La última apuesta de Cousiño Macul es un cuarteto formado por un riesling, un sauvignon gris, un cabernet de uvas orgánicas y un rosado. Una mano ganadora. Por M.S. Uno de los lanzamientos más espectaculares del año pasado fue el de Lota 2004, el gran vino que embotelló Cousiño Macul para celebrar siglo y medio […]

  • 23 marzo, 2007

La última apuesta de Cousiño Macul es un cuarteto formado por un riesling, un sauvignon gris, un cabernet de uvas orgánicas y un rosado. Una mano ganadora.
Por M.S.

Uno de los lanzamientos más espectaculares del año pasado fue el de Lota 2004, el gran vino que embotelló Cousiño Macul para celebrar siglo y medio de existencia. El evento tuvo contornos surrealistas: estábamos en la vieja casona de Quilín, era una noche de primavera bastante fría y cayó un enorme aguacero, lo que no impidió que una orquesta de cámara siguiera tocando, con estoica dignidad, pese a la humedad del ambiente.
La lluvia tampoco hizo mella en el buen humor –ayudado por las copas de Champagne– de los asistentes, que llegaban con sus trajes mojados mientras se sucedían los discursos, todos en inglés, algunos con acento británico. Escuché comentar a algunos invitados que les llamaba la atención que un vino de $ 60 mil –elegante mezcla de cabernet y merlot– llevara el nombre de la sufrida zona minera, retratada por Baldomero Lillo. Quizás no fue una elección políticamente correcta, pero sí provocativa, llena de resonancias.

No muchos tuvieron la suerte de probar el magnífico Lota, no solo por su precio, sino porque fue una producción limitada: sus 500 cajas ya se vendieron. Pero Cousiño Macul, de la mano del winemaker Matías Rivera sigue dando que hablar, y ahora lo hace en el ultra competitivo segmento de $ 5.000.

Rivera escapa a la media de los enólogos chilenos, porque habla con convicción y no tiene miedo a equivocarse. Es inspirado y a la vez racionalista. Puede estar horas hablando de manejo de follaje y conoce los viñedos de Cousiño como la palma de su mano. Puro entusiasmo. Tiene algo de mateo y algo de busquilla. Me imagino que en el colegio era de esos alumnos que se sacaban buenas notas, pero no se portaban demasiado bien.

La nueva línea de Cousiño son cuatro vinos de conveniente relación precio/calidad: Riesling 2006, Sauvignon Gris 2006, Rosé Cabernet Sauvignon 2005, Uvas Orgánicas Cabernet Sauvignon 2005.

Detengámonos en el Riesling. Esta variedad alemana, que da vida a algunos de los mejores blancos del mundo, tiene su cetro en la región de Mosela, cercana a la frontera con Francia, donde los viñedos están en pendientes que caen bruscas al río del mismo nombre. Allí el hombre hace milagros para vinificar –incluso se usan monorraíles para transportar a los trabajadores hasta las terrazas más altas– y ello explica los altos precios que pueden tener las mejores botellas de la zona. De hecho en el siglo XIX un buen Mosela era más caro que un premier cru de Médoc.

El riesling es la estrella de esa apelación alemana, igual que en Rheingau, un poco más al este, y desde esos lugares Isidora Goyenechea trajo en el siglo XIX los primeros ejemplares de la variedad que plantó en el Maipo Alto. Desde 1969, un riesling de Cousiño Macul lleva el nombre de la precursora y hasta hoy el Doña Isidora acompaña las mesas chilenas para el aperitivo o para las comidas de mar. Luego, con la proliferación de restaurantes chinos, se convirtió en referente para beber junto a “wantanes” y “chapsuis”. Es decir, un blanco más chileno que el Isidora es difícil de encontrar, por más germana que sea su inspiración.

Este Riesling 2006, de tapa rosca, es un paso adelante en la cepa, un ejemplo de la complejidad y la elegancia que puede alcanzar. La nariz se roba la película: hay membrillo, fruta blanca madura, algo de flores y té de jazmín, un conjunto que llevado a la boca se desliza dejando un atractivo rastro oleoso.

Rivera me cuenta que este vino viene de parras plantadas en 1955 y 1982 y que la mayor dificultad es “controlar la pudrición, que la afecta a fines de enero o principios de febrero, cuando algunos granos se revientan y quedan como pasas, lo que aporta esos tonos de miel característicos”.

El Sauvignon Gris 2006 es otro blanco fuera de norma. De partida pertenece a una variedad casi extinguida, traída desde Graves, en Burdeos, por Luis Cousiño en 1863. Es un vino alegre, vivaz, pero distinguido. Alguien podría decir que es femenino, pero sería una simplificación. Bastante cítrico, con tonos a pomelo, es perfecto para el aperitivo o para acompañar platos de carne blanca. Otra sorpresa es el fresco y crujiente Uvas Orgánicas Cabernet Sauvignon 2005, una muestra del notable trabajo que ha realizado la viña con la cepa tinta. Del Rosé 2006 se puede agregar que es pura fruta roja, un tinto tipo Zelig que va bien con todo y que se aleja del perfil dulzón de otros rosados.

Matías Rivera ha dicho que su meta para celebrar los 150 años de Cousiño era lograr que en cada segmento de precio la viña pudiera ofrecer algo de lo mejor del mercado nacional. Y aunque parezca arrogante, cuando dice que lo ha conseguido uno tiende a darle la razón.