticia de que algunos de sus miembros estaban envueltos en una red de corrupción. Es evidente que una noticia como esta tiene gran impacto público, pero también al interior de la propia institución. Fui al encuentro con muchas expectativas, las que se vieron colmadas con creces. Quisiera contar brevemente lo que vi. Ello puede ayudar a que la ciudadanía reconozca con más fuerza la seriedad con que se gobierna la institución, la excelente formación que le dan a los futuros policías y la gran responsabilidad que cabe a los medios de comunicación social al mostrar estas instituciones, tarea que muchas veces es sesgada.

En primer lugar, me encontré con la grata sorpresa de que tienen muchos postulantes y un proceso de selección del más alto nivel, que garantiza la motivación de los candidatos al servicio y sus condiciones físicas, intelectuales y éticas para un desempeño de excelencia. Me encontré con un director y un subdirector altamente competentes y capacitados para dar a estos jóvenes una formación del mejor nivel no sólo técnico, sino también humano y espiritual. Cuentan con estudios profesionales que cualquier empresa desearía para sus más altos ejecutivos. La Escuela cuenta con dependencias de alto nivel muy bien cuidadas y con una hermosa capilla. Dos capellanes institucionales animan la vida religiosa de los candidatos. Me llamaron la atención la calidad de los laboratorios y el nivel técnico de los instructores. También, el orden de las dependencias y el ambiente de fraternidad que se vive en su interior en un espíritu de responsabilidad, del sentido del deber y de confianza. Quisiera destacar dos aspectos que pueden ser desconocidos: en primer lugar, el número cada vez mayor de mujeres que aspiran a ser oficiales de la PDI. Se integran perfectamente bien y son excelentes alumnas; en segundo, la admisión de profesionales de distintas esferas del saber, lo que habla muy bien de la impronta profesional que se le quiere imprimir a la institución y que irá en beneficio de todos nosotros.

La conferencia que pronuncié fue acerca del trabajo, su sentido y la dimensión ética de éste. Les dije en primer lugar que comprendía que podían estar impactados por la noticia de que algunos policías incurrieron actos ilícitos, pero que nunca se olvidaran de que cuando en un bosque un árbol se cae hace mucho ruido, a diferencia de los miles que se levantan y que no hacen ruido alguno, pero le dan contenido y valor al bosque. Lamentablemente los que aparecen en la televisión son los pocos árboles que caen. Los otros, raramente. Les dije también que los felicitaba por la tarea que emprendían. Especialmente en un momento en que se estigmatiza demasiado a la juventud, esta institución es una muestra de que cuando a los jóvenes se les aportan ideales claros, responden. Les dije que en una sociedad donde nadie quiere complicarse la vida, ellos optaron por el camino difícil de ser policías y colaborar con algo tan sensible para las personas como combatir la delincuencia, cuidar las fronteras e investigar; en definitiva, colaborar en la construcción de un mundo mejor. Por ello, los felicité sinceramente y les dije que nos daban esperanza. Les dije también que su vida de fe es fundamental en la labor que realizan y que su trabajo era una forma excelsa de realizarse como personas, dado que es un modo muy concreto de servir a la población. La Iglesia insiste en que el hombre encuentra la sublimidad de su vocación en la entrega sincera de sí mismo a los demás. Y esta entrega, como todos sabemos, es especialmente notable porque arriesgan sus vidas.

Muchas personas desconocen la labor de la Policía de Investigaciones. Creo que es una institución que no sólo vale la pena conocer, sino que, por sobre todo, cuidar y valorar. Las esferas de servicio público son las que le dan el tono ético al país, especialmente las vinculadas al orden. Debemos ser cuidadosos al hablar de ellas y apoyarlas en todo cuanto nos sea posible. Son el reflejo y el espejo de la sociedad en la cual vivimos. Muchas veces la sociedad civil aísla a este tipo de instituciones y las estigmatiza injustamente. Sin embargo, he de recordar que no sólo forman parte de la sociedad sino que también son garantes del orden y del respeto debido a las personas, por lo que merecen nuestro respeto y reconocimiento.
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