Entrevistada por el diario La Razón de La Paz, la ministra de Defensa Vivianne Blanlot dijo probablemente una verdad del porte de un buque al reconocer que la gran dificultad para el diálogo en torno a la mediterraneidad boliviana radica en la fuerte resistencia de la opinión pública chilena a cualquier solución que implique una […]

  • 26 enero, 2007

Entrevistada por el diario La Razón de La Paz, la ministra de Defensa Vivianne Blanlot dijo probablemente una verdad del porte de un buque al reconocer que la gran dificultad para el diálogo en torno a la mediterraneidad boliviana radica en la fuerte resistencia de la opinión pública chilena a cualquier solución que implique una transferencia de soberanía territorial.

Según una encuesta publicada por La Tercera, el 74% de los chilenos es contrario a la entrega de una franja con soberanía, proporción que aumentó en 14 puntos respecto del sondeo realizado en marzo del 2006, poco después que Evo Morales visitara Chile con ocasión de la transmisión del mando y asistiera a un acto en el Estadio Nacional donde la consigna "mar para Bolivia" fue coreada con entusiasmo por todos los asistentes.

La velocidad con que se ha venido estrechando el piso político y ciudadano para las negociaciones diplomáticas con el gobierno de Morales pone a la cancillería chilena frente a dilemas más o menos dramáticos. Si La Moneda, luego de la contundente victoria que obtuvo Evo Morales en las elecciones presidenciales de hace un año, y de los altos niveles de aprobación popular que todavía tiene su gobierno, pensaba que en La Paz al fin era dable encontrar un interlocutor válido y debidamente autorizado para zanjar definitivamente el tema de fondo que divide a los dos países, tanto la intromisión de Hugo Chávez en la política boliviana como la inestabilidad del cuadro político interno –amenazas de secesión de algunas provincias, conflictos en la asamblea constituyente, desordenes públicos– han deteriorado el escenario diplomático y ampliado las desconfianzas de la cancillería chilena para realizar negociaciones comprometedoras y concluyentes. Así las cosas, a menos que surjan nuevas coordenadas, todo pareciera avanzar en dirección a nuevas decepciones.