Por: Natalia Saavedra Eran miles. En Meiggs, en negocios de insumos de cocina, hasta en la calle y en ferias. Aunque no tenían nada raro a simple vista, los cuchillos de la marca Tramontina estaban regados por todo Santiago. Su bajo valor de venta despertó las alertas de trabajadores de la compañía, que se preguntaron […]

  • 4 agosto, 2016

Por: Natalia Saavedra

piratas

Eran miles. En Meiggs, en negocios de insumos de cocina, hasta en la calle y en ferias. Aunque no tenían nada raro a simple vista, los cuchillos de la marca Tramontina estaban regados por todo Santiago. Su bajo valor de venta despertó las alertas de trabajadores de la compañía, que se preguntaron por qué sus productos andaban dando vueltas por lugares donde ellos no distribuían. Se trataba de una enorme falsificación internada al país, parte de una red de comercio ilegal de consumo pirata en Chile, que ya escala fácilmente sobre los mil millones de dólares en ventas al año. Sin pagar impuestos, ni derechos ni garantías.

En el aeropuerto, un pasajero con ocho carteras y tres relojes despierta las alertas; en Iquique, un container que contiene miles de zapatillas internado por un comerciante asiático activa el protocolo; y en Santiago un juicio donde se pelea la indemnización a una marca de lujo que podría llegar al país concentra la atención de los abogados. Son todos escenarios donde se están iniciando acciones para detener la falsificación de marcas que en Chile, lejos de detenerse, se está masificando.

Comando experto

En la oficina de la Bridepi en Macul hay una pequeña sala donde se atesoran productos de toda índole: licores, carteras, juguetes, libros, perfumes y hasta joyas. Una pequeña muestra, comenta el comisario Ricardo Mathias, de las miles de especies que incauta todo el año esa división de la PDI. Pese a que algunos productos parecen calcados a los que podrían encontrarse en un mall, ninguno de ellos es original. Imitaciones de grandes marcas, algunas más o menos burdas, que se mueven en una gama amplísima: desde el caso de una moto, pasando por remedios, vinos, juguetes, joyas y productos que nadie podría imaginar que se falsifican, como rodamientos para camiones.
La Bridepi se ha especializado en distinguir esos productos y operar un protocolo utilizado que ya ha sido destacado en varias conferencias internacionales.

Cristián Lobos, subprefecto de la PDI, viene llegando de Miami donde fue a exponer en el Latin America Regional Brand Proteccion Summit, realizado por la IACC, gremio que reúne a empresas de todo el mundo organizadas contra la piratería. “Chile marca mucha pauta en la preparación que tienen las policías, la coordinación entre aduanas, las marcas y sus abogados”, dice. Pero también, agrega, “las empresas están súper atentas a que por la facilidad de las fronteras se vuelva un mercado atractivo para el paso de mercadería de Asia a países como Brasil o Bolivia, donde es más complejo el delito de las copias”.

Diego Morandé, abogado del estudio Alessandri, comenta que para Chile el problema lo representan mercancías en tránsito hacia otros países sobre las cuales pesa la sospecha de que son falsas, pero que, como tienen un destino final diferente, no siempre pueden ser aforadas por Aduana. “Países como Uruguay han desarrollado un modelo en que le ponen un GPS a embarques en tránsito y registran todas su paradas en la ruta. Ante cualquier movimiento sospechoso que suponga, por ejemplo, que están descargando mercadería, pueden iniciar acciones”, explica Morandé.

El abogado agrega que si bien éste es un nicho que atacar, Chile lleva bastante delantera en materia del reconocimiento de especies robadas. Las marcas realizan capacitaciones constantes para que las autoridades sepan cómo distinguir productos falsos. “Se trata de enseñarles desde la dirección a la que mira el cocodrilo, hasta distinguir una afeitadora, la gama de productos es mucho más amplia de lo que uno cree a simple vista”, explica.

Ni uno ni mil

Las marcas internacionales tienen activada en Chile una red de protección que implica levantar alertas de todo tipo en el mercado. Investigadores en terreno, denuncias de sus propios trabajadores, controles en puertos y aeropuertos y seguimiento de cargamentos son parte de sus prácticas. Son todas formas válidas de persecución. “Dependiendo del cliente nos entregan un mandato que nos ordena presentar acciones. Como representantes de diversas marcas, las policías nos avisan y nosotros acudimos para presentar luego esas denuncias en la fiscalía e iniciar acciones”, explica Álvaro Agurto, abogado de Carey, estudio chileno socio de la IACC.

Francisco Carey, socio del mismo estudio, agrega que lo complejo en Chile es que cada procedimiento implica que debe presentarse una denuncia de la propia marca a la fiscalía para iniciar acciones. Por oficio, las policías no pueden iniciar acciones legales, lo que es complejo, por ejemplo, si la marca no tiene representación local. “Hay que acudir al Ministerio Público. Es complejo, caro y se demora. En otros países existe la opción de que la denuncia no sea sólo desde el afectado, sino de interés público, y el sistema puede llegar a acuerdos con el infractor directamente”, detalla y agrega que las actuales modificaciones propuestas a la Ley de Propiedad Intelectual integran este cambio.

[box num=”1″]

Carey trabaja en materias de antipiratería y enforcement hace más de 10 años y cuenta con clientes de todos los rubros afectados por este delito. Y si bien en Chile el mercado de venta de copias no está tan masificado como en otros países de Latinoamérica, la apuesta es perseguir el delito por cinco o mil pares de zapatillas. “Hoy se abre un mundo de la gente que, por ejemplo, trae cosas falsificadas desde China, ya sea por desconocimiento o porque creen que las menores cantidades no implican delito. Pero no es así. Muchas marcas van a denunciar todos los procesos en la fiscalía”, asegura.

Junto a la IAAC, Carey y otros estudios locales participarán el 10 de agosto en Valparaíso de una capacitación masiva con Aduanas, donde empresas como Chanel, Lacoste, Adidas, Calvin Klein, Dolby y Estée Lauder, entre otras, enseñarán a las autoridades cómo distinguir productos falsos.

Las nuevas formas del delito

Chile no se caracteriza por ser un país donde los delitos de piratería sean demasiado elaborados. En general, se trata de importaciones de Asia traídas para imitar marcas reconocidas. Pero ha habido un par de excepciones a la regla.

El abogado Rodrigo Velasco, de Alessandri, recuerda un juicio que marcó un precedente en materia de infracción de marca y que hoy tiene una nueva batalla legal. Se trata de la pelea que Michael Kors dio en tribunales contra el matrimonio Abumohor Asfura, que instaló un local con productos falsos de la marca y terminó siendo condenado en un juicio oral a pagar casi 40 millones de pesos. Ahora, además, se debate en un juicio civil una medida inédita. “Se trata de rebatir si el margen que se generó mientras cometieron este ilícito hizo perder plata a Michael Kors. Se está reclamando una indemnización monetaria respecto a las utilidades que se generaron. Además, es una disputa inédita que va a marcar un precedente”, explica Velasco. Lo que sucedió en este caso, agrega, es que es muy raro que las marcas y los infractores lleguen a un juicio oral. Siempre se logra acuerdo para procesos abreviados, pero en el caso de MK, los infractores prefirieron enfrentarse a la empresa. “Está extendida la creencia que hay marcas que, por ejemplo, no están en Chile y prefieren pagar a personas que, con interés, inscriben sus derechos, pero este caso demuestra que no van a dejar pasar estos aprovechamientos”, dice Velasco.

Otros nuevos delitos, explica la PDI, se han dado porque en Chile ya hay una incipiente industria de fabricación de indumentaria falsa. Según explica el comisario Mathias, muchas veces se importan, por ejemplo, prendas de algodón peruano de buena calidad y acá se les estampan logos de conocidas marcas, lo que también es constitutivo de delito. “La persona puede decir que no sabía que cometía un delito, pero tanto las máquinas como la mercadería son incautadas”, agrega.

A la par, se están encontrando nuevas formas de falsificación. Remedios y licores son una de ellas. En el caso de fármacos como multivitamínicos, éstos son fabricados en Perú y Bolivia en formatos que no existen y obviamente con contenidos que no corresponden a la fórmula original. “Hace poco encontramos un decomiso de Stevia falsa que, al estudiar el contenido, era sacarina pura, lo que evidentemente afecta la salud del consumidor”, explica Mathias.

Una tendencia que también gana adeptos es la de falsificar vinos y licores. Lo que se hace es rellenar botellas originales de conocidas marcas y sellarlas de nuevo de manera artesanal con otro contenido, lo que puede ser difícil de distinguir a simple vista. Es un delito que ha alcanzado amplios ribetes en mercados como España, donde han dado una batalla a los asiáticos que son quienes introducen estos productos. La revista Wine Spectator ha calculado que la industria del vino adulterado mueve más de tres mil millones de dólares en el mundo cada año. Los chinos son los que comandan la importación a Europa y aunque en Chile las falsificaciones son aún marginales y locales, las autoridades ya están poniendo ojo a este delito. •••