Dos estilos de pizza nos llevaron a Brooklyn. La napolitana y la siciliana: una, delgada y crujiente; la otra, gorda como un bizcocho. Difícil decidir cuál es mejor.

  • 23 junio, 2009

 

Dos estilos de pizza nos llevaron a Brooklyn. La napolitana y la siciliana: una, delgada y crujiente; la otra, gorda como un bizcocho. Difícil decidir cuál es mejor. Por Paola Doberti.

En la guía Zagat de restaurantes de Estados Unidos, los lugares íconos aparecen escritos en mayúsculas. Así aparecen el Peter Lugar Steak House, el elegante Le Café des Artistes, los japoneses impagables Nobu y Masa, y también, Grimaldi´s, una pizzería sencillísima y de culto en Brooklyn (Old Fulton St., debajo del puente) especializada en pizza napolitana, preferida por Sinatra en sus tiempos, en la que hay que hacer cola para probar la más básica preparación de la cocina italiana: la pizza napolitana.

Llegamos a ese barrio neoyorquino atravesando el puente de Manhattan con toda la magnificencia del Brooklyn Bridge a la derecha. La excusa de cruzar el río probando pizzas y reviviendo locaciones de escenas inolvidables del cine americano pareció irresistible. Hay una empresa que ofrece el tour (www.asliceofbrooklyn.com)

Con Manhattan de espaldas y prácticamente entre los pilares del puente de Brooklyn, nos saltamos la cola de Grimaldi´s y nos instalamos en el rectangular, ruidoso y repleto local, en el que está prohibido sacar fotografías. Salen las primeras pizzas del día. El horno, nos cuentan, hay que dejarlo descansar un par de horas para que no se vea perjudicada la cocción de la masa, una masa delgada y crujiente, con los bordes algo quemados por el carbón de la madera, una pincelada de salsa de tomate hecha en casa, también la mozzarella, y definitivamente pocas hojas de albahaca. Menos es más, austeridad o perfección, podrían ser algunas de las consignas de esta propuesta estrella.

Mientras nos encaminamos hacia Coney Island, en un barrio de italianos y judíos principalmente, llegamos a la pizzería contrincante: L&B Spumoni Gardens. Ahí nos instalan sobre la mesa de plástico de la terraza unas “slices” de pizza que debieran estrenar su propio nombre porque parecen pasteles. La pizza siciliana es voluminosa y esponjosa, la mozzarella va debajo de la salsa de tomate, una salsa de un sabor inigualable compenetrada de la fruta, especies y cocción, que permea y humedece la masa y que parece un bizcocho. La experiencia es estupenda y las preferencias ancestrales por las pizzas de masa delgada y crujientes comienzan a debilitarse.

Brooklyn queda atrás y cada sabor toma el lugar que le corresponde y ambas pizzas comparten el primer lugar. En la pantalla del minibús, John Travolta se pasea como Tony Manero con un pedazo de pizza fiado en la mano. Inolvidable.